Durante la sucesión papal, cuatro cardenales son secuestrados y la iglesia católica, amenazada por un antiguo enemigo: los Illuminati. Ante esta situación, Robert Langdon es llamado para ayudar a resolver el misterio que puede llevar a la destrucción del vaticano.
He de decir que cuando El Codigo Da Vinci golpeó las librerías levantando un ... Leer más Durante la sucesión papal, cuatro cardenales son secuestrados y la iglesia católica, amenazada por un antiguo enemigo: los Illuminati. Ante esta situación, Robert Langdon es llamado para ayudar a resolver el misterio que puede llevar a la destrucción del vaticano.
He de decir que cuando El Codigo Da Vinci golpeó las librerías levantando un montón de polvo en torno a la figura e historia de Cristo, no pude resistir la tentación de leerlo.
Como novela policiaca triunfa indudablemente, con todo y sus mil y un exageraciones; no obstante, como documento que pudiera cuestionar la fe católica, como muchos dijeron… es realmente una mala broma. Es decir, la obra es simplemente una historia de ficción que manipula información histórica para generar una novela. En este contexto, el alboroto sólo demuestra que hay un montón de ignorancia allá afuera.
Con este marco asistí algo o muy escéptico al estreno de Ángeles y Demonios. Y sin embargo debo decir que salí complacido pues me topé con una buena historia policiaca, donde el tema religioso lejos de servir de polémica a la turba enardecida, es simplemente el pretexto perfecto para generar un dinámico thriller que no le pide nada a una aventura del 007.
Y cuando menciono al 007 quiero decir que esta nueva cinta, emergida de las letras de Dan Brown, contiene todos los elementos para entretener al público durante dos horas; baste decir que se centra en una amenaza de bomba que volará el Vaticano y parte de Roma si el profesor Langdon no resuelve un acertijo lleno de simbolismos, ambigramas, asesinos, persecuciones, tiroteos, intrigas y… ah sí… algo de religión.
Los hechos suceden a la muerte de un Papa progresista. Justo en esos días de luto, en que el trono de la iglesia está vacante, los cuatro cardenales preferidos para ser el sucesor de San Pedro son secuestrados, presumiblemente por los Illuminati, un grupo que históricamente se opuso al oscurantismo clerical y luchó por difundir la ciencia y su conocimiento… hasta que la lucha entre ambos bandos se volvió más y más violenta, terminando con la desaparición de sus integrantes. La posibilidad de que los Illuminati están de regreso, hace que la policia del Vaticano lleve a Robert Langdon a la sede pontificia, donde se ha recibido el aviso de que cada hora, uno de los cuatro cardenales secuestrados será ejecutado públicamente, hasta que, finalmente, también la misma iglesia católica caiga debido a una bomba de anti-materia escondida en algún lugar del vaticano.
Plagada de exageraciones, de eventos que se resuelven casi milagrosamente, de intentos de homicidio de los que Langdon siempre logra salvar el pellejo, de enigmas que el investigador sbae resolver de manera ágil y superlativa, la cinta increíblemente logra lo que todo thriller policiaco de buen ritmo suele lograr: entretiene.
Claro que hay que decir que este logro es posible gracias en mucho, a un cast envidiable: Tom Hanks en el rol de Langdon, Ewan McGregor como el joven Camerlengo, figura donde descansa el poder papal durante el momento de la sucesión; Stellan Skarsgard como el Comandante de la Guardia Suiza y la guapa Vittoria Ayelet Zurer, quien interpreta el papel de una científica venida del laboratorio suizo de donde la anti-materia fue robada y juega obviamente, el rol de la contraparte femenina de Langdon.
En fin, que se trata de una buena cinta para cualquier fin de semana, amena, emocionante, bien actuada… aunque claro, novela de ficción y aventuras cien por ciento; de modo que si ustedes están en esa sintonía, Ángeles y Demonios, indudablemente es la opción.
Con el Código Da Vinci se había generado mucha expectativa. Al ser un libro muy leído, le habían puesto muchas fichas a la promoción de la película.
Además la iglesia había salido con las sotanas y hostias de punta y la había inflado mucho más.
