Abrumada por la fe ciega y el fervor de la joven novicia Hadewijch, la madre superiora la manda fuera del convento. Hadewijch vuelve a ser Céline, de 20 años, hija de un diplomático. Su apasionado amor a Dios, su rabia interior y su encuentro con Yassine y Nassir la conducen por caminos peligroso ... Leer más
Abrumada por la fe ciega y el fervor de la joven novicia Hadewijch, la madre superiora la manda fuera del convento. Hadewijch vuelve a ser Céline, de 20 años, hija de un diplomático. Su apasionado amor a Dios, su rabia interior y su encuentro con Yassine y Nassir la conducen por caminos peligrosos.
| Género | Drama |
|---|---|
| Título Original | Hadewijch |
| Director | Bruno Dumont |
| Protagonistas | Julie Sokolowski, Karl Sarafidis, Luc-François Bouyssonie., Sabrina Lechêne, Brigitte Mayeux-Clerget, Yassine Salime, David Dewaele, Marie Castelain, Michelle Ardenne |
| Año de producción | 2009 |
| Duración | 120 minutos. |
| Productor | Muriel Merlin, Rachid Bouchareb |
| Guionista | Bruno Dumont |
| País | Francia |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 52 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 2 críticos |
| Ultima modificación | jev233 (Hace 10 meses) |
En Hadewijch (título original que no debió ser cambiado por Entre la fe y la pasión, 2009), Bruno Dumont sigue los lineamientos estéticos de su filmografía, pero como nunca antes consigue plasmar en su película la idea del cine como lazo con lo espiritual, lo sagrado.
¿Qué mayor fanatismo religioso puede imaginarse que aquel que se hace ... Leer más En Hadewijch (título original que no debió ser cambiado por Entre la fe y la pasión, 2009), Bruno Dumont sigue los lineamientos estéticos de su filmografía, pero como nunca antes consigue plasmar en su película la idea del cine como lazo con lo espiritual, lo sagrado.
¿Qué mayor fanatismo religioso puede imaginarse que aquel que se hace visible en la escena de una joven expulsada de un convento por su propio dogmatismo? Eso le ocurre a Céline, una parisina de apenas veinte. Devota radical de Jesucristo, el afuera la enfrenta de lleno a una modernidad en donde convive desde el conformismo burgués hasta el fanatismo, esta vez no cristiano, sino musulmán.
El encuentro con dos muchachos árabes la llevarán a cuestionar su cosmovisión, a repensar categorías como el amor, la divinidad, el sexo, la conciencia. En ese peregrinaje interno, la película transmuta la inestabilidad de Céline en la consciencia del espectador como pocas obras consiguen hacerlo. En forma paralela, irrumpe el relato de un ex presidiario que intenta reconciliarse con el mundo, un personaje que resolverá parte de las gravitaciones internas de la muchacha en un plano final contundente.
El realizador sigue fiel a su estética austera, tan asociada al cine de Bresson. Más que de austeridad, convendría hablar de transparencia de la imagen, siguiendo la conceptualización estética de André Bazin. En ese sentido, es muy significativo el recorrido de la muchacha hacia el convento, al cual llega caminando y en un trayecto ascendente. Una unidad de acción sobre la que Dumont se detiene sin alterar el eje, pero tampoco desacreditando lo que le pasa al personaje. La película no ironiza sobre su degradación moral, sino que penetra en ella con la finalidad de comprender qué nociones de vida hay detrás de sus decisiones (aún las más revulsivas). Para ingresar de lleno a su interioridad, el realizador (en una operación estética que tiene mucho de La pasión de Juana de Arco de Dreyer) explora en los primeros planos todo el pathos de la joven no sólo en la secuencia apuntada sino en gran parte del metraje. El rostro de la debutante Julie Sokolowski (una revelación) le ha venido como anillo al dedo, cuesta imaginar una mejor opción.
En Hadewijch, Dumont no traiciona su filmografía, pero sí le otorga una dimensión de lo sagrado antes inédita. Proclamado como un “cineasta del pesimismo”, esa idea no está tan errada si pensamos en el mundanismo de los personajes de La humanidad (La humanité, 1999) y Flandres (2005), incapaz de desalinearse de la abulia y la ira contenida. Aquí, sin ceder a ningún tipo de psicologismo en la construcción del relato, enfatiza aquellos caracteres de los personajes que ponen en entredicho la relación entre voluntad y espíritu, religión y espiritualidad.
Su nueva obra adquiere una perspectiva mucho más vez esperanzada, pero no por ello lineal y unívoca, transformándose así en una obra abierta, luminosa, inevitablemente controvertida.
Bruno Dumont vuelve a sorprender, y a provocar, sin levantar la voz, que es la mejor (peor para los que se estremecen con sus propuestas) manera de abrir los ojos a quienes acostumbran a ver sólo la superficie de esos temas que conmueven actualmente a la humanidad. Lo hizo en reitiradas ocasiones, con La vida de Jesús , y también con La human ... Leer más Bruno Dumont vuelve a sorprender, y a provocar, sin levantar la voz, que es la mejor (peor para los que se estremecen con sus propuestas) manera de abrir los ojos a quienes acostumbran a ver sólo la superficie de esos temas que conmueven actualmente a la humanidad. Lo hizo en reitiradas ocasiones, con La vida de Jesús , y también con La humanidad , recurriendo a historias sencillas, pero analizables desde diferentes perspectivas, una decisión con la que el cineasta parece querer eludir cualquiera de los tópicos del cine pensado para festivales. El director, premiado en Cannes, demuestra una vez más ser un cultor de lo ascético y, en este caso, de lo sublime, más allá de cualquier cuestión ideológica. A pesar de seguir una historia que puede ser explicada de forma racional, lo esencial de Entre la fe y la pasión (una versión demasiado libre del título original, que se refiere solo a la protagonista de la historia) es puramente espiritual. Eso es lo que transmite Celine Hadewijch (interpretada con inusual potencia por la muy joven Juliette Sokolowsky), hija de un alto funcionario francés sumida en el amor a Dios de manera absoluta que, a consecuencia de esa postura, es expulsada del convento donde aspiraba convertirse en monja. Tras ese accidente en su vida, Celine se unirá a un joven palestino (Yassine Salim), fanático practicante, y a la célula terrorista islámica liderada por el hermano de éste.
A Dios rogando
El relato sigue a Celine de cerca, con lujo de detalles, la muestra primero en ese mundo fuera del mundo al que accedió por su origen burgués católico, con su amor loco por Dios y, así de golpe, sin perder sus convicciones, entrenándose, en otro mundo fuera del mundo, como integrante de un grupo terrorista, en donde la fe exige algo más que el sometimiento a reglas que implican un sacrificio extraordinario.
Es que Celine Hadewijch expresa su amor incondicional de Dios, y su definición de Dios por encima de todo implica que también puede servirlo desde el lugar que ese grupo extremista le da. Es decir con armas y explosivos. Es como si aspirara a ser una Juana de Arco islámica, según palabras del mismo cineasta, la representación de una mujer que se sacrifica por Dios.
El resultado es sólido, de una pieza, conmovedor y abierto, donde el atravesamiento político queda a cargo del espectador. Dumont se abstiene de hacer juicio de color alguno y provoca. El suyo es un cine contundente pero no obvio, que atrapa, genuino por donde se lo mire, algo poco frecuente en los tiempos que corren.
Claudio D. Minghetti


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