Calificá esta película
Calificá esta película
Tu calificación es
Modificá tu calificación
 

Sinopsis

Año 2154. Jake Sully (Sam Worthington) es un ex-marine condenado a vivir en una silla de ruedas. A pesar de ello, sigue siendo un guerrero de corazón. Jake ha sido reclutado para viajar a Pandora, donde algunas empresas están extrayendo un mineral extraño que podría resolver la crisis energética de la Tierra. Como la atmósfera de Pandora es tóxica, se ha creado el programa Avatar, gracias al cual los humanos "conductores" mantienen sus conciencias unidas a un avatar, un cuerpo biológico controlado de forma remota que puede sobrevivir en el aire letal. Estos cuerpos han sido creados con ADN humano, mezclado con ADN de los nativos de Pandora, los Na'vi. Ya en su forma avatar, Jake puede caminar otra vez. Ha recibido la misión de infiltrarse entre los Na'vi, que se han convertido en el mayor obstáculo para la extracción del mineral. Pero una bella Na'vi, Neytiri (Zoe Saldana), salva la vida de Jake, y todo cambia. Jake es admitido en su clan, tras superar muchas pruebas. Mientras, los humanos siguen con su plan, confiando en que la información de Jake les sea útil.

Ficha técnica

Género Acción, Aventura, Fantasía
Título Original Avatar
Director John Refoua, Stephen Rivkin, James Cameron
Protagonistas Michelle Rodriguez, Sigourney Weaver, Sam Worthington, Giovanni Ribisi, Stephen Lang, Wes Studi., Lola Herrera, Joel David Moore, Zoe Saldana
Año de producción 2009
Duración 162 minutos.
MPAA rating PG-13 - Aviso para los padres. Este material puede ser inapropiado para niños menores de 13 años
Productor Jon Landau
Guionista James Cameron
Música James Horner
País Estados Unidos · Estados Unidos Reino Unido
Calificación de la comunidad
(Basada en 30632 personas)
Calificación de la prensa
(Basada en 15 críticos)
Ultima modificación la vieja (Hace 9 meses)
Experto de esta película
Dante.Alligieri Dante.Alligieri es el experto de esta película con 6 puntos

Regístrate, suma puntos y conviértete en el experto de esta película

Trailer

Críticas de la prensa

Crítica - Leonardo M. D'Espósito (Argentina)

Cuesta no ser hiperbólico a la hora de describir Avatar, porque el film lo es en el sentido más literal de la palabra. Fue creado por un domador de gigantes llamado James Cameron, un realizador a quien la crítica melindrosa coloca en el lugar de un Cecil B. De Mille vertiginoso (y eso con suerte, habida cuenta de que el cine del realizador de Lo ... Leer más Cuesta no ser hiperbólico a la hora de describir Avatar, porque el film lo es en el sentido más literal de la palabra. Fue creado por un domador de gigantes llamado James Cameron, un realizador a quien la crítica melindrosa coloca en el lugar de un Cecil B. De Mille vertiginoso (y eso con suerte, habida cuenta de que el cine del realizador de Los diez mandamientos no carece de algunas excelencias), cuando en realidad está en otro nivel, el de Coppola u Orson Welles. O, especialmente, el de Howard Hawks, otro domador de gigantes, un tipo capaz de terminar una película (El Dorado, otra que mienta un territorio mítico, ni más ni menos) con Robert Mitchum y John Wayne rengueando y que esos rascacielos no pierdan la dignidad.

Hawks, y Hitchcock, y Minelli, y Welles, y Coppola y hasta –sobre todo– el propio Griffith creían que el cine era (debía ser) más grande que la vida. Avatar lo grita con una pasión oceánica. Avatar no sólo es más grande que la vida: es un nuevo comienzo para el cine.

Es imposible agotar en un texto “de diario” todas las ideas que el film genera. Dado que el lector, a esta altura, quiere saber si tanta bambolla previa tiene sentido, aseguramos que sí: que incluso si no gusta de la fantasía, la ciencia ficción o la animación, Avatar va a depararle, en lo inmediato, una cantidad de diversión y entretenimiento por encima del costo de la entrada. Y aseguramos una segunda cosa: incluso si no gusta de ninguno de esos géneros cinematográficos, las imágenes van a quedarse en su memoria y crecerán hasta generarle cada vez más recuerdos e ideas. Como Titanic, aquel film que era chic despreciar por sus “lugares comunes típicamente hollywoodenses” (volveremos sobre esto), se irá transformando poco a poco en un mito, en aquella película que puede describirse como el origen de algo, el nacimiento –no “renacimiento”, porque Avatar presenta algo totalmente nuevo– para otro cine.

Avatares de la historia. Jake Sully (Sam Worthington) es un ex marine, lisiado. Su hermano gemelo fue asesinado en la calle de alguna ciudad para robarle la billetera. Es el año 2154, es decir, hoy. A Jake se le presenta una oportunidad: su hermano estaba destinado a viajar a Pandora, un satélite lejano parecido a la Tierra, habitado por una raza humanoide llamada Na’vi y que una “compañía” quiere conquistar en busca de un raro mineral de precios siderales. Hay una avanzada militar, pero también El Programa Avatar: seres humanos que se conectan mentalmente con cuerpos hechos a partir de su propio ADN y de ADN Na’vi, que les permite sobrevivir en la atmósfera de Pandora y comunicarse con los nativos, los “avatares”. Jake tiene el mismo ADN que su hermano; Jake se convierte en avatar de su hermano, ocupando su lugar como parte de ese programa.

Jake, que no puede caminar con sus propias piernas, comienza a hacerlo con las piernas Na’vi. Jake, además, fue marine e informa a la avanzada militar ahora a sueldo de la “compañía” (“estos tipos se enrolaban para luchar por algún ideal –piensa Jake–; ahora son mercenarios nomás”) de las costumbres de los nativos. Problema: Jake es educado e integrado a la cultura Na’vi por Neytiri, una mujer hija del líder de una tribu. Mientras los humanos viven conectados a toda clase de tecnologías y monstruos metálicos, los Na’vi viven en absoluto equilibrio con la naturaleza de su planeta, todo él, en realidad, una inmensa red pensante. Hay un conflicto final entre terrestres y Na’vi y Jake se transforma, ahora sí, en último avatar de sí mismo (es interesante ver las conexiones del término “avatar” con las religiones de la India y los ciclos de muerte-renacimiento) pasando definitivamente del lado de los nativos contra su raza de origen. La metáfora o “aplicabilidad” política (Irak, Vietnam, la conquista del Oeste, cualquier otra acción bélica estadounidense) es evidente y “sirve” de coartada para que Cameron muestre otras cosas mucho más importantes, mucho más pertinentes al arte.

