Cruza entre “Blade Runner”, “Yo, Robot”, “Duro de matar” y, por qué no, “Avatar”, “IDENTIDAD SUSTITUTA” sigue a un agente del FBI (Bruce Willis) que en una sociedad futura investiga una conspiración tras el fenómeno tecnológico de los “sustitutos”: reproducciones de personas que permiten a los usuarios vivir de manera m ... Leer más Cruza entre “Blade Runner”, “Yo, Robot”, “Duro de matar” y, por qué no, “Avatar”, “IDENTIDAD SUSTITUTA” sigue a un agente del FBI (Bruce Willis) que en una sociedad futura investiga una conspiración tras el fenómeno tecnológico de los “sustitutos”: reproducciones de personas que permiten a los usuarios vivir de manera más arriesgada desde la comodidad del hogar (están conectados sensorialmente).
La entrega —basada en una novela gráfica— incluye todo lo que el rudo de Bruce Willis sabe hacer a la perfección, además de una trama interesante en la que ronda el espíritu del escritor Philip K. Dick.
Escapismo entretenido que, como si se tratara de una cinta ci-fi de los 70, evita los excesos visuales y narrativos.
Acá tenemos otro claro ejemplo de las obras literarias interesantes y profundas que se pueden encontrar en el mundo del cómic y cómo se arruinan cuando la industria cinematográfica se encuentra manejada por sujetos que subestiman a los espectadores.
Ojo, Identidad sustituta dentro de todo es un decente film pochoclero para pasarla bien un rat ... Leer más Acá tenemos otro claro ejemplo de las obras literarias interesantes y profundas que se pueden encontrar en el mundo del cómic y cómo se arruinan cuando la industria cinematográfica se encuentra manejada por sujetos que subestiman a los espectadores.
Ojo, Identidad sustituta dentro de todo es un decente film pochoclero para pasarla bien un rato en el cine, pero es importante destacar que la obra original en la que se basó esta producción era mucho más adulta y profunda.
No se trata de una historieta pedorra que agarraron al boleo.
La película es una adaptación de la novela gráfica The Surrogates, escrita por Robert Venditti con ilustraciones de Brett Weldele que fue publicada en cinco números entre el 2005 y el 2006.
Este año salió a la venta una precuela de esta historia.
Se trata de una muy buena obra de ciencia ficción en la línea de Philip K. Dick (“Los clanes de la luna alfana” y “Simulacros” remiten bastante a esto) y William Gibson que plantea un concepto interesante.
En el futuro los seres humanos permanecen encerrados en sus casas y viven sus vidas a a través de androides controlados por sus dueños con características físicas perfectas que son los que salen a la calle e interactúan con la gente.
Las cosas se complican cuando aparece un misterioso asesino que empieza a matar a estos androides que andan por la calle.
El criminal formaría parte de un movimiento social tecnófobo que promueve que la gente debería prescindir de estos robots y vivir sus vidas en serio en lugar de hacerlo por medio de aparatos tecnológicos.
El conflicto que plantea la trama es muy interesante y el escritor Venditti creó este cómic a partir de artículos periodísticos que leyó sobre las terribles consecuencias que sufre en el trabajo y la vida social la gente adicta a internet.
La película es la versión Disney de la novela gráfica y trabaja la conspiración que existe alrededor de las identidades sustitutas por otro camino.
Si bien el concepto de la historia se mantuvo, el director Jonathan Mostow optó por narrar este cuento con un enfoque totalmente distinto.
Para que se entienda bien.
El cómic desarrolla la trama como una novela policial negra donde el interés no pasa tanto por la acción, sino por el misterio.
La adaptación cinematográfica es…
Bueno, una de Bruce Willis en el futuro que incluye un final más Hollywood.
Al personaje principal prácticamente lo convirtieron en el nieto de John McClane.
En el cómic las cosas terminan de otra manera para el protagonista.
Mostow (U-571, Terminator 3) viene del palo de la acción y queda claro que ese género es lo suyo al ver el trabajo que hizo con ese tipo de secuencias que son bárbaras.
Toda la ambientación del futuro también está muy bien lograda y desde la realización en general el cineasta presenta un trabajo correcto.
El problema es que no contó con el apoyo de un buen guión. A diferencia de Sector 9 donde el director Neil Blomkamp supo combinar bien el entretenimiento con una historia profunda acá se quedaron a mitad de camino.
De todas maneras el film es bastante entretenido y Willis es quien saca la producción adelante con una buena interpretación.
La historia merecía una mejor adaptación, pero la película tampoco es un desastre y no queda otra que acostumbrarse a que en Hollywood no todos los cómics en el cine van a tener el tratamiento de Watchmen o Sin City.
