Cómo Maté a mi Padre (2001)

Listo, agendada

Sinopsis

Jean-Luc, un médico a quien todo le sale bien, cree haber olvidado a su padre. Un padre que se fue hace tanto tiempo y del que se ha sabido tan poco. Como si el recuerdo, o el rencor, fueran una pérdida de tiempo. Cuando de pronto aparece Maurice, el padre, de vuelta de un largo exilio. No parece ... Leer más 

Jean-Luc, un médico a quien todo le sale bien, cree haber olvidado a su padre. Un padre que se fue hace tanto tiempo y del que se ha sabido tan poco. Como si el recuerdo, o el rencor, fueran una pérdida de tiempo. Cuando de pronto aparece Maurice, el padre, de vuelta de un largo exilio. No parece tener ningún remordimiento, tampoco muestra ningún otro sentimiento en especial , mira a su alrededor y sonríe de extraña manera. Contempla la vida, el mundo de Jean-Luc con tal distancia que resulta cruel. Parece estar juzgando ¿y con qué derecho?.

Ficha técnica

Género Drama, Suspenso
Título Original How I Killed My Father
Director Anne Fontaine
Protagonistas Charles Berling, Michel Bouquet, Karole Rocher, Natacha Regnier, Amira Casar, Hubert Koundé, Stéphane Guillon
Año de producción 2001
Duración 98 minutos.
Guionista Jacques Fieschi, Anne Fontaine
País Francia · Francia España
Calificación de la comunidad
Calificación promedio: 2.46
Calificación media basada en 12 personas
Calificación de la prensa
Calificación promedio: 4.00
Calificación media basada en 1 críticos
Ultima modificación jev233

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Críticas de la prensa

La Nación - F. López (Argentina)

4.00
Muy Buena

Con austeridad, precisión y fría elegancia, Anne Fontaine examina las fisuras, las heridas y los sentimientos contradictorios que anidan en el fondo de la relación padre-hijo y construye un film lúcido y perturbador colmado de inquietantes ambigüedades.

Nada en "Cómo maté a mi padre" tiene la tranquilizante estructura argumental del cine ... Leer más Con austeridad, precisión y fría elegancia, Anne Fontaine examina las fisuras, las heridas y los sentimientos contradictorios que anidan en el fondo de la relación padre-hijo y construye un film lúcido y perturbador colmado de inquietantes ambigüedades.

Nada en "Cómo maté a mi padre" tiene la tranquilizante estructura argumental del cine más complaciente, donde se sugiere (o se propone con todas las letras) una explicación para cada conflicto que se presenta. Es más: el film alimenta tan tenazmente la duda que su historia entera parece transcurrir en un territorio fantasmal: el inesperado regreso del padre que ha estado ausente más de veinte años tanto puede suceder en la realidad como en la atormentada conciencia del hijo mayor, donde hay lugar para los sentimientos más extremos y más contradictorios. Todo en la película es así de ambiguo, como suele serlo la vida que, mal que nos pese, suele depararnos menos certezas que interrogantes.

No hace falta aclarar que la obra no está destinada a ser "consumida" pasiva y despreocupadamente como un pasatiempo más: Fontaine reclama la participación del espectador y al colocar a sus personajes en situaciones críticas también lo conduce a confrontar sus propias experiencias personales con las que plantea la ficción.
Guión elaborado y preciso

La precisa construcción del guión firmado por la directora y Jacques Fieschi ("Un corazón en invierno", "El placer de estar contigo") descarta cualquier rodeo. El film va directo al grano desde la secuencia de los títulos, donde un paciente de Jean-Luc, un exitoso gerontólogo de Versalles que se ha hecho rico prorrogando el envejecimiento de su adinerada clientela, confiesa sus miedos de padre de un chico de dos años: "Cuando tenga 20, seré un anciano, no tendré ninguna autoridad sobre él, ningún prestigio... Lo siento como una amenaza..."

Cuando regresa a casa, se entera por una carta de que su padre ha muerto semanas atrás. Lo que sigue -la sorpresiva reaparición del padre, también médico, tras una larga permanencia en Africa-, puede ser tanto la memoria de hechos que sucedieron o lo que la mente y el corazón de Jean-Luc imaginan que habría podido suceder. Fontaine se apoya en esa incertidumbre para concentrarse en el espeso conflicto que se manifiesta con el reencuentro de padre e hijo: un drama que se juega con la glacial cortesía de la burguesía francesa y en el que se perciben los sentimientos más contrapuestos: el amor, el rencor, la culpa, los celos, el resentimiento, la cólera, la admiración. El impreciso (o bien múltiple) punto de vista que el film adopta permite aproximarse a las zonas más impenetrables de esta oscura maraña de emociones, siempre a través de las expresiones, a veces claras, a veces apenas perceptibles, que se descubren en los personajes. En el padre y Jean-Luc, en especial, pero también en la esposa de éste, una mujer cuya reserva no alcanza a encubrir una dolorosa frustración, y en el otro hijo, un aspirante a artista a quien Jean-Luc ha puesto a su servicio.

Una suerte de suspenso psicológico que remite al cine de Claude Chabrol crece en torno de la figura del padre, a la que Michel Bouquet -ganador por este trabajo del César al mejor actor del 2001- enriquece con la turbadora ambigüedad de su expresión, siempre mesurada y siempre generosa en matices. A ese tenue pero sostenido suspenso hay que agregar la fascinación un tanto hipnótica que aporta la cámara de Fontaine, en una suerte de danza envolvente que contribuye al clima claustrofóbico del relato y conduce con firmeza pero sin sobresaltos hacia un desenlace de muy delicada emotividad.

También Charles Berling logra transmitir con economía de recursos y visible compromiso la crisis interior que desgarra a su personaje a pesar de su temperamento controlado y su frialdad. Igualmente certero y mesurado es el trabajo de Natacha Regnier, aquí obligada a componer un papel bien diferente del de "La vida soñada de los ángeles". Stéphane Guillon es el otro hijo, el que guarda de su padre una única memoria -la de la ausencia-; un personaje menos elaborado al que el propio actor aportó dos o tres monólogos de dispar eficacia y un número musical algo forzado.

La elección de una ciudad-museo como Versalles es un acierto más: sus calles y sus espacios deshabitados cooperan con la fantasmal abstracción que Fontaine quiso como marco para su sutil y valiente indagación de la paternidad.

Fernando López

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Calificación promedio

Calificación promedio: 30
Buena
Calificación de la comunidad
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