Vivan los lugares comunes. Todas estas alternativas forman parte de la literatura y el arte más “bajo”, de las novelas pulp de ciencia ficción (Cameron cita como una de sus fuentes de inspiración el Edgar Rice Burroughs de Tarzán y, especialmente, John Carter from Mars, ambas obras perfectos nutrientes de Avatar), del western (sí, los Na’vi son los indios y los marines son la caballería, e incluso la batalla final es, vista por fin del lado ganador, la debacle de Custer), del film romántico –eso sí, con un personaje femenino ultrafuerte como Neytiri, belleza creada más por Zoe Saldana que por los efectos especiales–, de la fantasía cinematográfica, del dibujo animado “a la Disney”, del cuento de hadas. Y, por supuesto, de los mitos primigenios, ésos que dieron origen a todas las grandes narraciones, desde la Ilíada hasta el libro de Job.

Cameron hace algo importantísimo que los críticos de cadena de montaje no alcanzan a ver: sabe perfectamente que su material narrativo no es precisamente original, que en ese departamento nada lo es. Pero que lo que importa no es su novedad sino su verdad: cuando Jake y Neytiri aparecen ante nosotros como seres reales, lo que les pasa nos conmueve aunque les haya pasado a 100 millones de personajes antes que a ellos. Ellos son la novedad, Pandora es la novedad. La verdad absoluta de esos movimientos y esas emociones son la novedad. Desdeñar un film por sus lugares comunes (que no lo son: son arquetipos en este caso y Cameron los trata así, recuérdese que estamos viendo el origen de un nuevo planeta, literalmente) es como decir que el Evangelio está bueno pero no es más que una remake del mito de Osiris, o dejar de comer pizza porque uno ya sabe a qué sabe la muzzarella. Hollywood forjó un lenguaje también de estos elementos narrativos: cuando se usan por vagancia y se aplican como prótesis a un guión (ver El Código Da Vinci o Ángeles y demonios –films o novelas–, donde los “enigmas”, pura pereza, están a la altura de la última página de la vieja Anteojito), hieren al espectador de modo inmediato “expulsándolo” del mundo del film. Cuando quienes los viven nos transmiten la verdad de su existencia, son arquetipos. Son, ni más ni menos, avatares del mito.

Entrar en la pantalla. Para que todo esto se nos comunique de manera directa, Cameron puso en escena un esfuerzo tecnológico impresionante. El mismo esfuerzo tecnológico –a escala– que el Sistema Solar puso en escena para crear la Tierra: después de todo, Cameron crea un mundo completo y nos permite recorrerlo siguiendo a su héroe, comprenderlo, incluso amarlo. Para eso es necesaria la tecnología estereoscópica, porque ese mundo es tan nuevo que debe rodearnos, debe darnos toda la sensación posible de la realidad. Lo interesante es que para que eso parezca natural, para que hasta el más cómico de los inventos (unos raros bichos que tienen una hélice espiral en la nuca, por ejemplo) funcione, tiene que emplear toda clase de artificios. Artificios que no son sólo las maravillosas técnicas de integración de la animación digital y la actuación (a la altura, y en algunas secuencias por encima, de lo logrado por Peter Jackson en El Señor de los Anillos con Gollum) ni los escenarios virtuales que se comportan como reales (de hecho, si quiere comprar la entrada para no seguir la trama y sólo ver el mundo del film, la inversión quedará justificada, aunque ese mundo está hecho para contener esa trama, esa trama y esa historia, ciertos juicios, y todo va junto).

Es también la idea de que el artificio debe de ser tan evidente como para no verse (una lección aprendida de Disney, que por eso fue el mayor amigo y, al mismo tiempo, el peor enemigo del dibujo animado, artificio ostensible por naturaleza). Por eso es necesario ponerse los anteojos y rodearse de Pandora: porque el film nos transforma en avatares de sus héroes y sus villanos y nos permite pensar en lo que ellos piensan, sentir lo que ellos sienten. Que en Pandora o en Lomas de Zamora es lo mismo: en el fondo, qué es lo que nos permite vivir y seguir siendo humanos, qué nos trasciende y qué nos justifica. Para Cameron, siempre, esa dimensión espiritual se manifiesta a través de la imaginación y la acción física (como para Hawks, ni más ni menos). Y si el arte implica una distancia, sabiamente Avatar nos obliga a mantenerla: aunque parece que entramos, aunque su universo nos rodea y nos cautiva –literal y metafóricamente– aún no podemos modificar su drama. Es ése el privilegio del artista y la ilusión del cine.

Epílogo/Prólogo. De Avatar se pueden escribir (como de Titanic, Terminator o Aliens, las tres –hasta ahora– grandes obras maestras de James Cameron) muchas páginas. Se puede hablar de la relación entre naturaleza y tecnología en el film, de su compleja visión religiosa en doble perspectiva (parece panteísta, pero es otra cosa más sutil), de sus metáforas, de su poesía, de su aspecto lúdico, de sus conexiones con la historia del cine, de su mirada política, de sus actores, de su aliento épico, de las raíces populares de su puesta en escena, de sus secretos. No lo haremos aquí: Avatar sí es la revolución tan anunciada, sí es esa película que nos obliga a volver al cine y que nos lleva a pensar que todo vuelve a nacer, a reencarnarse. Avatar es el nuevo avatar del cine, otra vez recomenzado.

5.00
¡Increíble!

Cine Premiere - M. García (México)

En la historia del cine han existido momentos que definen el curso de ésta y los afortunados que tuvieron la oportunidad de vivirlos en pantalla grande, tienen el derecho de contar esa anécdota hasta el fin de sus días. Ir a ver Avatar es poder volverse parte de este grupo de personas que, en diez años, contarán cómo fue vivir el mundo de Pan ... Leer más En la historia del cine han existido momentos que definen el curso de ésta y los afortunados que tuvieron la oportunidad de vivirlos en pantalla grande, tienen el derecho de contar esa anécdota hasta el fin de sus días. Ir a ver Avatar es poder volverse parte de este grupo de personas que, en diez años, contarán cómo fue vivir el mundo de Pandora en 3D y hasta en formato IMAX.

Una película que tiene todo: ciencia ficción en todo el concepto del género, grandiosas actuaciones (Sigourney Weaver hace un papel perfecto), score épico de James Horner, efectos especiales que redefinen el CGI y sobre todo, la revelación de un universo completo –y totalmente original– frente a nuestros ojos, donde si parpadeas, seguro te perderás de algo bueno. Es también un filme que tiene elementos para todos los gustos, si quieren secuencias enormes de batalla, ahí están; si buscan una historia romántica –que de hecho es la columna vertebral de la historia– también existe y nos llega de la mano de quien contara la fatídica historia de Rose y Jack… así que está garantizada como un tórrido romance.

Posiblemente el guión nos recuerde a Danza con lobos y muchos creerán que por esa razón, no es original. Pero es crucial notar que estas ideas junto con el argumento cargado de la conocida dinámica “Hombre Vs. Naturaleza”, no es lo más importante aquí. Lo que importa es perderse en un mundo con criaturas extrañas, idiomas raros y sobre todo, un futuro del que tal vez, no podamos escapar y lo que logremos aprender para evitar llegar a ello, será una ganancia.

