El mismo director de Adventureland, hace casi dos años me sorprendió con Supercool. Esa película que parecía a priori una nueva American Pie, retrataba de manera maravillosa una etapa en la vida de unos amigos que terminaban la secundaria. Si bien obviamente se desarrollaba en los Estados Unidos, algunos hechos eran universales.
Con Adventurel ... Leer más El mismo director de Adventureland, hace casi dos años me sorprendió con Supercool. Esa película que parecía a priori una nueva American Pie, retrataba de manera maravillosa una etapa en la vida de unos amigos que terminaban la secundaria. Si bien obviamente se desarrollaba en los Estados Unidos, algunos hechos eran universales.
Con Adventureland avanza unos meses o un año a lo sumo en la edad de sus personajes, pero aprovecha y se va casi 20 años atrás… seguramente para mostrar cosas de su propia vida, con el entorno de ese entonces.
A diferencia de aquella, esta tiene un poco menos de humor, y el que aparece en cuenta gotas no nos hubiera generado risa si lo hubiéramos vivido en ese momento, pero si el recuerdo unos cuantos años después… y si todavía no lo superamos, nos pondría colorados de vergüenza.
Eso es lo bueno de Adventureland… es un retrato maravilloso. Y quienes ya hemos pasado por esa edad, en algo nos podremos ver identificados o a lo sumo alguno de los personajes nos recordará a algún amigo o compañero de los “primeros trabajos”.
Creo yo que si alguno no reconoce alguna situación como parecida a algo sucedido a nosotros mismos, simplemente es porque esa persona no ha “vivido” realmente y ha tenido las cosas muy fáciles…
Desde el amigo a quien uno quisiera matar por los papelones que nos genera, pasando por la histérica, hasta el jefe loco y apasionado, y a cualquier laburo que luego nos damos cuenta que fue patético…
Todo puede parecer exagerado para algunos, pero realmente es el toque de comedia sobre personajes verdaderos y fácilmente relacionables.
Esta película muestra pequeños hechos que cada uno puede recordar vagamente por décadas, como las que nuestros padres nos podrían contar de la colimba por ejemplo… son hechos que marcan la historia de cada persona.
Las actuaciones son maravillosas, fundamentalmente de la dupla protagonista. Jesse Eisenberg el muchacho que se mete a trabajar en el parque de diversiones, tiene muy buenos momentos, y su personaje con tantas dudas y metidas de pata tiene una credibilidad muy sólida.
En cuanto a Kristen Stewart, que ya había sido destacado su trabajo en Entre mujeres en el 2007, y que muchos ahora conocen por su protagonismo en Crepúsculo, sigue siendo maravillosa..Por ahora sus personajes son muy sensuales y lo explota muy bien. Hay que ver cuando se meta en otros géneros o roles, ya que ahí veremos a la gran actriz que está demostrando ser. Porque si sigue en esta línea, tenemos a la futura Julia Roberts sin lugar a dudas.
Adventureland lejos está de ser High School Musical, pero tampoco cae en una historia de nerds. Está justo en el medio, y por eso es tan querible. Quienes vayan a ver American Pie saldrán claramente defraudados. Está en la línea de una Cuenta conmigo o Tiempo de volver (Garden state). Realmente una buena película.
Sir Chandler
Además de tropezones, súbitos pelos y barritos, la adolescencia está hecha de empleos que, de poder elegir, nadie hubiera aceptado jamás. Especies de colimbas civiles, derechos de piso que cobran cara la fragilidad de la edad, el único alivio de esas prisiones del hastío consiste en que todo el mundo sabe que se trata de algo temporario. Trab ... Leer más Además de tropezones, súbitos pelos y barritos, la adolescencia está hecha de empleos que, de poder elegir, nadie hubiera aceptado jamás. Especies de colimbas civiles, derechos de piso que cobran cara la fragilidad de la edad, el único alivio de esas prisiones del hastío consiste en que todo el mundo sabe que se trata de algo temporario. Trabajos de verano, las más de las veces como el que James Brennan se ve obligado a aceptar, en el verano de 1987, recién terminado el secundario, en lugar del viaje a Francia que pensaba hacer junto con un amigo. Adventureland se llama el lugar, que carece, como podía presumirse, de toda relación con la aventura. Plantado en un paraje fuera del mundo ubicado en Pennsylvania, Adventureland parecería demostrar que sí existe algo tan tristón y desolado como un parque de diversiones vacío, y es un parque de diversiones lleno. Lleno de familias, de chicos, de gritos, de agitación y corridas. Lleno también de gente a la que cuando uno va a un parque jamás prestará atención: los empleados que atienden los juegos, adolescentes haciendo lo que no quisieran hacer. Como James Brennan.
