Al fin una película de terror decente!!
Cada vez se hace más difícil encontrar una gran propuesta de este género en la pantalla grande.
Criatura de la noche es una de los mejores filmes de vampiros que se han hecho en el último tiempo.
Esto no hay que darlo por descontado porque con la enorme trayectoria que tienen estos personajes en el ci ... Leer más Al fin una película de terror decente!!
Cada vez se hace más difícil encontrar una gran propuesta de este género en la pantalla grande.
Criatura de la noche es una de los mejores filmes de vampiros que se han hecho en el último tiempo.
Esto no hay que darlo por descontado porque con la enorme trayectoria que tienen estos personajes en el cine, no es fácil brindar un espectáculo original e interesante en estos días.
Más allá del terror, el film es una gran historia de amor y amistad, al menos desde mi punto de vista, entre un joven adolescente y una vampiro.
Sería como la versión inversa de Crepúsculo sólo que con más cerebro.
Si le quitamos la sangre y los elementos sobrenaturales, Criatura de la noche se centra en la relación que tiene dos chicos muy solitarios que están desesperados por tratar de encontrar alguien con quien puedan conectarse y expresarse sin represiones.
Para mi el film va a más allá de los vampiros.
Esta película sueca del director Tomas Alfredson es una adaptación de la novela de John Lindqvist “Dejame entrar” que se puede conseguir en la librerías locales.
Los personajes principales ya de por si son tan raros como la trama.
Por un lado tenemos a Oskar, un chico solitario, cuyo hobby es coleccionar recortes de diarios de crímenes violentos, quien suele ser humillado constantemente por sus compañeros de escuela que lo toman de punto y lo maltratan.
Eli, por otra parte, es una chica vampira que es nueva en el vecindario de Oskar y entabla una particular amistad con el joven.
A diferencia de los vampiros fashion de Twilight, para Eli su condición es una verdadera pesadilla.
La protagonista no conoce el programa vegetariano del doctor Cullen y cuando no se alimenta su cuerpo apesta y su apariencia es absolutamente desagradable.
Como si esto no fuera poco, conseguir presas humanas cada vez se le hace más difícil.
En este contexto surge la relación de los personajes principales
La película se desarrolla en Estocolmo en 1981, donde la recreación de época que hace el director no es menos aterradora que la vampiro que mata gente para alimentarse.
Hay como una atmósfera extraña en esa ciudad y ambientes que presenta la película que contribuyen a que el cuento sea más escalofriante todavía. Por lo menos así lo viví yo.
El motivo por el que la remake hollywoodense que se prepara para el año que viene va a ser un fiasco se debe a que Criatura de la noche es un film que sobresale, más allá de la historia, por el trabajo de sus protagonistas.
No podés reemplazar a Kade Hederbrant (Oskar) y Lina Leandersson (Eli). Ellos son el alma del film y están brillantes.
Especialmente Lina, quien tiene una enorme capacidad de expresión a través de sus ojos, algo que el director supo capturar a la perfección.
Más allá de la exitosa saga de Stephenie Meyer en los últimos años hubo una tendencia, sobre todo en el cine de mostrar al vampirismo como algo cool.
La película sueca presenta un enfoque más tradicional sobre este tema donde el vampiro es una figura más trágica.
La secuencia final que transcurre en la pileta en mi opinión es uno de los grandes momentos cinematográficos del 2009.
Criatura de la noche es una de mis películas favoritas de este año que recomiendo no dejar pasar ya que realmente es un gran historia para disfrutar en el cine.
Entre tanta película reciente sobre vampiros concebida con adolescentes carilindos, fórmulas prefabricadas y mucha astucia de marketing, la demorada llegada a la cartelera local con copias en fílmico de esta joya sueca que reinventa el género con las herramientas más nobles y genuinas del cine resulta un acontecimiento digno de ser celebrado.
... Leer más Entre tanta película reciente sobre vampiros concebida con adolescentes carilindos, fórmulas prefabricadas y mucha astucia de marketing, la demorada llegada a la cartelera local con copias en fílmico de esta joya sueca que reinventa el género con las herramientas más nobles y genuinas del cine resulta un acontecimiento digno de ser celebrado.
Este film de Tomas Alfredson (que ya ha sido contratado por Hollywood para dirigir a Nicole Kidman y Gwyneth Paltrow) está basado en un guión que John Ajvide Lindqvist escribió a partir de su propio best-seller. Los protagonistas son Oskar (Kare Hedebrant), un chico de 12 años, inteligente y retraído, que es objeto de las burlas más crueles por parte de sus compañeros de escuela en un suburbio de Estocolmo; y Eli (Lina Leandersson), una nueva vecina de su misma edad y tan solitaria como él, pero con una gran diferencia: bebe sangre.
Entre ellos surgirá una relación de amistad, comprensión mutua y un incipiente amor preadolescente. El tándem Lindqvist-Alfredson, con la invalorable ayuda de los dos intérpretes, concibe una extraña y fascinante combinación entre el cine de terror (hay escenas muy sangrientas), una conmovedora épica romántica y un implacable retrato sobre la violencia, los excesos y las contradicciones dentro del universo escolar y sobre el patetismo del mundo adulto con sus miserias de pueblo chico-infierno grande (abusos, paranoia, alcoholismo).