La cuestión más importante sobre esta cinta es que sí, sí es una revolución al séptimo arte, no por nada James Cameron tardó doce años en terminarla para que la pudiéramos disfrutar como debía ser. Ya podemos imaginarlo en la entrega de los premios de la Academia gritando: “Soy el rey del mundo”, pero en esta ocasión, en idioma Na’vi al recibir el galardón por efectos especiales y tal vez hasta por mejor cinta.

Recordemos entonces que Avatar no sólo es una maravillosa obra del cine, es la noción de visitar un mundo tan distinto y original, que habría que esperar al futuro (al menos 145 años) para verlo. Imperdible.

–Manolo García

5.00
¡Increíble!

Criticalia - Enrique Colmena (España)

El estreno de “Titanic” en 1997 constituyó, seguramente, el fenómeno cinematográfico de masas más extraordinario de toda la Historia del Cine: rodada con un entonces mastodóntico presupuesto de 200 millones de dólares, que hacía barruntar el hundimiento (como el barco que historiaba) de sus productoras, Fox y Paramount, finalmente recaud ... Leer más El estreno de “Titanic” en 1997 constituyó, seguramente, el fenómeno cinematográfico de masas más extraordinario de toda la Historia del Cine: rodada con un entonces mastodóntico presupuesto de 200 millones de dólares, que hacía barruntar el hundimiento (como el barco que historiaba) de sus productoras, Fox y Paramount, finalmente recaudó, sólo en salas de cine, más de 1.800 millones de dólares en todo el mundo, convirtiéndose de esta forma en el filme de mayor recaudación de todos los tiempos, privilegiada posición que sigue manteniendo en la actualidad; pero es que, además, “Titanic” fue un fenómeno sociológico que, curiosamente, incidió de forma muy distinta en aquellos que intervinieron en su producción: Leonardo diCaprio se convirtió en una fulgurante estrella, pero Kate Winslet casi se esfumó del mapa, hasta que hace unos años reapareció con muchos menos kilos y un par de buenos filmes; pero el caso más llamativo fue el del director, James Cameron, fautor de aquel tremendo éxito, quien no volvió a dirigir cine para gran pantalla desde entonces. Enfrascado en bagatelas (documentales, telefilmes, guiones, producciones), parecía el caso del hombre que lo ha conseguido todo y que sabe que, por más que quiera, nunca podrá igualar su anterior (y tan prodigiosa) marca.
Pero, como alguna vez había que volver, parece que Cameron se ha asegurado que tanto la expectación como el producto estén a la altura de las expectativas generadas en el público, que espera del autor de “Titanic” una película que no le defraude.
Y, habrá que decirlo pronto, “Avatar” no defrauda. No comparto la opinión de buena parte de los colegas de la crítica, aunque comprendo sus razones: es verdad que la historia es flojita, con un tema, el del infiltrado en otra sociedad que termina convirtiéndose en parte de la causa que supuestamente iba a combatir, que es viejo como el mundo, y los estereotipos del militar, del empresario, de la científica, son de un perfil insultantemente plano. También es verdad que son palpables las influencias, tributos o plagios (táchese lo que no proceda) en muchas de las secuencias del filme, procedentes de otras muchas historias cinematográficas.
Pero, ¡ay!, ¿qué importa todo eso si el conjunto funciona eficazmente? A estas alturas de la Historia del Cine, contar una historia mínimamente original es, cuando menos, muy complicado, y todos los directores, sean artesanos o artistas (véase el caso de Almodóvar, famoso por tomar sin recato elementos ajenos y reciclarlos a su muy peculiar manera), beben en las fuentes de otros autores. Cameron ha manejado muy diversos ingredientes y ha fabricado con ellos un producto global que se diferencia de la mera suma de sus componentes, donde no se aprecian las costuras de los retales, sino que se nos presenta una realidad (virtual…) nueva.
Así las cosas, ¿qué más da que la historia sea archisabida y, por supuesto, más que previsible? Lo que importa es el endiablado ritmo, la fascinante envoltura formal, la bellísima escenografía que sirve de escenario a esta historia protoecologista, la aventura en estado químicamente puro (aunque esté hecha con costurones, como el monstruo de Frankenstein), las inolvidables imágenes del protagonista volando a lomos de alados monstruos, el encuentro a muerte entre dos concepciones antitéticas de la vida, la hipnótica presencia de los seres Na’vi, estilizados gigantes que parecen morar en una suerte de Arcadia feliz, un paraíso perdido, la bucólica ciudad alegre y confiada, habitada por un nuevo Buen Salvaje rousseauniano.
“Avatar” no es, por supuesto, “Ciudadano Kane”, ni “El Padrino”, ni “El séptimo sello”. Tampoco lo pretende. Quiere ser, y lo consigue apabullantemente, un cuento para adultos, un cuento preñado de elementos que conocemos de sobra, pero combinados nuevamente, barajados de una forma distinta para fascinarnos con una composición cinematográfica irreprochable, con unos efectos visuales de una perfección como nunca hasta ahora se había visto, todo ello al servicio de un espectáculo total, un mágico crisol donde cabe todo, pero donde lo mejor es zambullirse sin prejuicios en busca de dos horas y tres cuartos de puro, elemental deleite de los sentidos.

4.00
Muy Buena

Cines Argentinos - H. Zapata (Argentina)