Tercera película de Greg Mottola (cuya ópera prima, The Daytrippers, se estrenó aquí como Deseos y sospechas), Adventureland debe su existencia a Supercool, por más que tenga poco que ver con ella. Mottola la tenía lista para filmarla antes, pero tuvo que esperar ese exitazo para que le dieran luz verde. Adventureland se parece a Supercool, siempre y cuando a Supercool se le elimine el personaje más testosterónico (el de esa reencarnación de John Belushi que es el gordito Jonah Hill) y se deje solo al otro protagonista, el chico de perfil bajísimo que encarnaba Michael Cera. De hecho, Jesse Eisenberg, protagonista de Adventureland, es “el otro Michael Cera” del cine estadounidense actual, como había demostrado, entre otras, en la magnífica Historias de familia. Comparada con la cual Adventureland es algo menos disfuncional, algo más amable. No por casualidad la banda de sonido de Adventureland, llena del mejor rock indie de fines de los ’80, quedó a cargo de los miembros de Yo La Tengo, de cuyos suaves susurros parecería el perfecto equivalente cinematográfico.
Si los Brennan sufren de alguna disfuncionalidad, ésta se reduce a que, en plenas reaganomics, los ingresos del padre se achican tanto como para que el chico tenga que abandonar el sueño del viaje a París, quedando en suspenso la carrera de periodismo en Columbia. James debe juntar unos pesos y para eso no queda otra que trabajar. Como la licenciatura en literatura comparada no le sirve de mucho a la hora de conseguir empleo, no le queda otra que resignarse a Adventureland, donde basta que uno se presente para que lo tomen. No es que James dé el perfil, si es que estar al frente de los juegos requiere de alguno. Pero ninguno de sus compañeros de trabajo le pone al asunto mucha más garra que él. Entre ellos hay un freak de Gogol y las lenguas eslavas, un petiso hormonal cuya broma favorita consiste en apretarle los huevos al novato, un fumeta que siempre cuenta con un porrito salvador a mano y, sobre todo, Em Lewin (la excelente Kristen Stewart, justo antes de convertirse en heroína de Crepúsculo). Deusa ex macchina, Em es linda, piola, algo lánguida, parece interesada en él y también piensa estudiar en Columbia.
Como la reciente Nick & Norah: Una noche de música y amor (editada en DVD un par de meses atrás), Adventureland no se muestra tan interesada en la trama, hechos o peripecias como en capturar el devenir del tiempo intermedio que James atraviesa. Tiempo que la desolada ajenidad del parque de diversiones representa cabalmente. Si eso fuera todo, Adventureland podría haber sido prima de la película francesa El año siguiente, donde para la protagonista adolescente parecía no caber otro futuro que el no-lugar de las afueras, la red de autopistas, el shopping. Para James Brennan, en cambio, Adventureland entraña apenas una zona de pasaje, un puente que es necesario atravesar para llegar hasta donde se quiere. Y hasta quien se quiere. Puro vacío, Adventureland no es exactamente el infierno. Aunque de a ratos algunos chicos, sus papás y esa música horrible que sale por los parlantes puedan hacer pensar que se le parece.
Por Horacio Bernades
Greg Mottola sabe de qué habla. En los años 80, él mismo trabajó en un parque de diversiones de Long Island parecido a este destartalado y decadente Adventureland de Pittsburgh donde un grupo de muchachos y chicas a punto de dejar la adolescencia se ganan unos dólares atendiendo los juegos en el verano de 1987 mientras se las arreglan para hac ... Leer más Greg Mottola sabe de qué habla. En los años 80, él mismo trabajó en un parque de diversiones de Long Island parecido a este destartalado y decadente Adventureland de Pittsburgh donde un grupo de muchachos y chicas a punto de dejar la adolescencia se ganan unos dólares atendiendo los juegos en el verano de 1987 mientras se las arreglan para hacer lo menos conflictivo posible su proceso de crecimiento, con todas los titubeos, zozobras, sueños, inseguridades y confusiones propias de esa etapa de la vida.