Cuando yo leí dicha novela estaba de vacaciones, y en el momento que me faltaban 20 páginas ... Leer más Con el Código Da Vinci se había generado mucha expectativa. Al ser un libro muy leído, le habían puesto muchas fichas a la promoción de la película.
Además la iglesia había salido con las sotanas y hostias de punta y la había inflado mucho más.
Cuando yo leí dicha novela estaba de vacaciones, y en el momento que me faltaban 20 páginas, ya comiéndome las hojas, pasa un viejo por la playa y me dice “ah el Código Da Vinci! Está bueno, pero se pincha al final”…
Y esa caida anunciada del libro, que de cierta manera era real, (aunque quise correr al viejo)… en la película creo que fue mejor armada. El libro tenía mucho suspenso, y la película contaba bien esas cosas. Lejos estuvo de ser “la película” pero le jugó en contra tanto globo inflado.
Con Ángeles y demonios, parece que la iglesia aprendió la lección y no se metió a darle manija, aunque seguro algo dirán… Recuerdo que cuando murió Juan Pablo II, en muchos lados decían que para entender como funcionaba el concilio para elegir al nuevo Papa, había que leer este libro, porque nadie lo relataba con tanta precisión. ¿Cómo lo sabe Dan Brown? Menos averigua Dios…
No tuve tiempo de encerrarme a leerlo (no lo hago más en lugares públicos!) y es por eso que acá sabía muy poco por donde venía la historia.
Creo que lo que le jugó en contra a la otra, acá lo tiene a favor. Ya nadie espera “la película”, y si uno va a buscar una buena película de suspenso, va a salir satisfecho.
Lo que logró Dan Brown es notable, porque se agarra de cosas que uno puede llegar a ver, y/o recorrer. De ahí arma toda una historia conspirativa, que algunos pueden llegar a creer, otros a dudar un poco y muchos salen a desmentir. Pero da qué hablar.
Sé que hay recorridos en Roma para hacer toda la gira que hace el personaje de iglesia a iglesia.
Pero lo que más tiene a su favor con esta historia, son dos cosas recientes: la asunción de Benedicto XVI y el experimento de la “Maquina de Dios”. Justo el tiene en su novela esos dos hechos similares, que los redactó antes de los verdaderos, lo que le da fuerza a la historia.
Acá es notorio el uso de efectos especiales para meter a Tom Hanks en el Vaticano, porque es obvio que no está filmado ahí…
Y así con muchas escenas en distintas iglesias. Aunque en algunos casos, hay como “demasiado” y parece Star Wars…
Tom Hanks está muy bien en su papel, lo mismo que Ewan McGregor. El resto del elenco cumple.
La película tiene la duración justa, pero quizás sea un problema de la novela, centrar tantos hechos en 4 horas nada más. Porque en la película salta que es imposible recorrer toda la ciudad haciendo tantas cosas, sufriendo tanto, descubriendo, escapando, desmayándose, avivándose, etc, etc.
Quienes leyeron el libro, me han informado que tendrán alguna variante en la forma de su resolución, pero por lo que charlé, en síntesis es lo mismo. Igual estimo que es amigo de Shyamalán "Don" Brown de cierta manera.
Ángeles y demonios solo pretende ser un Best seller llevado a la pantalla, y por ese lado cumple y entretiene.
Obviamente no es un libro para recordar por las décadas, pero si es una buena lectura de fin de semana. La película va exactamente por ese lado, y está bien.
Tendría que poner para terminar "habemus película", pero seguro alguién ya lo usó. Acá es pochoclo y a la bolsa. Punto
Sir Chandler
La persecuta clase-B de ciertas voces eclesiásticas había llevado a alucinar, en El Código Da Vinci, toda una amenaza ideológica y política para la cristiandad. Que cunda la calma: unos días atrás el periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, absolvió a su secuela, Angeles y demonios, dándole finalmente el lugar que le corresponde, e ... Leer más La persecuta clase-B de ciertas voces eclesiásticas había llevado a alucinar, en El Código Da Vinci, toda una amenaza ideológica y política para la cristiandad. Que cunda la calma: unos días atrás el periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, absolvió a su secuela, Angeles y demonios, dándole finalmente el lugar que le corresponde, el de mero producto mainstream de Hollywood. Corporación a la que no le interesa vaciar iglesias, sino llenar salas. Obviamente que la bula romana se vio facilitada por la reversión que el contenido de Angeles y demonios practica, en relación con la anterior. En lugar de postular que Jesús habría estado casado con María Magdalena, una alta autoridad pontificial predica, en ésta, la coexistencia pacífica entre ciencia y religión (católica), materializada en la nunca bien ponderada Partícula de Dios. Ego te absolvo, Hollywood, puedes dedicarte a hacer carradas de dinero sin culpa. Claro que esa bula no será buen negocio para Angeles y demonios: la buena prensa vaticana vende mal, y los pobres productores de la saga deberán conformarse con recaudar por debajo de los 750 millones de dólares que embolsó su antecesora.