Avatar es una película un poco inflada que marca el regreso a la pantalla grande de James Cameron después de 12 años.
Se trata de una muy buena propuesta pochoclera que para mi no produce una bisagra en el cine como se venían anunciando en los medios norteamericanos en el último año, pero sumerge a la gente en una experiencia visual maravil ... Leer más Avatar es una película un poco inflada que marca el regreso a la pantalla grande de James Cameron después de 12 años.
Se trata de una muy buena propuesta pochoclera que para mi no produce una bisagra en el cine como se venían anunciando en los medios norteamericanos en el último año, pero sumerge a la gente en una experiencia visual maravillosa.
El director brinda una película sumamente entretenida que sobresale por toda la creatividad que Cameron despliega en ese universo que inventó en su imaginación y retrató en el cine.
Las naves, los aliens y su cultura y espiritualidad estuvieron muy bien elaborados y junto con las espectaculares secuencias de acción representan el mayor logro de este film.
Desde la realización es soberbia y no se le puede objetar nada.
De hecho, la película está mucho mejor de lo que mostraban los trailers, que dejaron la sensación que los estudios Fox o el propio director no tenían idea por donde vender el film.
Aclaro esto porque Avatar realmente está mucho mejor de lo que se esperaba.
El gran problema con este estreno para mi pasa por el guión.
Si la tengo que comparar con esa joya que disfrutamos haces unos meses llamada Sector 9, la verdad que es una pendejada.
Es decir, el universo en el que se desarrolla el cuento es excelente, pero el conflicto que presenta y la mayoría de los personajes son bastantes flojos.
Yo no tengo duda que el guión de GI.Joe no tiene absolutamente nada que envidiarle al de Avatar.
El coronel villano, por ejemplo, que cobra más presencia hacia el final tranquilamente podría haber formado parte de GI.Joe o Meteoro.
Los buenos son muy buenos y honorables y los villanos malísimos y crueles. Todo es blanco o negro, los grises no existen para Cameron, por eso hay personajes que parecen salidos de dibujos animados.
En consecuencia, como ya los vimos infinidades de veces en otras películas la trama se vuelve sumamente predecible.
En Sector 9 hasta las últimas escenas uno no sabía si el protagonista iba a llegar vivo al final de la historia, además que tenía todo un comentario social inteligentemente elaborado.
Por ese motivo, en este género, creo que es el mayor logro realizado en la última década.
Avatar es mucho menos compleja y se apoya principalmente en los efectos especiales, que es donde Cameron, claramente aplicó su atención.
El trabajo que hicieron con la animación computada es brillante y la experiencia de disfrutarla en un cine es muy grossa.
En este punto disiento con mi amigo Chandler.
Yo creo que Avatar es obligación verla en 3D ya que la opulencia visual y la dirección de Cameron es el fuerte de esta propuesta que vas a disfrutar a pleno en ese formato, ya que la historia es pobretona.
De hecho, creo que la película animada de la Mujer Maravilla para adultos que este año estrenó Warner en dvd tuvo un guión mucho más maduro y mejores diálogos.
El tema es que si los efectos no los sostenés con un buen conflicto, la película pierde fuerza, que para mi es lo que le ocurrió a Avatar.
La historía en lo personal me aburrió bastante, sobre todo porque me gustó más como la contó Kevin Costner en 1991.
Avatar básicamente es Danza con lobos en el espacio.
Inclusive el director Edward Zwick hizo algo parecido en El último samurai que tiene una escena similar a este estreno. Pero bueno, los guiones nunca fueron el fuerte de Cameron.
En su último trabajo hay diálogos entre los actores que parecen salidos del dibujito animado Ben 10.
De James “Fucking” Cameron, “King of the World” y “Padre de Terminator” jamás hubiera esperado un villano digno de 100 por ciento lucha como el pedorro Coronel Quaritch.
El film está más en sintonía con la última Viaje a las estrellas que también estuvo muy bien hecha y brindó un gran entretenimiento.
Creo que Cameron hizo filmes mucho mejores en el pasado.
De todas maneras está bueno tenerlo de vuelta en las salas con este gran espectáculo pocholero que brinda un excelente entretenimiento, que no es poco.

4.00
Muy Buena

La Nación - N. Trzenko (Argentina)

La promoción de Avatar insiste y promete que éste es el film que cambiará para siempre el modo en que vemos y disfrutamos del cine. Una enorme expectativa que la película, mal que le pese a su director, James Cameron, no cumple.

Avatar es muchas cosas, muchas buenas y hasta muy buenas también, pero ciertamente no revolucionará el cine. A ... Leer más La promoción de Avatar insiste y promete que éste es el film que cambiará para siempre el modo en que vemos y disfrutamos del cine. Una enorme expectativa que la película, mal que le pese a su director, James Cameron, no cumple.

Avatar es muchas cosas, muchas buenas y hasta muy buenas también, pero ciertamente no revolucionará el cine. Al menos no más de lo que lo hicieron en su momento El abismo , Terminator y hasta Titanic, por citar algunas de las mejores y más exitosas películas del director. Todos films que, como éste, pretenden impartir una lección sobre el uso irresponsable de la tecnología y las terribles consecuencias que podría enfrentar la humanidad -y la ecología- si se entusiasma con lo que es capaz de hacer y deja de pensar en si debería hacerlo. Y todo utilizando los más nuevos e impresionantes efectos especiales que las computadoras supieran conseguir. El de Cameron siempre fue y sigue siendo un cine de mensajes contradictorios y algo superficiales, y sin embargo extremadamente entretenido. Avatar no es la excepción, sino parte de esa regla, de ese estilo, que incluye, sobre todo, imágenes impresionantes, sorprendentes y, algunas veces, como es el caso, bellas en extremo.

El director -fiel a su fama de megalómano, también se ocupó del guión y la edición- creó Pandora, un planeta que en el año 2154 está al borde de ser colonizado por inescrupulosos humanos en busca de un mineral que transformará el lugar de paraíso espiritual a infierno industrial. Con vegetación, paisajes y unos nativos más que exuberantes ?montañas flotantes, pterodáctilos de colores y árboles luminiscentes?, este nuevo mundo es materia ideal para el uso del 3D.

Y, a diferencia del resto de las películas que utilizan la técnica sólo para impresionar al espectador como si se tratara del truco de un ilusionista, en Avatar funciona como un puente tendido para acercar lo que se ve en la pantalla a las butacas de la sala de cine. Lo que Cameron no logra con el guión algo previsible y unos diálogos que por momentos parecen dictados por Greenpeace lo consigue con sus imágenes, que incluyen a los Na?vi, habitantes originarios del mundo Pandora. Los gigantes azules de rasgos felinos, largas colas y cabello trenzado con unas prácticas terminaciones nerviosas en las puntas fueron diseñados con una tecnología similar al film de animación digital Los fantasmas de Scrooge. Claro que los personajes de Avatar están tan lejos ?y por encima? de los de la película de Disney protagonizada por Jim Carrey como la Londres victoriana del espacio exterior.
Amor azul

La historia que cuenta esta película de ciencia ficción comienza con la llegada de un grupo de mercenarios a la base humana en Pandora. Allí, una corporación prepara la definitiva conquista del suelo y de los habitantes del planeta, que aprendieron a desconfiar de los pequeños pero destructivos hombres. Así, para lograr que se rindan sin pelear, un grupo de científicos se acercarán a ellos transformados en versiones Na?vi de sí mismos creadas en un laboratorio.

Entre los exploradores estará Jake Scully (Sam Worthington), un ex militar parapléjico que reemplazará en la misión a su fallecido hermano gemelo, un científico listo para integrar el equipo de la doctora Grace Augustine, experta y admiradora del nuevo planeta. Interpretada por Sigourney Weaver, la heroína de la saga Alien (cuya segunda entrega dirigió Cameron), Augustine se suma a la lista de mujeres poderosas, sensatas y sabias que el director suele poner al frente de sus relatos y de sus protagonistas masculinos. Y no es la única en Avatar. Para dar lugar al romance que sus films siempre incluyen aparece Neytiri, una suerte de princesa Na?vi, que será la encargada de enseñarle a Jake los usos y costumbres de los suyos.