Si Identidad sustituta fuera una película completa, tal vez sería buena en serio. La duración advierte que entre el rodaje y el estreno algo pasó. En términos de standard industrial, para un producto clase “A” 89 minutos son sinónimo de problema. Los agujeros negros de la trama, los saltos y bruscas interrupciones confirman que lo que lle ... Leer más Si Identidad sustituta fuera una película completa, tal vez sería buena en serio. La duración advierte que entre el rodaje y el estreno algo pasó. En términos de standard industrial, para un producto clase “A” 89 minutos son sinónimo de problema. Los agujeros negros de la trama, los saltos y bruscas interrupciones confirman que lo que llegó a los cines no es Identidad sustituta, sino retazos de lo que pudo haber sido. Teniendo en cuenta que en ella se imagina un mundo en el que cada uno puede tener su doble, parece coherente que la película que ahora conocemos no sea la original, sino su alter ego. La diferencia es que en la trama se supone que los dobles mejoran a sus modelos. Y aquí da toda la sensación de que sucedió lo contrario.
La idea básica es del más alto interés. Basada en una novela gráfica y con guión de los autores de Terminator 3 y 4, Identidad sustituta transcurre en un presente alternativo en el que cualquier hijo de vecino puede tener su versión sintética. Los “sustis” (así se los llama; surries, en inglés) son, se supone, “más lindos” que los originales. A éstos se les da el nombre de “operadores” y permanecen conectados a los dobles desde su casa, mediante una suerte de casco. El diseño de los sustis corresponde a un ideal de belleza tan kitsch como pueden serlo las narices, caras y tetas de cualquier cirujano plástico. Los sustis parecen siempre recién levantados de una cama solar, tienen la piel tirante, desde ya que son bastante más jóvenes que sus “operadores” y, en algún caso, brillan por su blondez y capacidad atlética. El más ridículo de todos, el susti de Bruce Willis, despierta, en cada una de sus apariciones, la más franca carcajada. Toda una broma hacia el actor, como desde hace rato Bruce tiene poco pelo, su susti es rubísimo y con un mechón que le cae sobre la frente. Además se comporta como un verdadero aparato (lo cual es). Parece un personaje de Peter Sellers, con la cara de Bruce Willis y el pelo y el cutis de Federico Klemm.
Chapeau también para la realización de los sustis. Hechos con una técnica semejante al motion capture, dan a la perfección la mezcla de familiaridad y extrañamiento requeridos. El mundo de Identidad sustituta es como despertarse un día, encontrando que de allí en más uno vivirá para siempre en el living de un talk show. Un horror. Las ideas sucedáneas son igualmente interesantes. A los sustis se los “recarga”, como a los celulares. No tienen por qué parecerse a sus dueños (el “operador” de una rubia escultural puede ser un gordo mal afeitado, por ejemplo) y los hay de distintas calidades. “Por ese precio qué quiere”, le echa flit el dueño de un local a Willis, después de ofrecerle un modelo que parece el robot de El Superagente 86.
La trama es bastante más de stock. Hay una suerte de epidemia de muertes de sustis y los policías Tom Greer (Willis) y Peters (la rubia Radha Mitchel, haciendo la versión glamour de sí misma) deben investigarla. Dos cuestiones complican el asunto. La primera es que junto con los sustis se están muriendo sus “operadores”. La segunda, que uno de esos operadores no es otro que el propio creador de los dobles (James Cromwell). Lo cual hace pensar en una posible megaconspiración industrial. Más novedoso es que los resistentes sean rastas. Los llaman dreads (palabra muy de la jerga reggae) y a su líder, interpretado por Ving Rhames, le dicen El Profeta (calidad que los rastas atribuían al emperador etíope Haile Selassie). Exhibiendo el mismo estilo seco, práctico y austero del que había hecho gala en Terminator 3, el siempre confiable Jonathan Mostow vuelve a lucirse, como allí (defenestradores de Terminator 3: ¡atrás!), con un par de escenas de rompecoches para agarrarse bien fuerte de la butaca.
El problema es que Identidad sustituta parece un edificio con algunos pisos de menos y otros en ruinas. Algunas subtramas simplemente desaparecen (la de los dreads es una), las relaciones entre los personajes son insuficientes, el desarrollo temático otro tanto, y el final es simplemente “Bueno, terminado, ahora todo el mundo a casa”. Aun así alguna escena, como la de la desconexión general de sustitutos, posee una enorme fuerza visual. En una palabra, el crédito a Mostow sigue en pie.
Por Horacio Bernades
Con menos de 80 minutos de narración netos (o sea, excluidos los créditos finales), este film dirigido por Jonathan Mostow ( Terminator 3 ) propone unos cuantos temas inquietantes respecto del futuro de una sociedad de consumo obsesionada por la perfección corporal y sometida por el abuso de las nuevas tecnologías, pero con el tiempo que debe ... Leer más Con menos de 80 minutos de narración netos (o sea, excluidos los créditos finales), este film dirigido por Jonathan Mostow ( Terminator 3 ) propone unos cuantos temas inquietantes respecto del futuro de una sociedad de consumo obsesionada por la perfección corporal y sometida por el abuso de las nuevas tecnologías, pero con el tiempo que debe dedicarles a las escenas de acción a cargo de Bruce Willis es escaso el espacio que le queda para profundizar en esas cuestiones centrales de la ciencia ficción con escalas en las obras de Isaac Asimov o Philip K. Dick.
