El Fantasma de la Ópera (2004)

Listo, agendada

Sinopsis

La Ópera de París prepara el estreno de su espectáculo más importante, pero un misterio se oculta de tras de escena: la presencia del Fantasma (Gerald Butler). Nadie sabe qué o quién es, pero sus apariciones son cada vez más frecuentes, creando el pánico. Sólo Christine (Emmy Rossum), una j ... Leer más 

La Ópera de París prepara el estreno de su espectáculo más importante, pero un misterio se oculta de tras de escena: la presencia del Fantasma (Gerald Butler). Nadie sabe qué o quién es, pero sus apariciones son cada vez más frecuentes, creando el pánico. Sólo Christine (Emmy Rossum), una joven bailarina, puede acercarse a él: el Fantasma es su maestro y le enseña a cantar, creyéndolo un enviado de su padre. Pero lo que Christine no sabe es que el Fantasma está profundamente enamorado de ella, y que no permitirá que nadie se interponga en su camino.

Ficha técnica

Género Drama, Musical, Romance
Título Original The Phantom of the Opera
Director Joel Schumacher
Protagonistas Gerard Butler, Miranda Richardson, Emmy Rossum, Patrick Wilson, Minnie Driver, Ciarán Hinds, Simon Callow, Jennifer Ellison, Victor McGuire, James Fleet
Año de producción 2004
Duración 143 minutos.
MPAA rating PG-13 - Aviso para los padres. Este material puede ser inapropiado para niños menores de 13 años
Productor Andrew Lloyd Webber
Guionista Richard Stilgoe, Gaston Leroux, Charles Hart
Música Andrew Lloyd Webber
País Estados Unidos · Estados Unidos Reino Unido
Calificación de la comunidad
Calificación promedio: 3.37
Calificación media basada en 838 personas
Calificación de la prensa
Calificación promedio: 3.33
Calificación media basada en 6 críticos
Ultima modificación ri32pi (Hace 6 meses)

Imágenes

Críticas de la prensa

Cines Argentinos (Argentina)

5.00
¡Increíble!

EL FANTASMA DE LA OPERA es sencillamente un peliculón con todas las letras, pero tiene un problema: No es para todos los públicos. Si el referente que tenés con filmes musicales es Mouling Rouge o Chicago (por mencionar producciones recientes) ni te molestes en sacar la entrada porque la tortura que vas a sufrir es solo comparable a una retrospe ... Leer más EL FANTASMA DE LA OPERA es sencillamente un peliculón con todas las letras, pero tiene un problema: No es para todos los públicos. Si el referente que tenés con filmes musicales es Mouling Rouge o Chicago (por mencionar producciones recientes) ni te molestes en sacar la entrada porque la tortura que vas a sufrir es solo comparable a una retrospectiva de Elizeo Subiela. ¿Se entiende a que dolor hago referencia? No soy para nada un fanático del musical pero siempre me enganchó muchísimo la historia del fantasma y el trabajo que se hizo en esta versión cinematográfica, en mi opinión, es soberbio. Sólo Andrew Lloyd Webber sabe porque el film tenía que ser dirigido por Joel Schumacher su primera y única elección. Los últimos trabajos de este director (con excepción de Enlace Mortal) dejaron bastante que desear, sin embargo Webber no se equivocó. Después de haber arruinado la saga de Batman en el cine, Joel Schumacher obtuvo su redención con una película como la gente. Desde lo visual EL FANTASMA es imponente y sorprende con un trabajo en la puesta en escena, el vestuario y el montaje realmente espectacular. A la salida del cine mucha gente se quejaba del reparto, algo que me llamó la atención porque me pareció estupendo. Emmy Rossum (Río Mistico/El día después de mañana) estuvo realmente brillante y me encantaría saber cuantos de los que la crítican podría bancarse un personaje como el de Christine. Probablemente ninguno. No soy un experto en ópera ni mucho menos pero la chica sonaba bárbaro sin ser una estrella de Broadway y eso me merece respeto. Es cierto que Minnie Driver está muy bien pero su voz fue doblada por una profesional y el resultado se ve en la pantalla. Margaret Preece una profesora inglesa de canto estuvo a cargo del personaje. No es que Minnie no pudiese cantar (ver Dato Loco) pero para ese rol se necesitaba a una cantante profesional y Schumacher quería a Driver en la pantalla. Otro que sorprende es Gerad Butller, el fantasma. De verlo en escenas de acción junto a Lara Croft en la segunda Tom Raider a esto hay un abismo y creó que salió bien parado. Especialmente cuando el personaje del fantasma canta el 90 por ciento que aparece en pantalla. Lo único que voy a reprocharle a la producción de Schumacher es el trabajo de maquillaje. El Fantasma es un ícono entre los personajes de terror y se supone que cuando le quitan la máscara tiene que generar un poco de miedo o por lo menos impacto. Eso no ocurre en la película y se podían haber puesto un poco más las pilas al desfigurar el rostro de Gerard Buttler. Las desfiguraciones de Mel Gibson en El hombre sin rostro o de Tom Cruise en Vanilla Sky son más impactantes que las del fantasma de Schumacher que con un poquito de maquillaje y una peluca se hubiese evitado un montón de problemas. En fin, si te atrae la historia del Fantasma o sos fana de los musicales no la dejes pasar en el cine porque es una experiencia interesante y aunque tengas el mejor Home Theatre que se pueda conseguir no la vas a disfrutar como en la pantalla grande.
Hugo Zapata