Advertidos seguramente del posible veneno para la taquilla que hubiera representado mantener las plomíferas disquisiciones teológicas, pedagogía historicista y polémicas intereclesiásticas que anegaban El Código Da Vinci, los productores de la saga (entre quienes se cuentan el propio Brown y el realizador de ambas películas, Ron Howard) decidieron reducir el componente “erudito” de la fórmula, haciendo de Angeles y demonios un entretenimiento más tradicional. Aunque anclado, una vez más y con todas las comillas del caso, en “la verdadera historia” de la Iglesia Católica. Comillas que también convendría colocar sobre la palabra “entretenimiento”, teniendo en cuenta que la entera arquitectura narrativa de esta secuela está sostenida por una mecánica de programa de juegos de televisión. Salve el Vaticano, podría llamarse el programa. En él hay que correr a través de toda Roma, yendo de la estatua de un ángel a otra, para encontrar el arcano que permita desactivar, en tiempo de descuento, la amenaza de extinción que pesa sobre la sede universal de la cristiandad y sobre varios de sus máximos representantes.
Siempre maniqueo, el enfrentamiento de fondo no es esta vez entre representantes del Opus y del Priorato de Sion, como en El Código..., sino entre autoridades curiales y sobrevivientes de la secta racionalista de los Illuminati, que desde el siglo XVIII tendrían a la Iglesia entre ceja y ceja. Un papa “progresista” (sic) acaba de pasar a mejor vida y un concilio debe elegir a su sucesor. Gente de acción, los Illuminati aprovechan para secuestrar a los cuatro preferitti (los cardenales que cuentan con más simpatías entre los electores) y amenazar con ejecutarlos de a uno por hora. A la quinta hora harán volar el Vaticano en pedazos. ¿Con una bomba, tal vez? ¡Qué va! Versión mega del Coyote, los Illuminati cuentan con un superproducto Acme: la antimateria. Sí: la prueba con el colisionador de hadrones (los guionistas succionaron, a medida que se publicaban, las primeras planas de hace unos meses) permitió a los científicos de la Organización Europea para la Investigación Nuclear dar con la soñada partícula esencial del Universo, encapsulada en un cilindro digno del Dr. Neurus. Cilindro que los rápidos Illuminati se apresuraron a robar, y al que destaparán a una hora precisa, elevando a la catedral de San Pedro (y sus ocupantes) a una definitiva reunión con Dios.
Que una liberación de antimateria pueda hacer estallar un radio de sólo un par de manzanas es apenas una de las astracanadas de Angeles y demonios, donde una científica (la israelí Ayelet Zurer, haciendo de italiana) puede ingresar como acompañante al inexpugnable archivo del Vaticano, seguramente por lo sexy que es. Y, una vez allí, arrancar una página de un incunable de Galileo, recurriendo al viejo truco de la tosecita. Ya habrá tiempo para que el simbologista Robert Langdon (Tom Hanks) huya de ese archivo partiendo un ventanal hermético, montado sobre una biblioteca. Algo más deberá esperarse para que un alto dignatario eclesiástico se suba a un helicóptero, lo maneje como si toda la vida lo hubiera hecho y haga explotar una bomba en su interior, dándose tiempo para lanzarse al vacío en paracaídas y caer, vivito y con la sotana en su lugar, sobre la plaza San Pedro.