Con la voz y muchos de los rasgos de la actriz Zoe Saldana (Viaje a las estrellas), a este personaje le tocará transmitir las premisas new age que son el costado más flaco de la película, aunque lo hará desde el lugar de poder que antes ocuparon la Sarah Connor de Terminator, la teniente Ripley de Alien y el personaje central femenino de El abismo.
Entretenimiento puro

Si bien el director parece tener una habilidad especial para escribir mujeres creíbles y a veces más profundas que las tramas que protagonizan, no parece suceder lo mismo con sus contrapartes masculinas. El personaje de Scully, interpretado con solidez por Worthington, no logra mucho más que cumplir con el estereotipo del converso, mientras que al villano de la historia no le va mejor. El coronel Miles Quaritch (Stephen Lang) es un militar irracional, casi demente, cuyo único objetivo es destruir al enemigo con todas las armas a su disposición, sin aceptar más grises en su razonamiento que el de las bombas que está ansioso por lanzar.

Sin contar con un guión especialmente original ni sutil en sus intenciones, Avatar es, de todos modos, un espectáculo cinematográfico alucinante, un viaje a un mundo que al final de las entretenidas más de dos horas y media de metraje al espectador le costará dejar atrás.

Natalia Trzenko

4.00
Muy Buena

La Segunda - Andrés Nazarala R. (Chile)

El puñado de megaproducciones que han aterrizado en nuestra cartelera durante el último tiempo ha generado un caluroso debate en torno al rol del cine de entretención (en el blog de La Segunda, sin ir más lejos), dividiendo al público entre los que simplemente se entregan a la experiencia sin cuestionamientos y los que, por otro lado, buscan a ... Leer más El puñado de megaproducciones que han aterrizado en nuestra cartelera durante el último tiempo ha generado un caluroso debate en torno al rol del cine de entretención (en el blog de La Segunda, sin ir más lejos), dividiendo al público entre los que simplemente se entregan a la experiencia sin cuestionamientos y los que, por otro lado, buscan algo más. La postura sensata apunta a que el asunto no debiera ir en función de la “profundidad” de cada entrega sino que en la originalidad y las formas que se emplean para involucrar al espectador; empresa en la que Hitchcock sigue siendo el rey gracias a una asombrosa lista de filmes que siempre estuvieron destinados a ser productos de consumo masivo.

El preámbulo sirve para entender que, pese a los recursos tecnológicos y los estímulos sensoriales, no hay que olvidarse de una buena historia. El departamento de efectos especiales nunca debiera imponerse por sobre la oficina de guiones (pasó con “2012”, sin ir más lejos) ya que este vicio ha transformado al cine en “videojuegos en pantalla grande”, como opinó el director de fotografía Gordon Willis (“El padrino”, “Manhattan”) en una entrevista reciente.

Sin dejar de ser un videojuego en pantalla —uno de factura asombrosa, eso sí—, “AVATAR” ofrece una buena historia que se desarrolla con soltura sobre una premisa ingeniosa. Pudo haber sido el despliegue vacío de efectos y clichés de turno (lo que le generaría a Fox los mismos dividendos), pero James Cameron no permitió que esto ocurriera.

La similitud del relato con la historia reciente no es accidental: Los norteamericanos se instalan en la luna de Pandora con el fin de obtener un mineral llamado Unobtainium (capaz de mejorar la decadencia de la Tierra) y emplean la violencia para imponerse por sobre los lugareños, conocidos como los Na’vi. En una escena, el coronel Miles Quaritch llega incluso a afirmar públicamente que “combatiremos el terror con el terror”, frase que remite irónicamente a la política estadounidense en Iraq.

Los que no están conformes con el trato son los que ponen a prueba el Proyecto Avatar, un sistema hecho para introducirse en la comunidad sin sufrir las inclemencias atmosféricas de Pandora: el uso de cuerpos alienígenas diseñados genéticamente y manejados desde cámaras aislantes instaladas en la base.

Jake, un ex infante de marina inválido, se introducirá —mediante su avatar, claro está— en la sociedad del nuevo planeta, se encariñará con la raza autóctona y llegará a vivir un romance con una altísima “chica” azul que, como todos los Na’vi, tiene cola. El afecto que llega a sentir por esta gente lo llevará a rebelarse en contra de los suyos.

Con esta premisa, James Cameron logra cocinar una de las historias de amor más excéntricas del último tiempo y, de paso, como en todo clásico de ciencia-ficción (“El planeta de los simios”, “La guerra de los mundos”), denuncia la ambición, codicia e ignorancia de la especie humana.

Si su universo atrae es porque el director ha invertido ingenio y tiempo en la configuración de una flora y fauna propia, tal como George Lucas lo hizo en “Star wars”. Pájaros gigantes, plantas exóticas, mitología extraterrestre, ceremonias, costumbres e incluso inventos que, en plan “davinciano”, podrían inspirar a alguna compañía fabricante (los aviones parecen tener cierta lógica aerodinámica), componen la imaginería de un Cameron más psicotrópico que nunca.

Tanto exotismo singular dificulta el ingreso a la película en los primeros minutos, es verdad, pero la producción va agarrando vuelo y encuentra su punto álgido en una larga batalla final que tiene como enemigo implacable a Quaritch, siniestro por ser tan racional, humano y reconocible.

Si algo le juega en contra al realizador es la misma grandilocuencia que justifica sus logros; el concepto de “más es mejor” que arruina la integridad de muchos blockbusters. “Avatar” debió haber sido más corta, sin tanta escena innecesaria incluida para lucir el presupuesto (500 millones de dólares, un récord). Pero siempre será así con Cameron, un cineasta que, si bien nunca cambiará el curso del cine (como quisiera), es capaz de ofrecer filmes de entretención que dan un paso adelante. Y eso, entre tanta falta de ingenio, se agradece.

IDEAL PARA: Los que estaban esperando las 98 copias que llegaron a Chile (13 en 3D).

3.00
Buena

Reforma - R. Aviña (México)

