El algo maduro y apuesto John es un exitoso abogado de Chicago al que parece que la existencia le sonríe cotidianamente. Ama y es amado por su esposa, pudo educar con felicidad a sus dos hijos y logró una trayectoria laboral sin altibajos. Pero muy dentro de él algo le dice que sus días son rutinarios frente a los viajes de todos los días y a ... Leer más El algo maduro y apuesto John es un exitoso abogado de Chicago al que parece que la existencia le sonríe cotidianamente. Ama y es amado por su esposa, pudo educar con felicidad a sus dos hijos y logró una trayectoria laboral sin altibajos. Pero muy dentro de él algo le dice que sus días son rutinarios frente a los viajes de todos los días y a su familia, siempre muy ocupada para compartir su tiempo. Una noche, de vuelta de su oficina y mientras viaja en tren, observa un cartel luminoso que allí indica el lugar en el que se levanta una academia de baile. Con muchas dudas y expectativas, John traspone la puerta y se anota para ser un alumno más en esas clases de danza.
El abogado se lanza así a un mundo nuevo y desconocido hasta entonces. En ese local encuentra movimiento, música, camaradería y pasión. Y encuentra, también, a Paulina, una bella y sensual profesora que, procurando reponerse de un desengaño amoroso, enseña los secretos de todos los ritmos musicales. John se convierte en otra persona. Ya logró un sueño y cada nota musical lo conduce a la fantasía más íntima y delicada, esa que hecha luz nueva sobre las cosas de todos los días y devuelve al corazón fatigado o adormecido el renovado deleite de la vida.
El guión de esta optimista y colorida historia está basado en el film del mismo título que en 1995 rodó el director japonés Masayuki Suo, conocido en 1999 en las pantallas porteñas. Las comparaciones, aunque odiosas, son, en este caso, válidas. Ante la precisión y acento poético que poseía la producción de Suo, en esta remake se vislumbran los artificios del cine norteamericano puestos al servicio de ese entramado cálido e intimista que siempre subyuga aquí más por lo visual que por lo profundo. Pero el realizador Peter Chelsom aceptó el desafío de llevar a la pantalla esta nueva versión y no equivocó demasiado el camino para narrar con pulcritud esta historia sencilla teñida de una moraleja tierna y sentimental.
Buenos trabajos
Así, la rutina de John -en una acertada creación de Richard Gere- se une a la soledad de Paulina, a la que Jennifer Lopez sabe sacar buen partido de su personaje, y ambos, al ritmo de tangos, temas tropicales o movedizos foxs, danzan en procura de dar un nuevo sentido a sus destinos. No menos afortunadas fueron las labores de Susan Sarandon, como una desconcertada esposa frente a los cambios de ánimo de su marido, y de Stanley Tucci, en un personaje caricaturesco al que el actor aporta indudable credibilidad.
La mano del cine hollywoodense, esa que casi siempre recurre a juegos almibarados y a moralejas localistas para volver a rodar guiones ya conocidos y exitosos, no logró felizmente borrar el mágico encanto de aquel film japonés, ahora trasladado, con excelente coreografía y perfecta ambientación, a una Chicago actual por cuyas calles deambulan muchos hombres como John, siempre dispuestos a hacer frente a su fatiga diaria y a su casi cruel rutina.
Adolfo C. Martínez
Buena
el baile de salon es espectacular, el desarrollo de la trama muy bueno, pasar de la monotonia a tener la ilusion primero por una persona, despues por el baile.
me gusto mucho