Hay algo que no cuadra con lo esperable en este planteo: es ella quien insiste una y otra vez en conocer su casa, y es él quien le recuerda, en idéntica cantidad de oportunidades, que siendo Hayley menor de edad, cualquier relación entre ellos es imposible. Pero el entusiasmo y los cumplidos de la jovencita terminan venciendo las precarias (o as ... Leer más Hay algo que no cuadra con lo esperable en este planteo: es ella quien insiste una y otra vez en conocer su casa, y es él quien le recuerda, en idéntica cantidad de oportunidades, que siendo Hayley menor de edad, cualquier relación entre ellos es imposible. Pero el entusiasmo y los cumplidos de la jovencita terminan venciendo las precarias (o asumidas) reticencias de Jeff, que no duda en manipularla y justificarse diciéndole que parece más grande de lo que es, y ciertamente actúa como alguien mayor.
En el momento en que el fotógrafo y la adolescente abandonan el territorio seguro, el café - Nighthawks , como la obra de Edward Hopper, una de las muchas referencias pop en el film- y llegan a la guarida del lobo (por continuar con las citas recurrentes de Hard Candy a Caperucita Roja), es cuando el film y la propia Hayley comienzan a mostrar sus verdaderas cartas: ella lo ha atraído hasta allí para evitar que vuelva a intentar aprovecharse de otras jóvenes dándole una lección, digamos, definitiva; él, por su parte, sigue protestando su inocencia mientras los roles se invierten -y por momentos parecen igualarlos a medida que ambos intentan hacerse del control de la situación.
Depredador y presa
Lo que sigue es un efectivo (y, en pasajes, decididamente efectista) retrato de alguna de las complejas aristas de un grave problema contemporáneo así como una filosa indagación sobre la naturaleza del poder enfrentado al deseo y, por supuesto, un claustrofóbico thriller acerca de los confusos límites entre la justicia y la venganza.
Con una sobresaliente actuación de sus dos protagonistas (que resuelven la exigencia del compromiso de sus intrigantes personajes con sensibilidad y sutileza) y un guión que logra pulsar cada una de las cuerdas dramáticas de la inquietante relación que construyen, la contundencia del planteo de Hard Candy termina, sin embargo, por acusar recibo de la naturaleza casi teatral de su despojada ejecución (dos únicos personajes intercambiando razones verbales y físicas en un único y modernísimo living), lo que fuerza al debutante David Slade a confiar quizás en demasía en su experiencia como director de videoclips para dotar de ritmo y frescura estética a un provocador film que nunca deja de involucrar al espectador, incluso hasta cuando se inclina por una tajante resolución que pone blanco sobre negro en lo que hasta ese momento era una llamativa y enigmática gradación de grises.
Dolores Graña
Excelente
lejos una peli que no se pueden perder;totalmente cambiante sin dejar de ser buena... algo muy dificil