Cinenganos.com (México)

4.00
Muy Buena

Un músico desfigurado desde su nacimiento habita los sótanos de la Casa de la Ópera de París. Cuando la nueva soprano hace su aparición, el fantasma -enamorado perdidamente de ella- volverá su amor en una obsesión que terminará por desencadenar una serie de sucesos de horror en el mundo de la ópera.

París, 1919. El Teatro de la Opera. ... Leer más Un músico desfigurado desde su nacimiento habita los sótanos de la Casa de la Ópera de París. Cuando la nueva soprano hace su aparición, el fantasma -enamorado perdidamente de ella- volverá su amor en una obsesión que terminará por desencadenar una serie de sucesos de horror en el mundo de la ópera.

París, 1919. El Teatro de la Opera. Una subasta, algunas cosas que quedan de ese espacio, incluyendo un candelabro y una caja de música. El Vizconde Raoul de Chagny compra la caja… Grano abierto, escena en blanco y negro, y un golpe de magia nos traslada a un mundo lleno de color, de vida y de música, quitando el polvo con efectos visuales que acompañan las notas del tema principal… Es 1870, y todo el mundo se prepara para una gran producción, en esa Opera en la que pronto pasarán algunas cosas inesperadas.

Tras muchos años de planes (el mismo Lloyd Webber ha dicho que prefirió no arriesgar el éxito (léase ingresos) de la versión teatral, y por ello la larga espera), el momento ha llegado. El Fantasma de la Opera está ya en las pantallas, lo que significa la realización del sueño de muchos millones de personas: uno de los musicales más famosos del mundo (si no el que más) se traduce a celuloide, aprovechando el momento e inercia del género tras algunas cintas que han probado que la fórmula funciona (Moulin Rouge, Chicago), y brindando al mundo la oportunidad de ver una adaptación fiel del musical, lo que además significa que no sólo se trata de otra versión de la novela de Gaston Leroux (texto que, por cierto, trata de explicar ciertos eventos reales que ocurrieron por esas fechas: muerte, el rapto de una cantante y la misteriosa caída del candelabro sobre los espectadores), sino de la versión más colorida y rica en elementos artísticos jamás desarrollada.

No profundizaré mucho en los detalles de la versión teatral original de El Fantasma de la Opera, pero los datos mínimos para comprender esta versión fílmica sí son necesarios: En escena desde octubre de 1986 cuando abrió telones en el Her Majesty’s Theatre del West End londinense (en ese entonces con los estelares Sarah Brightman y Michael Crawford, quienes marcan la actual frontera imposible de superar en cualquier comparación vocal), la obra ha sido un éxito de magnitudes tremendas. Más allá de confirmar a Sir Andrew Lloyd Webber como el genio de la llamada Opera-Rock y sus variantes, las cifras hablan por si mismas: en Londres jamás ha habido un asiento sin venderse desde su inicio, en todo el mundo tiene un 99% de localidades vendidas en promedio, y se estima que más de 52 millones de personas la han visto, lo que representa ventas que rodean los 3 billones de dólares. Premiada con todos los premios posibles, vigente en Broadway, el West End y en algunas otras ciudades del mundo (además de que siempre hay alguna en el tour de la compañía), se trata sin duda de un fenómeno más complejo de lo que aparenta bajo la capa de un “simple” musical.

He tenido la oportunidad de ver la puesta en escena de Londres, de modo que mi comparación parte de ese hecho, pero creo que los siguientes comentarios aplican aún para quienes no tienen el referente de la versión teatral.

