El escándalo suele ser buen negocio. Que lo diga Carlos Carrera, que con la actualización de esta clásica novela portuguesa del siglo XIX logró irritar al clero mexicano y levantar tanta polvareda como para convertir a "El crimen del padre Amaro" en la película que mayores recaudaciones obtuvo en toda la historia de su país.
Claro que el e ... Leer más El escándalo suele ser buen negocio. Que lo diga Carlos Carrera, que con la actualización de esta clásica novela portuguesa del siglo XIX logró irritar al clero mexicano y levantar tanta polvareda como para convertir a "El crimen del padre Amaro" en la película que mayores recaudaciones obtuvo en toda la historia de su país.
Claro que el escándalo no es siempre exportable porque lo que resulta atrevido, irreverente o sacrílego en una sociedad, puede no serlo tanto en otras, donde en cambio quedarán más al descubierto su calculada proporción de blasfemias, sus golpes de efecto folletinescos, sus buscadas herejías y su anticlericalismo un poco vetusto.
Apoyándose en la obra de José Maria Eça de Queiroz, que describe los efectos destructivos del celibato en un sacerdote débil de carácter y los peligros del fanatismo en las pequeñas ciudades de provincia, Carrera y el adaptador Vicente Leñero trasladan la acción al interior mexicano actual, convencidos de que poco ha cambiado desde la época del libro. Así, retomando la causa del celibato sacerdotal y el siempre seductor tema de los amores prohibidos de un cura joven, aprovechan para destapar las secretas alianzas establecidas entre el poder religioso y el poder económico y político, a la vez que descubren cuánta hipocresía esconde la aparente y disciplinada actitud devota de los hombres de la iglesia. O por lo menos, de algunos, ya que el film se encarga de oponer a los corruptos (y a los que están por corromperse) la figura de un cura austero y solidario que vela por el campesinado pobre y, obviamente, es mal visto por las autoridades eclesiásticas.
Carrera no es Buñuel, sin duda, y lo que queda de su ejercicio de blasfemia es, sobre todo, un melodrama de tintas cargadas, con mucho aire a telenovela, escaso rigor en la elaboración de los personajes y abundancia de temas que son eternos proveedores de controversia: narcotráfico, corrupción, guerrilla, enfermedad mental y aborto incluidos.
Amaro, barranca abajo
Desde el principio, desde que llega a la parroquia del pueblo de Los Reyes, el jovencísimo padre Amaro (cuya límpida benevolencia se transparenta en el gesto de Gael García Bernal) se muestra poco partidario del celibato obligado. Debe de ser por eso que no le acarrea mucho desgarro interior transgredir la norma cuando entabla relación con la adolescente Amelia. La chica, por otra parte, es hija de la Sanjuanera, que como muchos saben (y callan) es la amante del padre Benito, el cura a quien Amaro ha sido confiado.
El relato de los pecaminosos amores a escondidas se alterna con el de la campaña que un periodista, ex novio de la chica, emprende para desenmascarar los chanchullos que hay entre los representantes de la iglesia y los poderosos del pueblo. No obstante, antes de ceder a las tentaciones y aun arriesgarse al sacrilegio (en la escena más provocativa, Amelia aparece cubierta por el celeste manto que han bordado para Nuestra Señora), Amaro tiene oportunidad de conocer otro lado menos corrupto de la realidad, allí donde asoma la figura heroica del padre Natalio, el único que parece estar ahí para cumplir con sus votos y no para sacar provecho de ellos.
Todo lo cual, dibujado en trazos muy gruesos, va precipitando un espeso drama destinado a conmover el espíritu del espectador a fuerza de desnudar hipocresías y mezquindades y de sacrificar inocentes como la pobre Amelia, cuya confusión entre la devoción religiosa y el amor carnal es otro de los aspectos interesantes del libro que el film apenas roza superficialmente.
Si la previsible construcción efectista y melodramática de Carrera se sigue con cierta atención y alcanza algunos momentos de verdadero vigor dramático es porque abundan los aciertos en la descripción del ambiente (salvedad hecha de ese gastado estereotipo de la santona-bruja tan frecuente en el cine latinoamericano) y, sobre todo, gracias a la convicción que demuestra la mayoría de sus intérpretes, en especial García Bernal, que se empeña en traducir en los matices de su composición una mudanza (la de su personaje) que el film presenta sin transiciones. Sancho Gracia (el padre Benito), Ernesto Gómez Cruz (el obispo), Pedro Armendáriz (el alcalde) y Angélica Aragón (la Sanjuanera) testimonian el inteligente trabajo del casting. Igual calificativo cabe a Ana Claudia Talancón, que suma a su virginal belleza el candor y la pasión que agitan a la joven Amelia.
Los colores saturados de la fotografía de Guillermo Granillo armonizan con el encendido tono dramático de esta historia filmada con oficio y alguna vehemencia, pero siempre con el ojo puesto en su posible eco comercial.
Fernando López
El Crimen del Padre Amaro
"muy fuerte, caso veridico, que pena para los que somos catolicos.
"