Cambio de Vida (2001)

Listo, agendada

Sinopsis

La familia Grotowski está formada por Hank, su hijo Sonny y su padre Buck. Forma una generación de hombre cuyos trabajo en la prisión federal del estado de Louisiana consiste en ejecutar a los condenados a muerte. El patriarca de la familia, ya retirado, ha transmitido a su hijo el odio por la ra ... Leer más 

La familia Grotowski está formada por Hank, su hijo Sonny y su padre Buck. Forma una generación de hombre cuyos trabajo en la prisión federal del estado de Louisiana consiste en ejecutar a los condenados a muerte. El patriarca de la familia, ya retirado, ha transmitido a su hijo el odio por la raza negra, pero su nieto Sonny parece apartarse de la tradición familiar. Cuando el gobernador da luz verde a la ejecución de Lawrence Musgrove, un hombre de color, sus últimas horas las pasa en compañía de una prostituta y de Sonny. Tras su muerte, se desencadenará la tragedia.

Ficha técnica

Género Drama, Romance
Título Original Monster's Ball
Director Marc Forster
Protagonistas Heath Ledger, Halle Berry, Billy Bob Thornton, Mos Def, Peter Boyle, Sean Combs, Milos Addica
Año de producción 2001
Duración 111 minutos.
Productor Lee Daniels
Guionista Will Rokos, Milo Addica
Música Asche & Spencer
País Estados Unidos · Estados Unidos Canadá
Calificación de la comunidad
Calificación promedio: 3.31
Calificación media basada en 130 personas
Calificación de la prensa
Calificación promedio: 3.00
Calificación media basada en 2 críticos
Ultima modificación jev233

Imágenes

Críticas de la prensa

La Nación - F. López (Argentina)

3.00
Buena

En un indeterminado rincón del sur norteamericano, un sur racista y violento descripto según los rasgos más caros a la tradición hollywoodense, transcurre esta historia de cuyo clima áspero se tienen tempranos anticipos. En el comienzo, el desquiciado despertar de Hank (que no se ve pero se oye) no es un dato accesorio; tampoco el oscuro ambie ... Leer más En un indeterminado rincón del sur norteamericano, un sur racista y violento descripto según los rasgos más caros a la tradición hollywoodense, transcurre esta historia de cuyo clima áspero se tienen tempranos anticipos. En el comienzo, el desquiciado despertar de Hank (que no se ve pero se oye) no es un dato accesorio; tampoco el oscuro ambiente de una casa sin mujeres y con subrayados testimonios de machismo y violencia, ni mucho menos la desmedida reacción del protagonista (un Billy Bob Thornton en cuya fría afabilidad despunta algún descontento) cuando un par de vecinitos negros pisan su territorio. Reinan por aquí el prejuicio, la hostilidad, la ira, pero también la soledad y el dolor.

La sospecha de que la atmósfera viene sobrecargada de infortunios se confirmará después, cuando se expongan las dos puntas de la historia. Por un lado está Hank, perteneciente a una dinastía de modernos verdugos: agentes penitenciarios encargados de vigilar cada detalle de las ejecuciones en la silla eléctrica. Por otro, Leticia, la ex esposa de un presidiario condenado a muerte por crímenes de los que no se da detalle.

Consumado el brutal escarmiento, cuya demorada descripción no parece tener mayor justificación dramática, sobrevienen otras tragedias: en torno de Hank, atrapado entre el fanatismo del padre y la vacilante vocación del hijo; en el estrecho mundo de la morena Leticia, que se reduce a su trabajo de camarera y la ardua crianza de un hijo bulímico.
Desencuentro

Una de esas fatalidades favorece el acercamiento entre los dos personajes, ignorantes ambos del vínculo macabro que existe entre ellos. Su primer encuentro sexual -de una fiereza y una intensidad poco habituales en el cine- desnuda la desesperación y la urgente necesidad de amparo en la que se hallan estos dos seres acorralados por el desconsuelo y la desolación.

La perturbadora escena -una de las más logradas de la película- no sólo certifica la precisión con que el director suizo Marc Forster apunta al retrato íntimo y a la búsqueda del detalle revelador; también parece evidenciar un desencuentro básico que el film no siempre logra superar: mientras los guionistas apuntan al melodrama encendido y a los grandes temas -el racismo, la violencia social, el duelo, la pena de muerte, todas las variedades de la intolerancia-, el realizador elige la discreción, evita la grandilocuencia y confía en el compromiso de los actores y en su lento y elaborado trabajo sobre los climas. Al fin, a partir de un guión más o menos convencional y de personajes cuyas conductas se ven muchas veces forzadas para responder más a la voluntad de los autores que a su lógica interna, elabora un film colmado de aciertos expresivos y poblado por seres que se hacen reales y creíbles. Esto, más allá de la improbable pirueta emotiva del protagonista masculino que constituye el centro mismo del film (concebido como una historia de almas maltrechas en busca de redención) y de un final en cuya ambigüedad puede adivinarse cierto afán tranquilizador.

Así, si el clima es el del drama sureño siempre al borde del estallido, Forster se encarga en lo posible de que éste se produzca fuera de la imagen o, al menos, que no asuma el primer plano. En cambio, asiste con mayor dedicación a los tramos más reposados, donde le es posible indagar en la profunda desolación de los personajes centrales (es bien significativa, por ejemplo, la diferencia que marca entre las dos escenas eróticas) y donde muestra que un par de pantallazos le bastan para aportar información sustancial a partir de una situación secundaria: las breves escenas animadas por el vecino negro, el ensayo de la ejecución, los conflictos de la abrumada Leticia con su hijo glotón.

Forster tiene, es cierto, varios apoyos decisivos, el primero de los cuales, por lo llamativo, es el de la laureada Halle Berry, que asume con coraje un papel que la obliga a exponerse física y emocionalmente, aunque su estampa corresponde menos al de una pobre trabajadora de provincias que al estereotipo de muchacha sufrida y vulgar (pero siempre glamorosa) concebido por Hollywood. También ayuda la inteligencia de Thornton, que al comienzo del film exhibe la impenetrable frialdad que exige el personaje y después hace lo imposible por tornar verosímil la milagrosa conversión interior a que alude el título local. No menos importante es la sensibilidad que el fotógrafo Roberto Schaefer pone en juego para hallar el marco visual acorde con la evolución del espeso drama.

Fernando López

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Calificación promedio: 30
Buena
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