Cuatro años de producción. Más de 300 millones de dólares y todas las expectativas puestas en el responsable de Titanic (1997), el filme más taquillero de la historia. Avatar (EU, 2009), escrita y dirigida por James Cameron, vale su largo proceso e inversión, no tanto por una historia que mezcla con inteligencia exitosas y atípicas tramas ci ... Leer más Cuatro años de producción. Más de 300 millones de dólares y todas las expectativas puestas en el responsable de Titanic (1997), el filme más taquillero de la historia. Avatar (EU, 2009), escrita y dirigida por James Cameron, vale su largo proceso e inversión, no tanto por una historia que mezcla con inteligencia exitosas y atípicas tramas cinematográficas, sino por la revolución tecnológica que plantea, con efectos digitales y tridimensionales muy superiores a todo lo que conocíamos hasta el momento. De hecho, Avatar puede ser vista ahora, como en su momento se vislumbró Odisea espacial 2001 (1968) de Kubrick o La guerra de las galaxias (1977) de Lucas, a través de un relato moral que propone una crítica a las intervenciones militares y la destrucción ambiental. 'Cuando un pueblo tiene algo que quieres, hazte su enemigo'. La frase, que encierra en sí la esencia de la historia, es pronunciada por Jake Sully (Worthington), un militar discapacitado. Sully ingresa al proyecto Avatar, consistente en mezclar su ADN con el de los Na'vi: humanoides de dos metros, piel azulada, larga cola y rasgos felinos, pertenecientes a una hábil y sabia tribu guerrera del peligroso planeta Pandora, rico en minerales que valen millones. El militar ha sido llevado ahí para infiltrarse entre los 'hostiles' y evacuarlos, o ayudar en su eliminación, ya que representan el principal obstáculo para el ejército en su tarea de explotación, a cargo del Coronel Quaritch (Lang). No obstante, Sully tiene algo que el coronel, sus soldados y ejecutivos de la guerra carecen: sensibilidad. Por ello, termina enamorándose de la bella y tenaz nativa Neytiri (Zoe Saldana digitalizada) y luchando a su lado ante la destrucción inminente. Es decir, Avatar ingresa en los territorios planteados tanto por Nuevo mundo (Terrence Malick, 2005), Pocahontas (Mike Gabriel y Erick Goldberg, 1994) y Danza con lobos (Kevin Costner, 1990), como por las alegorías bélicas y ecológicas de Apocalipsis (Francis Coppola, 1979) y La delgada línea roja (Malick, 1998), sin faltar los impresionantes ambientes prehistóricos de Viaje al centro de la tierra (1959) o Parque Jurásico (1993). A través de un fascinante uso del color y de la luz, Avatar muestra ese paraíso terrenal contaminado: la codicia material de los conquistadores y el contraste con la sabiduría de la naturaleza que se magnifica ante la degradación del hombre. Mundo jamás imaginado 'Hemos estado involucrados por 4 años y medio en este film, incluidos dos años de diseño para crear las criaturas y escenarios', declaró el director James Cameron en conferencia web previa a la premiere mundial de Avatar. 'Lo que realmente queríamos hacer con esta película era llevar a la audiencia a una gran aventura, a otro planeta, y hacerlo en 3D, llevarlos a un mundo que no hubieran imaginado'.

Por Rafael Aviña

3.00
Buena

Página 12 - L. Monteagudo (Argentina)

Doce años después del éxito de Titanic, James Cameron no podía volver a poner su firma en una película que no estuviera a la altura –o más bien al tamaño– de su fama. Y de su autoestima. Al fin y al cabo, él mismo, en aquella titánica ceremonia del Oscar en la que recogió estatuillas como si fueran las fichas de un jugador que había ... Leer más Doce años después del éxito de Titanic, James Cameron no podía volver a poner su firma en una película que no estuviera a la altura –o más bien al tamaño– de su fama. Y de su autoestima. Al fin y al cabo, él mismo, en aquella titánica ceremonia del Oscar en la que recogió estatuillas como si fueran las fichas de un jugador que había acertado un pleno en la ruleta, se había autodenominado “Rey del Mundo”. Fruto de esa megalomanía, llega ahora Avatar, una superproducción de 237 millones de dólares y promocionada por la 20th. Century Fox como la película capaz de revolucionar la experiencia cinematográfica en el siglo XXI. Parece mucho decir. En todo caso, se podría pensar que en Avatar la espectacularidad técnica (que aprovecha al máximo, como nunca hasta ahora, las posibilidades del 3D digital) es inversamente proporcional a su elementalidad dramática. Quizá nunca hubo tantos recursos económicos, tanto despliegue material, tanto talento, incluso, al servicio de tan poca sustancia.

Es algo paradójico, si se tiene en cuenta que James Cameron se formó en las entrañas del cine clase B junto a Roger Corman. Y que sorprendió al mundo con Terminator (1984), una película de escaso presupuesto, que con el tiempo adquirió estatus de clásico no por sus efectos especiales –hoy envejecidos– sino por la impresionante tensión de su puesta en escena y, sobre todo, por la imaginación y la originalidad de la que hacía gala su historia. No es el caso de Avatar, por cierto.

En el comienzo de los 163 minutos que dura Avatar es imposible sustraerse al magnetismo que ejerce la pantalla. Es tanta la información que extiende Cameron en su lienzo, tanto el movimiento dentro del cuadro y tan eficaz la tridimensionalidad (utilizada siempre en función dramática y no para arrojarle objetos por la cabeza al espectador) que hay que dedicarle un tiempo a habituarse a esa realidad virtual que propone la película. Al mismo tiempo, y a medida que se va desarrollando el relato, se impone paulatina pero persistentemente una sensación de déjà vu, de haber estado allí antes, de que muchas sino todas las ideas de guión provienen de otros films (los suyos incluso), que contaban un poco lo mismo pero mejor, como si Cameron –a la manera del doctor Frankenstein– hubiera creado un nuevo monstruo al que se le notan las costuras y los tornillos.

Estamos en el año 2154 y una nave espacial estadounidense se dirige al lejano planeta Pandora, pero la voz de la conciencia del soldado Jake Sully (Sam Worthington) recuerda inevitablemente a la del capitán Willard en Apocalypse Now cuando se sumergía en el corazón de las tinieblas de Vietnam. Si por sus pecados a Willard le habían asignado una misión, la de Sully (un joven marine que ha quedado parapléjico y se desplaza en silla de ruedas) es incorporarse al ejército de ocupación que intenta doblegar la resistencia de los Na’vi, el pueblo nativo de Pandora, para apropiarse de un valioso mineral que se esconde en sus suelos (cualquier semejanza con el petróleo de Irak es pertinente).

El hecho de que Sully alguna vez haya muerto y de pronto lo despierten de su sueño criogenético para lanzarlo en un planeta hostil como miembro de una tropa brutal al servicio de una compañía privada en busca de réditos económicos refiere a su vez a Aliens, del propio Cameron. Referencia que no hace sino reforzar la presencia en Pandora de Sigourney Weaver, ahora en el papel de una científica llamada Grace Augustine (no faltará quien encuentre en el nombre relaciones religiosas y filosóficas), pero que se comporta como la legendaria Ellen Ripley de la nave Nostromo.

Hasta allí, todo bien. Pero ya cuando Sully presta su conciencia para habitar un nuevo cuerpo, el de un “Avatar” (una encarnación virtual de un Na’vi con el que piensa infiltrarse en sus filas), los flashes de su mente parecen clones de los de los astronautas de 2001: Odisea del espacio, de Stanley Kubrick. Y la exótica flora flúo y la fauna retro de Pandora dan la impresión de haberse escapado no tanto del Libro de los seres imaginarios, de Borges, como de Las crónicas de Narnia en su versión Disney.