Como en El Código Da Vinci, el problema no es el disparate, sino el halo de seriedad que quiere colgársele alrededor. Seriedad que se pretende alcanzar no sólo con la multitud de referencias históricas, sino sobre todo con el tono, solemne y recogido, de los conciliábulos vaticanos. En ellos tiene preponderancia el Camarlengo irlandés Patrick McKenna que, tras la muerte del Papa, ocupa interinamente su lugar (Ewan McGregor). Convendrá prestar atención también al cardenal Strauss, presidente del Concilio Vaticano (el alemán Armin Mueller-Stahl) y al jefe de la Guardia Suiza, comandante Richter (el sueco Stellan Skarsgärd). Completando el european all stars, a uno de los rostros más reconocibles del Dogma danés, Nikolaj Lie Kaas, le cabe el papel de asesino a sueldo. Que no es el verdadero villano, claro está. Como en el más vulgar de los whodunits, a éste habrá que descubrirlo entre el reparto de posibles sospechosos. Es, desde luego, el más insospechable de todos. Lo cual lo hace detectable en cuanto aparece, nomás.
Por Horacio Bernades
Quienes hayan salido decepcionados y aburridos de El Código Da Vinci podrán comprobar aquí que a veces un fiasco (artístico, no comercial), puede dejar su enseñanza. Con Angeles y demonios , otro intrincado caso que debe resolver en el Vaticano el experto en simbología Robert Langdon, el director Howard y sus adaptadores renuncian al estat ... Leer más Quienes hayan salido decepcionados y aburridos de El Código Da Vinci podrán comprobar aquí que a veces un fiasco (artístico, no comercial), puede dejar su enseñanza. Con Angeles y demonios , otro intrincado caso que debe resolver en el Vaticano el experto en simbología Robert Langdon, el director Howard y sus adaptadores renuncian al estatismo y la verborragia que aplastaban su anterior lectura de Dan Brown, restringen los discursos presuntamente polémicos y ponen el acento en la acción. La historia, que Brown concibió antes de su famoso best seller pero el film propone como secuela, vuelve a agitar las fantasías populares en torno de intrigas, secretos y complots que se cuecen en el interior de la Santa Sede, y lo hace para construir un thriller nervioso que generará menos alarma y controversia pero conformará a los que buscan entretenimiento.
Sobre todo a quienes no exijan de la historia verosimilitud ni lógica, sepan perdonar licencias, inexactitudes y hasta algún absurdo próximo al disparate, y se dejen llevar por una acción que progresa con brío y suma subtramas, giros, corridas y vueltas de tuerca como para que no haya tiempo de reparar en su mecánica narrativa. En otras palabras: aunque el film se presente con todas las ínfulas de una reflexión sobre el conflicto entre religión y ciencia, no conviene tomarlo muy en serio. Es un thriller cuyo atractivo reside en la tensión, en la espectacularidad de los escenarios romanos (muchos recreados), el uso de tecnología y el ritmo vivo que impone el montaje.
A la manera del cine detectivesco, la acción progresa a fuerza de enigmas que deben ser descifrados por Langdon para conjurar las amenazas. El momento es crucial: acaba de morir el Papa y es un joven sacerdote que él crió quien se hace cargo del gobierno temporal; cuatro cardenales -los favoritos para sucederlo- han sido secuestrados y serán ejecutados uno a uno con intervalos de una hora hasta que a la medianoche una bomba haga volar en pedazos la Santa Sede; mientras, se descubre que de un laboratorio de Ginebra ha desaparecido un tubo de antimateria, capaz tanto de revolucionar el panorama energético mundial como de hacer realidad la terrible amenaza.
Y aquí entramos en el seductor terreno de las conspiraciones, tan provechoso para Brown como para muchos otros autores (de ficción, historiadores o politólogos): detrás del ultimátum está una logia -los Illuminati- que ha superado las condenas de la Inquisición y sufrido tantos rechazos como para alimentar una venganza que ahora está dispuesta a concretar. Es la hora en que Langdon entra en escena para utilizar su sabiduría y sus dotes de Sherlkock Holmes e intentar desbaratar el complot con la ayuda de autoridades y agentes, además de la bella científica que conoce los secretos de la antimateria. Y ahí va el hombre, entre rostros sospechosos, siguiendo pistas que sólo él parece capaz de descifrar y que lo llevan a recorrer criptas, pasadizos, monumentos e iglesias de Roma. De paso, Tom Hanks muestra que también puede convencer como héroe de acción.
