Cartas de París (2003)

Listo, agendada

Sinopsis

Tres mujeres viven juntas en un deteriorado departamento suburbano en Georgia. Ada, quien convive esforzadamente con su madre Marina y su abuela Eka, tiene devoción por su abuela y comparte con ella una verdadera pasión por París, ciudad a la que se ha marchado Otar, su tío médico. Las cartas d ... Leer más 

Tres mujeres viven juntas en un deteriorado departamento suburbano en Georgia. Ada, quien convive esforzadamente con su madre Marina y su abuela Eka, tiene devoción por su abuela y comparte con ella una verdadera pasión por París, ciudad a la que se ha marchado Otar, su tío médico. Las cartas de Otar son esperadas con lógica ansiedad por todas ellas, y especialmente por la abuela, pero un día sucede el desastre: un llamado telefónico les avisa que Otar ha muerto en un accidente. Golpeadas duramente por la noticia, Ada y su madre deciden ocultarle la terrible verdad a la anciana y comienzan a fraguar las cartas de Otar desde París. Ada es quien se encarga de escribirlas, cuidándose de copiar el estilo de las cartas verdaderas e inventado una realidad de nuevos episodios. El delicado equilibrio familiar parece sostenerse a pesar de la tragedia, hasta que el azar o el destino interviene inesperadamente.

Ficha técnica

Género Drama
Título Original Depuis Qu' Otar Est Parti
Director Julie Bertucelli
Protagonistas Sasha Sarishvili, Temur Kalandadze, Nino Khomasuridze, Mzia Eristavi, Duta Skhirtladze, Rusudan Bolqvadze, Dinara Drukarova, Esther Gorintin, Abdellah Moundy
Año de producción 2003
Duración 102 minutos.
País Francia · Francia Bélgica
Calificación de la comunidad
Calificación promedio: 3.17
Calificación media basada en 12 personas
Calificación de la prensa
Calificación promedio: 4.00
Calificación media basada en 1 críticos
Ultima modificación littlemissunshine (Hace 2 años)

Imágenes

Críticas de la prensa

La Nación - F. López (Argentina)

4.00
Muy Buena

El detalle más pequeño, el gesto más sutil, una intención apenas perceptible en la mirada, el roce de unas manos, la postura del cuerpo, el idioma callado de los objetos, el silencio. Son los materiales que Julie Bertuccelli prefiere para elaborar su tersa escritura, para traducir en un lenguaje mucho más persuasivo y elocuente que el verbal l ... Leer más El detalle más pequeño, el gesto más sutil, una intención apenas perceptible en la mirada, el roce de unas manos, la postura del cuerpo, el idioma callado de los objetos, el silencio. Son los materiales que Julie Bertuccelli prefiere para elaborar su tersa escritura, para traducir en un lenguaje mucho más persuasivo y elocuente que el verbal los sentimientos profundos de las tres mujeres que conviven en ese departamento de Tbilisi que la partida de Otar ha dejado sin hombres.

Por debajo de las tensiones banales de la convivencia diaria, de las vagas y contradictorias sensaciones (ilusión, postergación, nostalgia, frustración, fracaso, esperanza) que cada una guarda para sí, hay entre las tres un sincero lazo afectivo, y éste se manifiesta frecuentemente en las acciones, casi nunca en las palabras. Apresar ese lazo, convertir esos sobreentendidos en la sustancia de un film que no se encierra en un único tema e iluminarlo con ciertos destellos de melancólica poesía es el gran acierto de la joven realizadora francesa. "Cartas de París" es una pequeña joya. Sensible, tibia, aguda en su observación de las conductas, certera en la visión de la realidad, delicadamente conmovedora.
París y otras ilusiones

Mucho ha cambiado en la casa desde que Otar se fue a buscar en París -paraíso ilusorio que encendió desde siempre el sueño de toda la familia- el lugar que como médico no encontraba en Georgia. El sueño pervive en Eka, la anciana madre, aunque ella no crea del todo en las buenas noticias que le llegan en las cartas y las llamadas del ausente; alimenta la velada ilusión de su nieta, Ada, cuya pulida formación no alcanza a abrirle puertas en un país donde reina el caos, y acaso también subsista en el mustio corazón de Marina -hija de una, madre de la otra-, a quien la guerra de Afganistán dejó viuda y es consciente de haber vivido demasiado tiempo, como toda su generación, entre las viejas mentiras del estalinismo y las trampas nuevas del capitalismo mafioso.

Nada es fácil en Georgia, donde la luz se corta a cada rato, las comunicaciones telefónicas se interrumpen y las empleadas de correos recomiendan ir a una iglesia y encender una vela para asegurarse de que la correspondencia llegue a destino. Así y todo, cada una se las arregla para seguir adelante en el tibio refugio familiar donde se habla en francés, se lee a Proust y las bibliotecas desbordan de viejos tomos importados de París que lograron eludir el ojo censor de la dictadura. Marina tiene el sostén y la compañía de un hombre al que, desdichadamente, no ama y con quien revende objetos en un mercado de pulgas; Ada, su estudio, un noviecito que sueña con emigrar a Suiza y la secreta esperanza de un futuro mejor; Eka, las cartas de Otar, su oxígeno indispensable, razón decisiva para seguir viviendo.

Se comprende que la reacción de madre e hija cuando se enteran de la muerte del hombre en París sea ocultarle la verdad a la anciana. Una mentira más -al mismo tiempo generosa y mezquina- que obliga a disimulos y artificios, genera penas y remordimientos y promueve alegrías efímeras, pero también termina por sacudir la pasividad y acelerar algún cambio; una mentira cuya fecha de vencimiento se teme y, en el fondo, también se desea.
Actrices formidables

Debajo de la aparente sencillez del cuento, cuya intriga emotiva tensa el relato de un extremo al otro, "Cartas de París" -fruto de un guión admirablemente escrito, pero también de una cámara que sabe mirar rostros y escenarios y que rechaza las notas falsas con el detallismo del documentalista- invita a percibir sus diversas resonancias. Habla de la mentira, de pérdidas y esperanzas, de los ilusorios paraísos que encandilan cuando se los ve de lejos, de la ausencia y del sueño, que siempre puede recuperarse. Bertuccelli explora sentimientos con la madurez de quien sabe que la vida mezcla nobleza y egoísmo, compasión y mezquindad, tragedia y ridículo. Y si logra revelarlos con tanta delicadeza es también porque cuenta con tres actrices formidables, entre las cuales no cabe sino destacar a Ester Gorintin, la abuela de ojos húmedos y silueta encorvada cuya solitaria caminata por las calles de París será muy difícil de olvidar.

Fernando López

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