Hay más, sin embargo. No bien Sully se interna en territorio Na’vi y conoce, de entrada nomás, a su más bella princesa, no se puede dejar de pensar en la leyenda de Pocahontas. O en su reformulación cinematográfica, El nuevo mundo, de Terrence Malick. Ya se sabe que allí surgirá indefectiblemente un romance y que Sully –quien con su nuevo cuerpo parece haber adoptado también una nueva alma– deberá cambiar no sólo de costumbres sino también de lealtades, como le pasaba a Kevin Costner en Danza con lobos.

Así como los momentos puramente de acción –que tardan en llegar– lucen irreprochables, a la altura del vértigo y la intensidad que se podía esperar de un director como Cameron, todo lo demás en cambio parece más bien vulgar, pedestre, incluso cursi: desde los diálogos hasta las escenas de amor bajo la luz de unas luciérnagas generadas por computadora (un poco como el final de Abismo, que en su puerilidad derrumbaba toda la densidad dramática que había elaborado hasta ese momento).

En lo ideológico, no se puede sino adherir, por supuesto, al “mensaje” ecologista y antibélico que anida en el centro de la película. Pero justamente el problema está en la forma de enunciar ese mensaje, al que Hitchcock hubiera preferido dejar en manos del cartero. La corrección política de Avatar parece demasiado básica, elemental –algo así como la guerra de Irak explicada a los niños– como para despertar alguna conciencia. Pero si se considera el descomunal éxito que la película ya está teniendo en los Estados Unidos, sería una felicidad equivocarse.

Por Luciano Monteagudo

3.00
Buena

Canal TCM - Sergi Sánchez (México)

Siento no estar de acuerdo con las ditirámbicas críticas americanas que han empezado a poner por las nubes a Avatar. Tampoco puedo negar que James Cameron ha sabido resolver un problema que las superproducciones contemporáneas tenían pendiente resolver, esto es: la verosimilitud del cuerpo digital, conseguir que el espectador estableciera los m ... Leer más Siento no estar de acuerdo con las ditirámbicas críticas americanas que han empezado a poner por las nubes a Avatar. Tampoco puedo negar que James Cameron ha sabido resolver un problema que las superproducciones contemporáneas tenían pendiente resolver, esto es: la verosimilitud del cuerpo digital, conseguir que el espectador estableciera los mismos vínculos emocionales que con un cuerpo humano.

Cameron tenía el precedente del Gollum, es cierto. Pero en Avatar el problema es más complejo y está más presente en la pantalla. La idea central que sustenta la película -la del avatar, ser que resulta de la conexión con la mente de un humana y de la mezcla de su código genético con el de los alienígenas Na'vi- es una excelente metáfora del secreto de su éxito: haber sabido conservar los rasgos humanos en los rasgos extraterrestres, haber utilizado la tecnología para darle una segunda vida al cuerpo humano y proyectarlo hacia el paraíso.

Hablemos del paraíso, porque así ha concebido Cameron el planeta Pandora, como un Edén galáctico. Superada la primera impresión, en la que es inevitable pensar que Avatar abre camino para el futuro del cine, con su exuberancia formal y su experiencia inmersiva, el diseño de la película se hunde en lo hortera y lo cursi. Qué colores fosforescentes!!! Qué ángeles-medusa!!!

Cameron ha escrito Avatar con los libros sobre la tarea del héroe de Joseph Campbell en una mano y Un hombre llamado caballo en la otra. La evocación del western liberal de los setenta nos informa de que el otrora cineasta militarista quiere que le concedan el Premio Nobel de la Paz, apoyando la pureza de la vida nativa y el deseo de conservacíón del entorno natural. No deja de ser curioso que una película tan ecológica, tan políticamente correcta, sea la más tecnófila de la historia.

Personalmente prefiero a un Cameron que el éxito de Titanic ha borrado de la faz de la tierra. El Cameron de Aliens, Terminator, Mentiras arriesgadas y, sobre todo, de la extraordinaria Terminator 2, ha sido apagado por el rey del mundo con ansias de impresionar sin olvidar lo importante del mensaje. Y lo que le ha salido es, más allá de lo vistoso del resultado, bastante patillero.

2.00
Regular

La factoría - Rafael Caro (Chile)

Esta crítica no tiene spoilers, así es que pueden leer con confianza.
Muchos de nosotros hemos seguido las expectativas que se han ido generando a lo largo de los años sobre el proyecto que finalmente James Cameron estrenará durante esta semana. ‘Avatar‘ de a poco se fue tomando todas las noticias de medios especializados, quienes comenzar ... Leer más Esta crítica no tiene spoilers, así es que pueden leer con confianza.
Muchos de nosotros hemos seguido las expectativas que se han ido generando a lo largo de los años sobre el proyecto que finalmente James Cameron estrenará durante esta semana. ‘Avatar‘ de a poco se fue tomando todas las noticias de medios especializados, quienes comenzaron a seguir lo que en algún momento comenzó a llamarse una revolución para la técnica del 3D en el séptimo arte, y aún mas, una revolución para el cine en general. Un trabajo que le llevó al realizador canadiense mas de 10 de un largo proceso de gestación, desde el mas mínimo detalle en el mundo que crea a su alrededor, como también en perfeccionar una técnica para el cine que hasta hace un par de años ni se soñaba, y que hoy nos convoca a una experiencia total en el cine. Una película que hay que ver en 3D no solo para disfrutarla, sino que es la única real forma de pararse frente al proyecto de Cameron, y poder comprender todos los largos años que le tomó a una larga producción poder plasmar la idea tan completa frente a la pantalla. Quizás no sea aquella revolución que tan extrañamente nos poníamos en mente para un cambio total para el cine, pero es uno de los pasos hacía una nueva forma de enfrentar todas las sensaciones y sobre todo la forma de involucrarnos con una historia. El 3D fue hecho para ‘Avatar’, y de aquí en adelante.

Como lo dijimos en muchas oportunidades, la campaña de promoción que la Fox había puesto para lanzar de forma mundial ‘Avatar’ fue colosal. Como aquellas campañas que de a poco vamos entendiendo que son seguidas de películas que a final de cuentas no cumplen con las expectativas, y nos dejan con sabor amargo y un vacío sorprendente. Felizmente ‘Avatar’ cumple, y hace mucho mas que eso, pues junto a ser una película de mas de 2 horas media de escenas que demuestran el trabajo en cada fotograma de años de elaboración, nos logra contar una historia aunque simple, es conmovedora hasta su punto mas básico. Este es uno de aquellos estrenos que quieres seguir viendo, una y otra vez y seguir sorprendiendote y gritando de emoción en sus épicas escenas.