Fernando López
El criptólogo de Harvard, Robert Langdon (Tom Hanks), intentará atrapar a un asesino en vísperas de la elección de un nuevo Papa.
Todo parece indicar que el asesino pertenece a una organización secreta que parecía extinguida llamada los Illuminati.
El director y productor Ron Howard volvió a hacer equipo con el actor Tom Hanks para rod ... Leer más El criptólogo de Harvard, Robert Langdon (Tom Hanks), intentará atrapar a un asesino en vísperas de la elección de un nuevo Papa.
Todo parece indicar que el asesino pertenece a una organización secreta que parecía extinguida llamada los Illuminati.
El director y productor Ron Howard volvió a hacer equipo con el actor Tom Hanks para rodar una nueva aventura del simbologista Robert Langdon basándose en “Ángeles y Demonios”, novela escrita por Dan Brown antes de su éxito internacional con “El Código Da Vinci”.
El guión, que corre a cargo de David Koepp (director de “La Ventana Oscura”) y Akiva Goldsman (habitual colaborador de Howard), centra su intriga en una conspiración criminal en medio de un cónclave para elegir a un nuevo Papa, y en las presuntas dicotomías fe-razón/religión-ciencia, intentando aportar confluencias en la exposición de diferentes puntos de vista y esquivando (parcialmente) planteamientos estultos de buenos-malos que juzgan actitudes y pensamientos fuera de sus contextos históricos, y extreman y expanden de forma simplista sus encontronazos (pues no era Isaac Newton religioso ni nada…).
Al margen de tales aspectos polémicos-publicitarios (realmente en la película hay conciliación y no hay ninguna fricción polemista más allá de algún bla-blá de relleno), el film sigue los pasos urgentes de un agnóstico en defensa de la jerarquía más alta del catolicismo dentro de un planteamiento de vínculo histórico de siglos atrás pero cuya amenaza terrorista le emparenta con la paranoia post-11S.
No carece la historia de alguna que otra fase de intensidad y suspense con un texto trabajado, una narración con estilo con énfasis en el detalle y que aprovecha de forma suficiente los escenarios y la imaginería religiosa, además de contraposiciones de pensamiento que promete en su inicio cierto equilibrio en sus elementos y divergencia de caracteres.
Lamentablemente con el tiempo la trama se espesa, y el ritmo alterna la precipitación con una cansina pesadez y cierta pomposidad preciosista.
Además del absurdo en sus fabulaciones y ligazones históricas, esta película con personajes insulsos tiene un empacho de simbología sinsentido, dramatismo forzado, música ominosa y giros que de puro artificio terminan desapegando de su barullo conspiranoico.
Tom Hanks y Ron Howard vuelven a unir fuerzas para llevar otra novela de Dan Brown al cine, y lo único que puedo sacar en limpio es la reafirmación de que el dinero mueve montañas.
Angeles y Demonios funciona como una suerte de El Código Da Vinci 2, y Hanks nuevamente personifica al profesor Robert Langdon, experto en simbología, historia, ... Leer más Tom Hanks y Ron Howard vuelven a unir fuerzas para llevar otra novela de Dan Brown al cine, y lo único que puedo sacar en limpio es la reafirmación de que el dinero mueve montañas.
Angeles y Demonios funciona como una suerte de El Código Da Vinci 2, y Hanks nuevamente personifica al profesor Robert Langdon, experto en simbología, historia, teología y demás menesteres. Esta suerte de Indiana Jones moderno volverá a meterse con la Iglesia y las fuerzas de la ley para desentrañar un misterio ancestral.
