La épica historia vivida en los últimos meses por el joven director australiano James Wan y su coguionista (y además protagonista) Leigh Whannell permitía albergar esperanzas respecto de la originalidad y la audacia de "El juego del miedo".
Lamentablemente, esta vez el resultado artístico no está a la altura del fenómeno de marketing de e ... Leer más La épica historia vivida en los últimos meses por el joven director australiano James Wan y su coguionista (y además protagonista) Leigh Whannell permitía albergar esperanzas respecto de la originalidad y la audacia de "El juego del miedo".
Lamentablemente, esta vez el resultado artístico no está a la altura del fenómeno de marketing de esta pequeña producción que se convirtió en éxito comercial: rodada en apenas 18 días con un presupuesto de 1.200.000 dólares, esta opera prima que combina elementos del thriller y del terror recaudó más de cien veces esa cifra, mientras ya son varios los que la comparan con el boom de "El proyecto Blair Witch". Nada mal para dos amigos que se lanzaron a la aventura en los Estados Unidos poco después de haber egresado de una escuela de cine de Melbourne.
El film tiene un arranque prometedor: Lawrence Gordon (Cary Elwes), un exitoso cirujano habituado a lidiar con situaciones extremas, y Adam (Whannell), un típico joven impulsivo y temperamental, aparecen golpeados y encadenados a ambos extremos de un nauseabundo baño público abandonado. En el medio del recinto, yace el cadáver de un hombre con un arma. Al poco tiempo, descubren que los dos poseen un minicasete con instrucciones que deben seguir o, de lo contrario, serán las nuevas víctimas de un juego macabro, pergeñado por un famoso y perverso delincuente conocido como Jigsaw, dispuesto a darles lecciones de moral a sus atribuladas víctimas que siempre tienen algún pecado que ocultar (drogas, infidelidad o abusos).
Lo que sigue es una acumulación (en algunos momentos ingeniosa; en muchos, torpe) de referencias, elementos y senderos narrativos ya bastante transitados en el cine destinado al público adolescente: hay desde lugares comunes propios de las historias de asesinos seriales (con énfasis en "El silencio de los inocentes" y especialmente en "Pecados capitales"); una importante dosis de sadismo que remite a films como "Audition", del japonés Takashi Miike; cierto regodeo visual y una estilización manierista que recuerda a los famosos videoclips del grupo Nine Inch Nails; muchas escenas que apelan a los extremos del gore (vísceras y baños de sangre); y una apelación consciente a ciertos recursos escabrosos de la señal Reality TV.
Pero el principal problema del film de Wan -un director con cierto talento y un inmenso futuro en Hollywood- no es que haya bebido de tantas fuentes, sino cierta sensación de impunidad y la forma caprichosa (¿adolescente?) con que trabaja la odisea que sufren seres desesperados, sometidos a todo tipo de torturas, humillaciones y denigraciones físicas y morales.
Además, hay en sus realizadores (a la hora de pergeñar el guión y de la puesta en escena de las distintas subtramas del relato) tanta necesidad de demostrar su creatividad y sus habilidades que la profusión de flashbacks y de vueltas de tuerca terminan anulando el eventual efecto sobrecogedor y provocando que el abrumado espectador vaya perdiendo progresivamente su paciencia y su capacidad de sorpresa.
Otro de los aspectos negativos de "El juego del miedo" es su calidad interpretativa. Si Leigh Whannell luce medianamente convincente en la historia que él mismo creó, bastante menos eficaz resulta el trabajo del carilindo, ascendente pero muy inexpresivo actor inglés Cary Elwes. El resto del elenco tampoco tiene demasiadas posibilidades de lucimiento: en este sentido, da pena ver a buenos intérpretes como Monica Potter (la sufrida esposa del doctor) y al generalmente muy solvente Danny Glover, en uno de los peores trabajos de su carrera, en el papel de uno de los detectives que siguen las pistas de Jingsaw.
En sus buenos momentos, "El juego del miedo" permite aventurar mejores trabajos en el futuro de sus hacedores. En los peores, por su irresponsabilidad, por sus constantes desbordes y por sus resoluciones absurdas que llegan a generar hasta risas involuntarias, esta película no trasciende el subgénero de productos pensados para el consumo efímero y superficial de una platea adolescente sin demasiadas exigencias.
Diego Batlle
El Juego del Miedo
"Buena"
"el concepto de esta pelicula de terror como juego fue buena hasta despues de querer hacerla una serie por tantas peliculas que han continuado.
"