Jerome Peyser es podólogo, con una rutina diaria bien organizada para evitar todas las posibles fuentes de estrés. Su futuro consuegro, el agente de la CIA Steve Tobias, se mueve por la vida como un misil. Su rutina de trabajo consiste en esquivar balas, robar jets privados y negociar con contraba ... Leer más
Jerome Peyser es podólogo, con una rutina diaria bien organizada para evitar todas las posibles fuentes de estrés. Su futuro consuegro, el agente de la CIA Steve Tobias, se mueve por la vida como un misil. Su rutina de trabajo consiste en esquivar balas, robar jets privados y negociar con contrabandistas internacionales de armas. Antes de hacer el intento de anular esta boda, que lo unirá al consuegro más loco del planeta, Jerome se ve repentinamente envuelto en el caos que rodea a Steve, arrastrándolo hacia una serie de arriesgadas aventuras que llevan a estos dos seres opuestos a recorrer medio mundo.
| Género | Acción, Comedia, Suspenso |
|---|---|
| Título Original | The In-Laws |
| Director | Andrew Fleming |
| Protagonistas | Michael Douglas, Ryan Reynolds, Candice Bergen, Robin Tunney, Albert Brooks, David Suchet, Lindsay Sloane, Maria Ricossa |
| Año de producción | 2003 |
| Duración | 95 minutos. |
| MPAA rating | PG-13 - Aviso para los padres. Este material puede ser inapropiado para niños menores de 13 años |
| Guionista | Andrew Bergman |
| País | Estados Unidos |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 211 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 1 críticos |
| Ultima modificación | la vieja (Hace un año) |
La escasez de ideas que impera en Hollywood y que se refleja en la creciente proliferación de secuelas, remakes y adaptaciones ya está llevando a algunos productores a adoptar soluciones desesperadas. Por ejemplo, a recurrir, en busca de inspiración, a la filmografía de Arthur Hiller, un director todoterreno tan laborioso como impersonal. La el ... Leer más La escasez de ideas que impera en Hollywood y que se refleja en la creciente proliferación de secuelas, remakes y adaptaciones ya está llevando a algunos productores a adoptar soluciones desesperadas. Por ejemplo, a recurrir, en busca de inspiración, a la filmografía de Arthur Hiller, un director todoterreno tan laborioso como impersonal. La elección recayó en "The In-Laws", que si no es la más insípida de sus realizaciones, tampoco rebosa ingenio y para colmo parte de un esquema -la confluencia forzada entre el mundo hogareño y el del espionaje- que pudo haber sido más o menos novedoso en 1979, pero ha sido explotado hasta el agotamiento en los últimos tiempos.
En la nueva versión, Albert Brooks asume el papel que en la primera desempeñaba Alan Arkin. Ya no es dentista sino podólogo; un tipo metódico, obsesivo, aferrado a sus rutinas y cargado de fobias y prevenciones. No es la mejor compañía para un agente de la CIA (el personaje que encarnaba Peter Falk y ahora asume Michael Douglas), para quien la vida es una sucesión ininterrumpida de emociones fuertes y anda de aventura en aventura y de sobresalto en sobresalto. Pero ha querido el destino -o mejor: el corazón de sus hijos respectivos- que los dos caballeros estén a punto de convertirse en consuegros, y que las circunstancias se encarguen de convertirlos en compinches forzosos justo cuando está por concretarse la boda.
Así, el agitado ejercicio del espionaje irrumpe en la calma de consultorios y cátedras, lleva al timorato pedicuro a participar de una operación secreta (hay que impedir que un contrabandista francés se adueñe de un submarino ruso) y deba superar a la fuerza su terror a los aviones, conocer Francia, resistir los fogosos avances de un excéntrico traficante de armas, verse convertido él mismo en el peligroso Gran Cobra y tolerar que la gran fiesta que había planeado para el matrimonio de su hija termine a los tiros (más exactamente: a los misiles), con el FBI en acción y un submarino emergiendo de las aguas del lago Michigan. Todo por culpa del veterano émulo de James Bond que ha de convertirse en parte de la familia.
Chistes en la banda sonora
No es originalidad lo que se espera de una remake, pero por lo menos podría aspirarse a que la relectura elevara el nivel humorístico y, de ser posible, sumara alguna gracia extra. Si fue esa la intención de Nat Mauldin y Ed Solomon se nota poco. Por muy disparatada que se proponga ser una comedia también exige cierto ingenio y aquí éste asoma en dosis mínimas, si bien no faltan contados momentos de eficacia cómica, algunos de ellos debidos al amanerado traficante francés que compone David Suchet.
Douglas y Brooks gastan exuberancia, brío y sobreexcitación allí donde hacía falta diversión auténtica. Los restantes intérpretes -incluida una Candice Bergen apegada a la new age- asumen sus compromisos con profesionalismo y en ocasiones (como en el caso de Maria Ricossa, la mamá de la novia) con apreciable gracia. Es eficaz el empleo humorístico de la canciones que integran la banda sonora, una extensa lista que abarca del tema de "Vivir y dejar morir" y el de "Un hombre y una mujer" a viejos hits de Elvis Presley, Burt Bacharach y Barbra Streisand.
Fernando López


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