En esta ocasión, Langon está muy tranquilo dando clases en Harvard cuando vienen a buscarlo por una situación complicada en el Vaticano: el Papa ha muerto y, en plenas reuniones cardenalicias para elegir a su sucesor, los cuatro preferitti (o sea, los favoritos a convertirse en el nuevo Sumo Pontífice) son secuestrados, y quienes los tienen cautivos dejan señales rememorando a la antigua sociedad secreta de los Illuminati. (Nota explicada en el film: los Illuminati eran astrónomos, físicos y otros científicos que, como sus ideas contrastaban con el dogma cristiano, fueron perseguidos duramente por la Iglesia a lo largo de los siglos, aunque mucho más cruentamente en el S. XVII)
Y por si esto fuera poco, se han robado además una muestra de la “antimateria”; producto de la famosa “Máquina de Dios”, que puede causar una megabomba nuclear que destruirá no sólo el Vaticano sino también parte de Roma.
Quién mejor que un docente como para resolver estas cuestiones en… ¡4 horas! (Langdon tiene desde las 20.00 hasta las 24.00 para resolver la cuestión, o todo volará en pedazos).
Como ya nos acostumbró el escritor Dan Brown, la trama incluye traiciones a niveles eclesiásticos, de la Guardia Suiza (responsables de la seguridad del Papa) e incluso cierta inoperancia policial.
Aclaro que no leí el libro y que fui a ver la película dejando afuera de la sala mis muchísimos prejuicios. Así y todo he aquí mi veredicto:
Durante los primeros tres cuartos del film, podría decirse que funciona a trazo gruezo: si uno es benévolo, se relaja y evita analizar los muchos errores de verosimilitud y credibilidad, puede jugar a disfrutarla y mantener cierto suspenso.
Ahora bien, el final es indefendible.
Lo ridículo del desenlace hace imaginar que el cachet de figuras como Tom Hanks, Ewan McGregor y el propio director Ron Howard bien podrían acabar con la gripe porcina.
El director y productor Ron Howard volvió a hacer equipo con el actor Tom Hanks para rodar una nueva aventura del simbologista Robert Langdon basándose en “Ángeles y Demonios”, novela escrita por Dan Brown antes de su éxito internacional con “El Código Da Vinci”.
El guión, que corre a cargo de David Koepp (director de “La Ventana ... Leer más El director y productor Ron Howard volvió a hacer equipo con el actor Tom Hanks para rodar una nueva aventura del simbologista Robert Langdon basándose en “Ángeles y Demonios”, novela escrita por Dan Brown antes de su éxito internacional con “El Código Da Vinci”.
El guión, que corre a cargo de David Koepp (director de “La Ventana Oscura”) y Akiva Goldsman (habitual colaborador de Howard), centra su intriga en una conspiración criminal en medio de un cónclave para elegir a un nuevo Papa, y en las presuntas dicotomías fe-razón/religión-ciencia, intentando aportar confluencias en la exposición de diferentes puntos de vista y esquivando (parcialmente) planteamientos estultos de buenos-malos que juzgan actitudes y pensamientos fuera de sus contextos históricos, y extreman y expanden de forma simplista sus encontronazos (pues no era Isaac Newton religioso ni nada…).
Al margen de tales aspectos polémicos-publicitarios (realmente en la película hay conciliación y no hay ninguna fricción polemista más allá de algún bla-blá de relleno), el film sigue los pasos urgentes de un agnóstico en defensa de la jerarquía más alta del catolicismo dentro de un planteamiento de vínculo histórico de siglos atrás pero cuya amenaza terrorista le emparenta con la paranoia post-11S.
No carece la historia de alguna que otra fase de intensidad y suspense con un texto trabajado, una narración con estilo con énfasis en el detalle y que aprovecha de forma suficiente los escenarios y la imaginería religiosa, además de contraposiciones de pensamiento que promete en su inicio cierto equilibrio en sus elementos y divergencia de caracteres.
Lamentablemente con el tiempo la trama se espesa, y el ritmo alterna la precipitación con una cansina pesadez y cierta pomposidad preciosista.
Además del absurdo en sus fabulaciones y ligazones históricas, esta película con personajes insulsos tiene un empacho de simbología sinsentido, dramatismo forzado, música ominosa y giros que de puro artificio terminan desapegando de su barullo conspiranoico.
Ángeles y Demonios
"Buena"
"El libro es anterior al "Codigo Da Vinci". El equipo de la pelicula es casi el mismo que hizo "El codigo...", sigue la misma estructura que la anterior y se sitúa como posterior a aquella."