No hay dudas de que Mostow es un correcto artesano al servicio de la industria, que los guionistas John Brancato y Michael Ferris (ligados a las dos últimas películas de la saga de Terminator ) saben cómo "salpicar" atractivos elementos futuristas (la historia tiene como origen una popular novela gráfica), que la elección de Willis como protagonista es siempre un acierto y que el presupuesto de 80 millones de dólares permitió una generosa oferta de espectaculares imágenes generadas por computadora (CGI), pero al mismo tiempo da la sensación de que el corte final de Identidad sustituta sufrió demasiadas amputaciones porque falta un mayor desarrollo de la historia, de los conflictos, de los personajes y del contexto social en el que transcurre, y porque las transiciones de una escena a otra resultan en algunos casos demasiado abruptas.
En un futuro no tan lejano (las ciudades siguen siendo bastante reconocibles), los seres humanos -hartos de las degradaciones de sus físicos- han decidido vivir a través de sus sustitutos, robots bellos y perfectos (la película es como un desfile incesante de modelos tanto masculinos como femeninos). Así, más del 99 por ciento de la "gente" que transita por la calle no son personas, sino creaciones de una corporación tecnológica que ha alcanzado un poder económico (y político) incontenible. Sin embargo, no todos están de acuerdo con esta tendencia y es así como se van conformando alrededor de un (falso) profeta (Ving Rhames) grupos neohippies que deciden rebelarse contra la dictadura de las máquinas y, por lo tanto, cada vez se producen más atentados contra estos incansables sustitutos que conllevan además un serio riesgo para sus usuarios.
En medio de una profunda crisis personal y familiar por la muerte de su hijo, el agente del FBI Tom Greer (Willis) debe abandonar la comodidad de utilizar su sustituto (una idea que remite por momentos a los replicantes de Blade Runner y al trabajo sobre la realidad virtual de El vengador del futuro ) y salir "en persona" a las calles atestadas de robots. Ese re(encuentro) con toda la artificialidad del mundo "real" le generará un nuevo cimbronazo emocional, mientras debe seguir las pistas de los sucesivos atentados.
La película tiene varias escenas muy logradas y un despliegue visual a tono con el profesionalismo y la creatividad de la producción a gran escala de Hollywood, pero extraña una mayor elaboración de ciertos aspectos dramáticos y de articulación de los personajes secundarios (como los dos principales papeles femeninos que interpretan Radha Mitchell y Rosamund Pike). Así, Identidad sustituta deja una sensación agridulce, ya que no se pudo aprovechar en toda su dimensión el potencial que el proyecto tenía.
Diego Batlle
En Los humanoides, Jack Williamson sugería la amenaza de robots capaces de sustituir al hombre para servirlo. Hacia 1950, Isaac Asimov describía las paradojas de las leyes de la robótica en Yo robot, y en 1969 Hugo Correa relataba la suplantación de humanos por alter egos mecánicos en Los títeres, tal como sucede en el muy digno thriller de c ... Leer más En Los humanoides, Jack Williamson sugería la amenaza de robots capaces de sustituir al hombre para servirlo. Hacia 1950, Isaac Asimov describía las paradojas de las leyes de la robótica en Yo robot, y en 1969 Hugo Correa relataba la suplantación de humanos por alter egos mecánicos en Los títeres, tal como sucede en el muy digno thriller de ciencia ficción Identidad sustituta (EU, 2009) del buen artesano Jonathan Mostow, quien construyó un interesante drama moral fanta-científico bajo el barniz de un relato policiaco. Inspirada en la notable novela gráfica de Robert Venditti ambientada en 2054, el filme relata la comercialización de replicantes humanoides. Hombres y mujeres viven encerrados en sus hogares en tanto que sus sustitutos (más guapos, fuertes), trabajan y se divierten por ellos. Mientras, una minoría de “carnosos”, que consideran aquello una abominación, viven en una suerte de ghetto bajo la guía de un gurú (Ving Rhames). En esa sociedad donde se ha reducido el crimen y las enfermedades pero la convivencia casi ha desaparecido, una pareja de policías, Tom Greer (Bruce Willis) y Peters (Radha Mitchell), investiga la destrucción de un par de estos robots, causada por un arma especial que a su vez ha acabado con la vida de sus portadores reales, uno de ellos, hijo del inventor de los sustitutos (James Cromwell). A pesar de cierta falta de ritmo, de secuencias de acción faltas de emoción y de la ausencia de una personalidad definida para una historia que pareciese hecha a la medida de John Carpenter (Están vivos) o Paul Verhoeven (Robocop), Identidad sustituta resulta una entretenida combinación de atractivas ideas que gravitan en relatos como Blade Runner, Sentencia previa, Yo robot o incluso Dimensión desconocida, con buenos momentos como el prólogo, la crisis emocional del protagonista y el eficaz final de una historia orientada a criticar ese consumismo voraz que nos convierte en máquinas.
Por Rafael Aviña
Identidad Sustituta
"Buena (+)"
"Buena película, no se marcará en la memoria, pero si la pasan en tv seguro la ves. Willis se las arregla para mantener su carrera sin demasiados altibajos como le sucede a varios de su generación"