Incluso en sus momento más impactantes, racistas, asquerosos y pervertidos, Brüno es en extremo hilarante. Si con Borat Sacha Baron Cohen ya se había establecido como uno de los comediantes más originales del momento, entonces con este filme redefine el concepto de lo escandaloso, tanto, que hace diez años este filme hubiera sido clasificació ... Leer más Incluso en sus momento más impactantes, racistas, asquerosos y pervertidos, Brüno es en extremo hilarante. Si con Borat Sacha Baron Cohen ya se había establecido como uno de los comediantes más originales del momento, entonces con este filme redefine el concepto de lo escandaloso, tanto, que hace diez años este filme hubiera sido clasificación X.
Al ícono de la moda austriaco Brüno, quien además está obsesionado consigo mismo, le gustan los juegos sexuales con aparatos de ejercicio hechos a la medida, extinguidores y botellas de champaña, pero la diversión llega a su fin cuando lo despiden de su trabajo como presentador de televisión y pierde todo, incluso a su amante pigmeo. Así que decide mudarse a Los Ángeles para volverse famoso.
Aunque cuesta trabajo creer que todavía pueda salirse con la suya, Cohen, vestido de Brüno, logra engañar a varios famosos y hacerlos participar en sus entrevistas ridículas. Como Paula Abdul y Latoya Jackson, a quienes les sirve sushi usando a un mexicano como mesa, o como cuando se encierra en una habitación con el político conservador Ron Paul mientras le hace un striptease. Y lo mismo con un pastor que se especializa en convertir hombres gay en heterosexuales cuando Brüno decide que el camino hacia la celebridad es “volverse heterosexual como Tom Cruise, John Travolta y Kevin Spacey”. Y, ¿podría ser real esa fiesta de swingers? El chiste se vuelve aburrido por momentos, e incluso incómodo, pero al final, la audacia es más sociológica que sociópata, y queda claro que hoy en día no hay ningún otro entretenedor dispuesto a llevar la broma así de lejos.
–Vera Anderson
Brüno (Ídem, EU, 2009), el más reciente pastelazo fílmico protagonizado y escrito por el provocador de vocación Sacha Baron Cohen, sigue una ruta similar a la de su cinta anterior y más lograda, Borat (Charles, 2006). Esta vez, el egresado de Cambridge convertido en comediante no encarna a un zoofílico, antisemita y misógino periodista de K ... Leer más Brüno (Ídem, EU, 2009), el más reciente pastelazo fílmico protagonizado y escrito por el provocador de vocación Sacha Baron Cohen, sigue una ruta similar a la de su cinta anterior y más lograda, Borat (Charles, 2006). Esta vez, el egresado de Cambridge convertido en comediante no encarna a un zoofílico, antisemita y misógino periodista de Kazajstán, sino al gay fuera del clóset, fashionista austriaco e ignorante redomado Brüno, que sueña con ser la celebridad más grande de su país después de Hitler. Pero también sueña con ser la mayor estrella gay, el conductor televisivo más controversial de la historia, el que lleve por fin la paz a la Media Tierra -¿o era el Medio Oriente?- y el cantante más famoso de la semana al entonar -junto a Elton John, Bono y Sting- cierta oda a la paz del mundo... Dicho en pocas palabras, lo que Brüno busca es ser famoso. Y para serlo, no hay mejor país que los Estados Unidos. La enfermiza búsqueda de la fama por parte de Brüno ofrece la mejor secuencia de toda la película, cuando una serie de papás y mamás, con tal de que su niñito sea una celebridad, son capaces de echarle abejas, hacerle una liposucción, crucificarlo o vestirlo de nazi. Sacha Baron Cohen hace de Brüno una caricatura burda, vulgar, nada sutil. Pero esos padres de familia son reales, auténticos, y eso nos lleva a la carcajada y al horror. Esos monstruos son el producto más siniestro y acabado de la cultura en la que vivimos. Son capaces de todo con tal de obtener sus warholianos 15 minutos de fama. El otro blanco de las provocaciones de Cohen es la homofobia: esos judíos que le pegan una corretiza a un Brüno, que se pasea enfundado en unos monísimos y cortísimos pantaloncillos en un barrio ortodoxo de Jerusalén; esos cazadores muy machotes que se sienten amenazados cuando Brüno les pregunta, cándidamente, si no temen ser violados en la noche; esos animalescos sureños americanos que entran a ver un espectáculo de lucha libre extrema para encontrarse con una reconciliación gay con todo y besos de lengüita. Las secuencias son hilarantes aunque me pregunto si Cohen no colabora con el estereotipo del gay afeminado cuando hace a Brüno ser tan ridículo. Aunque, bueno, supongo que es necesario: un Brüno serio no sería tan gracioso.
Por Ernesto Diezmartínez
Regular
Es irreverente, políticamente poco correcta, pero lo que yo me pregunto es si realmente los diversos personajes que aparecen en la cinta son auténticos porque me pareció que se trataba de un reality show como los tantos que hay en los canales de tv.
El reverendo que quiere convertir a Bruno en heterosexual apenas se incómoda cuando éste último le dice que tiene boca hecha para mamar. No se me hace creíble. En fin...