Su film contiene todos los ingredientes de la picaresca juvenil, pero viene envuelto en una tenue nostalgia y exhibe una sensibilidad y una inteligencia para sortear los consabidos lugares comunes del género que lo convierten en una pieza rara, de bajo perfil, no tan urgida por generar la carcajada a cualquier precio como la mayoría de los ejemplares de su tipo y tan disfrutable y divertida como enternecedora.
Un lugar común tiene su raíz de verdad y lo que hace Mottola con los que el cine ha generado en torno de aventuras estudiantiles es desbrozarlos hasta llegar a su fondo de verdad original. Le basta con prestar más atención a los personajes que a la búsqueda permanente de las situaciones humorísticas, grotescas o levemente románticas de rigor; sobre la sólida construcción de los personajes, estudiantes o recién graduados que planean su futuro, se asienta esta grata "búsqueda del tiempo perdido" en clave ligera.
Despertares
El cuento empieza cuando el muchacho virgen del caso, aspirante a escritor de libros de viajes y listo para conocer mundo antes de ingresar en la universidad, ve frustrados sus planes por culpa de los estragos que Reagan hace en el economía familiar y debe procurarse un empleo. Así ingresa en el parque de diversiones donde conocerá dos modelos diferentes de sexualidad femenina (la amable Em, la despampanante y contenida Lisa P.) mientras confía sus sentimientos al experimentado Connell (el galán del parque) y comparte inquietudes con su par, Joel, loco por la literatura rusa y víctima de un desaire amoroso.
Otros personajes igualmente interesantes son objeto de la mirada lúcida y comprensiva de Mottola, que no ha descubierto aquí la pólvora pero vuelve a dar (como en Supercool ) prueba de su sensibilidad, su tino y su mano firme para conducir a un elenco en el que brilla Jesse Eisenberg y Kristen Stewart vuelve a mostrar las dotes interpretativas y el encanto que se le celebraron como la hechizada adolescente de Crepúsculo . La música de la época es un atractivo extra.
Fernando López
Verano, año 1987. James Brennan (Jesse Eisenberg) acaba de terminar el instituto y está a punto de acudir a la Universidad. Antes de que comience el curso planea un viaje por Europa.
Lamentablemente sus padres no pueden financiarle sus proyectos y James tiene que ponerse a trabajar en un parque de atracciones en donde conoce a Emily Lewin (Kri ... Leer más Verano, año 1987. James Brennan (Jesse Eisenberg) acaba de terminar el instituto y está a punto de acudir a la Universidad. Antes de que comience el curso planea un viaje por Europa.
Lamentablemente sus padres no pueden financiarle sus proyectos y James tiene que ponerse a trabajar en un parque de atracciones en donde conoce a Emily Lewin (Kristen Stewart).
El director de “Supersalidos”, Greg Mottola, nos lleva al parque de atracciones y a la década de los 80 en esta película romántica con elementos humorísticos y dramáticos que liga a Kristen Stewart (“Crepúsculo”) con Jesse Eisenberg (“Zombieland”).
Las singularidades citadas en sus escenarios, físico (parque de atracciones) y temporal (años 80) son las claves del film, ya que las interacciones entre personajes derivan de su situación como trabajadores del parque y los gags también son creados tomando como referencia algunas de sus, y los años 80 son tratados de forma nostálgica por Mottola incidiendo en Lou Reed, Falco o David Bowie con constantes referencias en canciones, camisetas o pósters.
Al margen de esos dos factores la película no sabe qué camino tomar. Tiene como centro un aburrido melodrama amoroso entre Stewart y a Eisenberg que, para intentar aportar trascendencia emocional, se aborda (muy típico en estas producciones de apariencia independiente) con el manido tono agridulce-existencial y se recarga con un buen número de cancioncillas de adorno.
La película es fallida ya que la trama es dispersa, las actuaciones son por lo general flojas (Kristen Stewart con permanente cara de pena y un secundario golpeahuevos pelma, pelma) y se fuerza la singularidad del típico grupo diverso, acumulando caracteres más cargantes que simpáticos junto a personajes frustrados con problemas familiares y sentimentales, temas graves tratados de forma muy superflua que van y vienen sin demasiado enfoque.
Muy Buena
linda pelicula. como dice kurt, la historia no es de lo mejor, pero la musica es buenisima, al igual que el escenario de la pelicula, me encanto, y es bastante entretenida
recomendable