La película… ahh, la película; se trata de una de esas cintas de pocos términos medios: habrá detractores furiosos y fieles enamorados de la obra –con prejuicios basados en la original-, lo que siempre representa un problema para hallar un buen justo medio, y es que –tal como ya pasó en Chicago- no se trata de una película que usa al musical como medio (como Moulin Rouge), sino de una obra musical traducida y copiada a la pantalla, lo que siempre representa un eterno conflicto: ¿Hasta donde es posible innovar cuando se parte de un original tan definitivo, tan poco variable, tan rico en si mismo?, ¿Hasta dónde se aporta más con un plano abierto que con un acercamiento a la expresión del rostro, opacando con ello los brillantes y trabajados escenarios?, ¿Cuál es el término medio, alternancia, la mitad en acercamientos y la otra mitad en planos generales?, ¿Qué tanto se puede afectar el guión con el fin de brindar peso a la narrativa de cine, un leguaje muy diferente al del teatro en términos de la respuesta del público?… Son las respuestas a estas preguntas las que darán de qué hablar, además del cuestionable elemento del casting que, es cierto, tiene sus bemoles.

Comencemos por el elenco, el alma (y peso) de la historia. La intención del director Joel Schumacher, y de Lloyd Webber era muy clara: traducir el triángulo amoroso a la juventud (un detalle muy cuestionable por parte de los más fieles al original, pues hay ciertos elementos, como el Angel de la Música de Christine, que no pudo haber estado toda su vida presente bajo el nuevo marco de edades) y, con ello, el primer obstáculo a vencer fue la elección de los roles, pues más allá de la base ‘sexy’ de la idea, habría que asumir el verdadero reto problemático: el rango y disciplina vocal necesarios en los dos estelares (por lo menos) no es simple de conseguir, se necesita carisma, cierto ‘nombre’ para taquilla (o mucho talento, para una nueva estrella), y una larga cadena que se traduce en dos palabras que opacan todo lo demás: Emmy Rossum.

Desde su aparición, Emmy Rossum –Christine- llena de luz la pantalla con un rostro angelical y una voz memorable (la actriz estudia Opera desde su infancia, un dato poco conocido antes de este papel), reflejando a la perfección la inocencia y el aura que captura al Fantasma más allá de la voz. Las expresiones, miradas, y muestras emocionales de Rossum son el hilo conductor de la cinta entera, lo que opaca al resto de los estelares. El enamoramiento de Christine, sus dudas y sus emociones, están en cada cuadro gracias a la actriz, con lo que su rol soporta toda la película y no sólo en el nivel de estelar, sino el de musa y motivo de todo lo que ocurre. Uno de esos roles que será recordado, y que dará mucho, mucho de qué hablar, bastante más allá de su hermosura (y de esa clara intención del director de mostrar su escote a toda costa), y sobre todo en la odiada comparación que sin duda habrá: el rol del Fantasma.

El rol del enmascarado rostro (mucho tiempo se mencionó al mismo Michael Crawford y hasta a Antonio Banderas para el rol) debía de ser la punta de la lanza, junto con el de su musa, y aquí es donde se encuentra la roca de tropiezos, y el chivo expiatorio de la hiel que puede avecinarse: Gerard Butler no tenía nociones de canto, no las tiene, probablemente no las necesita, y por alguna causa que no termina de quedar del todo clara, fue el elegido para el rol del protagonista, aún con el gran “pero” de su limitante vocal, y la restricción de no doblarle. Si se tratara de un gran histrión en toda regla probablemente no se le cuestionaría tanto, pero la verdad es que su rol no es tan destacado (tener la mitad de la cara oculta complica mucho las cosas, es muy cierto) como el de su pareja, y por tanto hay un claro desbalance que pudo haberse evitado. El peso del Fantasma no lo lleva tal Fantasma en esta ocasión.

Minnie Driver, en el rol de la diva desplazada (y la única parte del cast a quien se dobló la voz, obviamente), explota la libertad de no tener que cantar, y brinda un papel divertido y llena de sonrisas las escenas cada vez que aparece, potenciando un rol muy en la línea de una versión teatral. El galán Patrick Wilson, con todo y cierta experiencia vocal previa, no destaca al 100% pero por lo menos no desentona; le toca a las espectadoras dar su venia como figura de romance, pues su rol es aceptable pero nunca excelso.

Para los que busquen más detalles de la música de esta versión y la parte vocal, el detallado y experto análisis de Luis tiene todas las respuestas.