‘Avatar‘ y el mundo donde todo esto ocurre, Pandora, es un lugar tan irreal y sorprendente que parece no ser posible solo con palabras describirlo tan bien como lo pueden hacer las imágenes que el director ha hecho. He ahí las razones para que se tomara mas de 14 años en preparar el terreno en la industria del cine para entregar su proyecto mas ambicioso a sus seguidores. Aquellos que ya antes lo idolatraba por ‘Alien’, ‘Terminator’ o ‘Titanic’, y que ahora encontrarán en esta un nuevo nivel para sorprenderse y pensar que es lo que se podrá hacer en el futuro. Para comprobar esto nada mas hay que pensar en cuantas salas 3D existían hace un par de años atrás, y lo necesarias que son ahora para hacer exitosa a esta cinta que ha costado, solo en producción de la películas (sin pasar por la publicidad) poco mas de $400 millones de dólares. La revolución está ahí.

La historia nos lleva a Pandora, una luna a la que llega el ex-marine y ahora minusválido Jake Sully (Sam Worthington) tras la muerte de su hermano, reclutado para que continúe su labor científica trabajando para llegar a un mutuo acuerdo que ayudara tanto a los humanos como los aborígenes del planeta, los Na’vi. Las razones para que los humanos estén ahí es que en este futuro hemos destruido nuestro planeta tierra, y encontramos en Pandora un mineral tan poderoso que se decidió explotarlo por completo, asunto que tiene en constante enfrentamiento a los humanos contra los originarios del planeta. En un principio su papel ahí será mezclarse con los nativos, utilizando un híbrido humano/aborigen llamado Avatar al que maneja gracias a una conexión mental, aprendiendo de sus costumbres y modo de vida, para así aprovechar esta información y utilizarla para llevar a cabo la misión de seguir explotando el tan preciado mineral. Sin embargo pronto Jake se encontrará entre dos mundos tan distintos, con los humanos dándole la oportunidad de volver a servir, y los Na’vi quienes le mostrarán toda una nueva vida.

La experiencia de vivir ‘Avatar’ en 3D pasa por muchos aspectos que la hacen una cinta tan especial. En primer lugar, es necesario que lleguemos a identificar a Pandora como un mundo existente, real y tan poderoso como se intenta exponer. Para esto Cameron da rienda suelta a efectos digitales sorprendentes, que pasan mas allá de ser elementos de un mundo totalmente fantástico, hasta ser una brillante y a la vez desconocida realidad que al final de la proyección pareciera que hemos visitado. Pandora es enorme en todos los sentidos, su flora y fauna es un peligro latente para los humanos que viven en el lugar dentro de una pequeña colonia, y que solo se aventuran a lo salvaje por medio de los Avatars, o bien los poderosos trajes AMP, los que son una especie de exotraje robotico genialmente diseñado. En cada secuencia se puede descubrir lo exótico del lugar, ya sea viendo la amplia gama de animales e insectos que se crearon especialmente pensando para el 3D, así también como la vegetación que en cada minuto nos da un espectáculo de luces y brillos que ya se nos había adelantado algo en el ‘Avatar Day’, con esa escena entre el Avatar de Jake y Neytiri en la noche dentro del bosque.

Pero una cinta no pueden ser solo imágenes, y muy por el contrario de lo que yo esperaba, ‘Avatar’ tiene una historia bien solida de fondo. No les voy a adelantar mucho pues creo que es necesario verla por completo y disfrutar de la premisa muy interesante. Sólo diré que la importancia de lo autóctono en la cinta es fundamental, y ahí es donde mas se nota el largo trabajo en la creación de una historia que se ve fundada en un mundo que pareciera existiese de verdad. Pandora es rica en leyendas, mitología, y de forma especial como todo está interconectado sin perder ningún tipo de sentido. Dentro de ellos la atención principal se encuentra en los Na’vi, la raza originaria del planeta, que sorprende por su complejidad emocional. En ellos se nota un trabajo en reintentar muchas de las reacciones a las emociones humanas para hacerlas algo totalmente ajeno a nosotros, entregándonos momentos de sentimientos encontrados y encuentros para nosotros confusas.

Lo anterior es acompañado siempre por muy buenos personajes interpretados por una larga lista de estrellas Hollywoodenses. Es cierto que Sam Worthington en el papel principal de Jake Sully es mucho mas interesante cuando está inmerso en su Avatar compartiendo con el resto de los Na’vi mas que como el soldado minusválidos que es en la realidad. Esta falta de personaje humano importante se ve contrarrestada con la gran participación de Sigourney Weaver como la Dr. Grace Augustine, justa, contenida y necesaria se va haciendo durante la historia desde una perspectiva de acompañamiento. Así también Giovanni Ribisi como un inescrupuloso Parker Selfridge. Pero donde está el poder de los personajes humanos es en el Coronel Miles Quaritch, interpretado por Stephen Lang: Un tipo duro, decidido, fuerte y un espectacular estereotipo de soldado Norteamericano que de seguro se va a quedar marcada en la historia del cine por sus continuas frases para el bronce, como por ejemplo “we’ll fight terror with terror“. Tremendo.

‘Avatar’ es una de esas experiencias en el cine que no te pueden contar. Una de aquellas películas que tenemos que ver en el cine sin lugar a dudas para vivir una aventura tremenda, genial, sorprendente. Quizás sería mejor que en este review no les diéramos tantas expectativas para verla, y dejarlos que se hagan su propia opinión luego de volver de Pandora, al regreso de su primer vuelo en su Banshee, pero me es imposible no compartir el asombro. Lo mejor es sentarse en la butaca, ponerse los lentes 3D, y no esperar absolutamente nada para recibir las mejores sorpresas, y llevarse una tremenda sorpresa al ver uno de los finales mas épicos de este año, y quizás de la década.

Dejá tu comentario

Comentarios

elkoday comentó:

Avatar

3.000
"Buena"

"Tremendamente inflada y muy bien manejada en tema de publicidad, su nominacion a mejor pelicula en los oscars quedo como una anecdota. Me parecio mas una pelicula animada que una con actores reales, es mi opinion personal. La vi en dvd, una pelicula no me compra por solo los efectos especiales. Hay que saber diferenciar"

Hace 3 anos · 3 votos · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
Campos.Mauricio comentó:

Avatar

4.000
"Muy Buena"

"me gusto mucho , maneja efectos ke nos hacen sentir en la pelicula
"

Hace 2 anos · Un voto · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
Luis.David.Vega.Pineda comentó:

Avatar

"una de las mejores si hay una 2 tam,bien lograria la cima como la 1 y lo superaria
"

Hace 2 anos · Un voto · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder

Películas en cartelera

Guardianes de la Galaxia

de: James Gunn
con: Chris Pratt, Zoe Saldana

Relatos salvajes

de: Damián Szifrón
con: Ricardo Darín, Erica Riva

Tierra de María

de: Juan Manuel Cotelo
con: Carmen Losa, Juan Manuel Cotelo

Aviones 2: Equipo de Rescate

de: Roberts Gannaway
con: Dane Cook, Ed Harri

El Planeta de los Simios: Confrontación

de: Matt Reeves
con: Andy Serki, Jason Clarke

Ver más »

Tus amigos en Cinefis