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Sinopsis

En los oscuros años de la Gran Depresión, Michael Sullivan se debate entre la lealtad inquebrantable a su jefe, el Sr. Rooney, y su propia familia. Son tiempos duros en Rock Island, donde la mafia irlandesa impone su ley. A pesar de todo, Michael Sullivan lleva una buena vida, pagada a base de violencia y de sangre.

Ficha técnica

Género Aventura, Drama, Policial
Título Original Road to Perdition
Director Sam Mendes
Protagonistas Tom Hanks, Jude Law, Daniel Craig, Stanley Tucci, Paul Newman, Tyler Hoechlin, Jennifer Jason Leigh, Dylan Baker, Liam Aiken, James Greene, Peggy Roeder
Año de producción 2002
Duración 117 minutos.
MPAA rating G - Audiencia general. Apto para todo público
Productor Richard D. Zanuck
Guionista Richard Piers Rayner, David Self, Max Allan Collins
Música Thomas Newman
País Estados Unidos
Calificación de la comunidad
(Basada en 412 personas)
Calificación de la prensa
(Basada en 2 críticos)
Ultima modificación André.Tinoco (Hace 5 anos)

Críticas de la prensa

La Nación - F. López (Argentina)

Con "Camino a la perdición", Sam Mendes aborda el film de gángsters -género que ya ha sido objeto de mil reelaboraciones y ha servido de pretexto para el melodrama, el fresco histórico, la crítica social, la sátira, el examen psicológico, la denuncia de la corrupción, la comedia negra, la búsqueda de la redención, el drama familiar o la r ... Leer más Con "Camino a la perdición", Sam Mendes aborda el film de gángsters -género que ya ha sido objeto de mil reelaboraciones y ha servido de pretexto para el melodrama, el fresco histórico, la crítica social, la sátira, el examen psicológico, la denuncia de la corrupción, la comedia negra, la búsqueda de la redención, el drama familiar o la revisión de códigos éticos y morales- e intenta imponerle una nueva, ambiciosa variación. Al tiempo que expone una sencilla y violenta historia de venganza, el celebrado realizador de "Belleza americana" pone a la relación padre-hijo en el centro de su film y busca, por la vía del distanciamiento, el refinamiento estilístico y la acentuación de lo que viene implícito en la conducta de los personajes, alcanzar la grandeza de una tragedia griega. En el camino elegido para llegar a ese ambicioso objetivo residen, paradójicamente, los mayores aciertos y las relativas flaquezas de su obra.

Queda claro, desde el principio, que quien vaya en busca de una clásica historia de gángsters, salpicada de matanzas y jalonada por toda clase de escenas de violencia, saldrá un poco defraudado. No porque ellas no existan -no falta ninguno de los clásicos ingredientes de una historia ambientada en el mundo del crimen organizado-, sino porque no constituyen la médula del relato y además están tratadas con una estilización que produce en la platea mucho más deleite visual que descarga de adrenalina.

Pero el tema, se ha dicho, es otro. Ambientada en Chicago en 1931, la trama se articula en torno de padres e hijos en medio de una organización ligada a Al Capone. El estrecho lazo que une al veterano jefe, John Rooney (Paul Newman), con Michael Sullivan (Tom Hanks), casi un hijo adoptivo y su irreemplazable mano derecha, despiertan el resentimiento del hijo verdadero, Connor (Daniel Craig), ambicioso e impulsivo. No faltará el pretexto para que ese resentimiento se manifieste con la mayor crueldad cuando el hijo mayor de Sullivan (un chico de 12 años) cometa la imprudencia de ser testigo de un asesinato. La violencia deriva en una vorágine de huidas, persecuciones y deseos de venganza. Así, el taciturno Sullivan se encontrará de un día para el otro en la carretera, huyendo con Michael Jr. de los que hasta ayer eran sus colegas o integraban su tropa.

La tragedia que atrapa al viejo Rooney y su protegido deviene de una ley que en su mundo no puede desobedecerse: la sangre siempre prevalece. El hijo verdadero puede ser un traidor y un asesino, pero el deber del padre es protegerlo. En esas situaciones en que se manifiesta el conflicto entre el deber y el sentimiento (admirablemente jugadas por Hanks y Newman, dos puntales decisivos del film), Mendes apresa chispazos de grandeza que lo acercan a su objetivo principal: los dos se ven como lo que son, asesinos con un destino marcado; no pueden evitar su sino, pero a uno, a Sullivan, le queda la posibilidad de salvar a su hijo. Son dos paternidades distintas: en la de Michael cabe la nobleza de su autosacrificio; en la de Rooney, aunque también deviene del sentimiento paterno, pesan más los códigos de conducta, las complicidades y las lealtades que rigen en su comunidad delictiva.

La sensibilidad de Mendes para dibujar en pocos trazos el sentimiento íntimo de los personajes se hace visible también en las escenas que describen el fortalecimiento de la relación que va uniendo al lacónico Sullivan y su hijo mientras huyen juntos de la persecución del contratado y excéntrico matón-fotógrafo al que Jude Law presta su seductora ambigüedad. El film está contado desde la perspectiva del chico y hace hincapié en su aprendizaje moral: del padre, que no supo, no quiso o no tuvo oportunidad de dejar el delito, aprenderá la posibilidad de elegir otro camino.

La historia tomada de una novela gráfica escrita por Max Allan Collins e ilustrada por Richard Piers Rayner fue remodelada primero por el guión de David Self, que le añadió espesor a los personajes y redujo su tono pasional y sus desbordes viscerales, y después por el lenguaje controlado y elegante de Sam Mendes, cuya puesta en escena mucho le debe a la admirable ambientación y, sobre todo, al maravilloso trabajo fotográfico de Conrad L. Hall.

Ni el tono sombrío y adusto de los interiores ni la tenue luminosidad de los paisajes escapan a la voluntad expresiva del realizador. Cada detalle de la imagen, cada elemento del cuadro, cada ángulo, cada actitud de los actores han sido cuidadosamente estudiados, lo mismo que el empleo del sonido, o su ausencia, fundamental en la magnífica pero distante escena del tiroteo en una calle de Chicago, donde sólo destella en el fondo del callejón el relampagueo de un arma en manos desconocidas mientras suena la sugerente música de Thomas Newman.

A ese esmero formal, a esa irrenunciable elegancia y al controlado, impecable desempeño de todos los actores (Newman y Hanks especialmente, pero también el joven Tyler Hoechlin como Michael Jr.) puede adjudicarse la invisible barrera que impide a la historia encender la emoción. Tanta compostura, al fin, parece haberle quitado al film algo de vida.

Fernando López

3.00
Buena

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Comentarios

Carlos.Mario.Muñoz.Vazquez comentó:

Camino a la Perdición

4.500
"Excelente"

"Esta película es altamente recomendable si te gusta la intriga, la acción, es una historia de supervivencia en un mundo donde parece que la única salida es con los pies por delante. Excelente"

Hace 6 anos · Sin votos · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder

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