Retomando las preguntas, y hablando ahora de las decisiones cinematográficas, debo reconocer que disfruté mucho más las secuencias con más movimiento (como el descenso al mundo del Fantasma, y la seducción de Christine), y que son las partes más planas las que ocasionarán los problemas, pues Schumacher opta por mantener ciertas secuencias con todo el peso en la labor artística (magistral, los escenarios y vestuario son una joya) y no en la cámara o en la coreografía (o en la coreografía de la cámara). Esta cuestionable “falta de imaginación” obedece en gran medida al hecho de respetar el original (es muy cierto que desde los asientos del teatro no se puede apreciar un close-up, y que se observa el todo como tal), lo que se presta a un sinfín de cafés y discusiones sobre la forma correcta de narrar algo ya mostrado antes. La mejor decisión será la de ustedes, sin duda alguna; yo me llevo a mi memoria algunos momentos maravillosos, pero reconociendo que algunos otros dejan un sabor de boca con tintes mezclados. El respeto a la original existe, y ese es uno de los puntos relevantes; la mesa está puesta, la tertulia será animada tratando de explorar esos temas.

Los pequeños cambios respecto del musical en teatro incluyen elementos como un poco de más información sobre el origen del Fantasma, una canción (la de los créditos finales, interpretada por Driver), y una variante temporal en el famoso incidente del candelabro. Ligeros cambios que no rompen el peso de la traducción, y que respetan (quizá demasiado) a la obra original.

El ingreso en taquilla de esta versión fílmica será muy grande (aunque quizá no romperá récords), y el juego de versiones esta ahí: Si bien es cierto que la cinta tardó para no quitar ingresos al teatro, ¿qué pasará ahora?. ¿Los jóvenes, a los que aspira captar la cinta, irán en tropel a las gradas si se lo pueden permitir y están cerca de las ciudades donde se versiona?, ¿Bajarán las asistencias al teatro pues el cine es bastante más barato?… Las variables están en juego. La verdad es que una gran parte del mundo tendrá la oportunidad de ver por primera (y quizá única) vez el musical, algo que se agradecerá, los fanáticos (y adinerados, y adultos, y turistas) seguirán yendo a las majestuosas salas de teatro, de modo que el ritmo y devenir de la puesta en escena tendrá un futuro sólo definido por si misma, ya que un muy probable pico provocado por esta cinta, y el hype inicial, parece complejo con llenos permanentes ya existentes. En esta perspectiva, las butacas serán aún más caras, donde pueda jugarse con esa variable.

Como dato, la obra El Fantasma de la Opera fue producida en su totalidad por el grupo del Sir, lo que redujo costos (dicho por él mismo, el monto invertido, en el orden de los 70 millones de dólares, hubiera sido más cercano a 120 millones si se hubiera hecho con los grandes estudios), permitió 100% de “libertad” creativa (y las decisiones y elementos ya expuestos), y logró que el resultado final fuera el que podemos contemplar.

Obligada para quienes disfrutan del teatro musical, para los que ya han visto la obra y desean verla de nuevo en otro formato, y para todos aquellos que deseen ver por vez primera la magia de una historia llena de éxitos en teatro. Se trata de una cinta que no defrauda en lo que ofrece, que tiene un rol memorable que opaca muchos de los defectos que sí existen, y que llena de magia los oídos y el alma tras los créditos finales.

Una cosa es segura: Conozcan o no el musical y sus canciones, saldrán tarareando (por lo menos) los temas principales, o quizá hasta el leitmotiv de El Fantasma de la Opera…

La Nacion (Argentina)

3.00
Buena

Calificación en La Nación: Buena.

Clarin (Argentina)

2.00
Regular

Calificación en Clarin: Regular.

Comentarios

Bluesect0r comentó:

El Fantasma de la Ópera

5.000
"Increíble"

"Es un clásico, una película con una trama y unas canciones increíbles, es sencillamente magnífica.

Es una película que no te puedes perder. "

Hace un año ·  Un voto · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
rosaj comentó:

5.000
" ¡Increíble! "

Una maravilla esta versión de un clásico. Buenisimas interpretaciones, excelentes voces, ambientación, vestuario, canciones preciosisimas. Me encantó!!!

Hace un mes ·  Sin votos · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
Pauli_G comentó:

El Fantasma de la Ópera

2.500
"Regular (+)"

"No me gusto como adaptaron la historia..."

Hace un año ·  Sin votos · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
Elzhiita comentó:

El fantasma de la ópera

5.000
"Increíble"

"exelente pelicula.!!"

Hace un año ·  Sin votos · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
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