Bella y melancólica, trágica y brutal, lírica y fatalista, digna de Nosferatu pero también del cine de Ingmar Bergman, Criatura de la noche está muy lejos de ser un producto efímero y demagógico sustentado en el impacto fácil (de hecho, el uso de los efectos visuales es mínimo y siempre funcional a las búsquedas narrativas). Se trata de una película para analizar, admirar y "degustar" incluso más de una vez. Una de esas sorpresas que aparecen muy de vez en cuando. Una cita insoslayable para aquellos que disfrutan de los géneros clásicos cuando son revisitados con los mejores recursos del cine moderno.
Diego Batlle
Como un antídoto contra los vampiros pasteurizados de la saga Crepúsculo y Luna nueva, llega por fin, después de múltiples postergaciones, Criatura de la noche, un film sueco capaz de devolver no sólo a la mitología vampírica –que sigue desafiando fronteras, continentes e idiomas–, sino también a la adolescencia, su carácter más trans ... Leer más Como un antídoto contra los vampiros pasteurizados de la saga Crepúsculo y Luna nueva, llega por fin, después de múltiples postergaciones, Criatura de la noche, un film sueco capaz de devolver no sólo a la mitología vampírica –que sigue desafiando fronteras, continentes e idiomas–, sino también a la adolescencia, su carácter más transgresor y revulsivo. Lo interesante del caso es que el film de Tom Alfredson –un director sin experiencia previa en el cine de terror– llega tan nuevo y fresco al género que se permite abordarlo sin tener necesidad de rendirle culto a sus tradiciones más anquilosadas.
Es significativo que Criatura de la noche se pueda empezar a definir no tanto por lo que es, sino precisamente por lo que no es. En primer lugar, no hay nada de la iconografía gótico-romántica, a la manera del Drácula de Bram Stoker o las películas de la Hammer, en el film de Alfredson. El escenario es un triste suburbio de Estocolmo, tan limpio como la nieve y tan geométrico como el cubo Rubik que el protagonista tiene al comienzo como único amigo. No se puede decir que los indefinidos años ’80 de la película pasen por lo que se suele llamar “un film de época” y, si algo debe concederse, es que la noche suele tener más protagonismo que el día, aunque hay más de una escena diurna inquietante.
Antes que una invasión del alma, al modo romántico, el vampirismo que propone Criatura de la noche es una necesidad de orden físico. Eli, la pequeña vampira de la película, necesita alimentarse y no le queda más remedio que hacerlo con sangre. Su impulso es el de la supervivencia. No hace más que seguir la inclinación de su naturaleza. Y si no fuera por ese hombre que se hace pasar por su padre y no es más que el Renfield que por las noches sale a reponer unos bidones de sangre fresca para su protegida, como quien faena vacas en el matadero, Eli estaría tan sola en el mundo como Oskar, el retraído vecino con quien vivirá una extraña historia de amor, en una suerte de versión hardcore de Melody.
“¿En serio tenés 12 años?”, le pregunta Oskar a Eli cuando empieza a tomar confianza con esa niña que se le aparece súbitamente y sólo de noche, casi sin abrigo en medio de un frío que corta el aliento. “Sí, salvo que he tenido 12 por mucho tiempo”, responde Eli. Hay algo en el aislamiento de Oskar que atrae inmediatamente a Eli: él es rubio nórdico y ella, una morocha de aspecto gitano, pero en sus respectivas soledades no podrían ser más parecidos, sentirse más juntos. Oskar es la clase de chico de quien los demás chicos se burlan y discriminan, por tímido, sensible e inteligente; nada muy distinto de la discriminación que sufriría Eli... si fuera al colegio.
Donde el film de Alfredson se encuentra netamente con la tradición del género es en la concepción del vampiro como héroe trágico por excelencia. Despreciado, perseguido, condenado a la soledad, Oskar no es el vampiro, pero podría serlo, como ya lo es Eli. Ella, en todo caso, tiene los medios para defenderse de la hostilidad de las instituciones –la familia, el colegio–, medios que él apenas puede imaginar. Mientras Oskar juega con un cuchillo y descarga contra el tronco insensible de un árbol toda la violencia que no se atreve a dirigir a quienes lo humillan diariamente, Eli en cambio puede poner a su disposición los poderosos recursos de su naturaleza, que hasta ahora sólo utilizaba para sobrevivir, sin interponer ningún juicio moral.
Históricamente, el vampiro es doble, sombra, reflejo; por eso no puede verse a sí mismo en los espejos ni enfrentarse a la luz del sol. ¿Y si Eli no fuera más que una proyección de Oskar, la expresión de sus deseos, la materialización de sus pulsiones, su Ello freudiano? La agudeza del film está en aludir a esta ambigüedad sin tener necesidad de enunciarla. Como en muchos films de David Cronenberg (y la cicatriz que luce Eli en lugar de su sexo no hace sino evocar las monstruosidades de Crash), toda la película se beneficia de un gélido registro hiperrealista, donde la tétrica banalidad de la vida cotidiana está exacerbada. Que en ese contexto, la vampira –el elemento fantástico– aparezca literalmente de la nada, en la noche de Oskar, puede sugerir que se trata quizá del ángel vengador que su inconsciente estaba necesitando.
Por Luciano Monteagudo
Criaturas de la Noche
"Excelente"
"me parecio una escelente vuelta de tuerca a las ya trillada historias de vampiros. Ademas muy bien ambientada, muy bien actuada"