Matt Damon y Paul Greengrass se olvidan de manera indefinida de Jason Bourne para dar pie a una nueva cinta de acción que se caracteriza por sus severos cuestionamientos políticos. El filme se centra en Miller, un militar que tras varios intentos fallidos por encontrar las armas de destrucción masiva ocultas en Irak, comienza a dudar de su propi ... Leer más Matt Damon y Paul Greengrass se olvidan de manera indefinida de Jason Bourne para dar pie a una nueva cinta de acción que se caracteriza por sus severos cuestionamientos políticos. El filme se centra en Miller, un militar que tras varios intentos fallidos por encontrar las armas de destrucción masiva ocultas en Irak, comienza a dudar de su propio gobierno y de las verdaderas intenciones de los políticos estadounidenses. Ante esta situación, el personaje iniciará una batalla contra su propia nación para tratar de encontrar la verdad, aunque eso lo lleve a aliarse con quienes alguna vez consideró sus enemigos.
El filme resalta por la presencia de Damon, quien además de ser un artista consolidado en el género, se encuentra apoyado por un gran reparto que incluye a Greg Kinnear, Jason Isaacs, Brendan Gleeson y Amy Ryan. Asimismo, la cinta cuenta con toda clase de vueltas de tuerca, intrigas y secuencias de acción, las cuales serán del agrado para los amantes del género.
Sin embargo, la gran diferencia entre este filme y otros que han tocado el tema de la guerra entre Estados Unidos y países del Medio Oriente es que lejos de mostrar a los iraquíes como simples espectadores, Greengrass da una voz al pueblo invadido, haciéndolos totalmente partícipes y fundamentales para el desenlace de la historia. Más importante aún es que los convierte en dueños de su propio destino y los libra de la eterna dependencia del típico héroe americano.
–Luis Miguel Cruz
P aul Greengrass se ha hecho un nombre con la segunda y tercera parte de la trilogía del agente Jason Bourne, pero sobre todo con su sobresaliente “United 93”, una plausible y nada patriotera ficción sobre lo que pudo ocurrir, verosímilmente, en el vuelo del título que estaba previsto se estrellara el 11-S contra la Casa Blanca, según el p ... Leer más P aul Greengrass se ha hecho un nombre con la segunda y tercera parte de la trilogía del agente Jason Bourne, pero sobre todo con su sobresaliente “United 93”, una plausible y nada patriotera ficción sobre lo que pudo ocurrir, verosímilmente, en el vuelo del título que estaba previsto se estrellara el 11-S contra la Casa Blanca, según el plan de los secuestradores, y que finalmente fue abortado por los propios viajeros, en una autoinmolación que nunca se les agradecerá bastante.
Greengrass, un británico fogueado como reportero en diversos frentes (incluidos algunos bélicos), ha conseguido, en su todavía no demasiado extensa carrera cinematográfica como director, desarrollar un estilo reconocible; sin ser afín (afortunadamente) a la vaina del Dogma’95 de Lars Von Trier, utiliza una filmación cámara en mano que, en su caso, deviene en una suerte de naturalismo muy de agradecer. También por fortuna, Greengrass sabe qué es lo que nos quiere contar y no utiliza el viejo truco de los directores incompetentes, que usan la cámara al hombro o la ausencia de trípode para aturrullar al espectador, aturdiéndolo con movimientos sin sentido y procurando que la sensación de vértigo se produzca más por el mareo de una cámara aquejada por el baile de San Vito que por la propia esencia de la escena de acción. En Greengrass eso no sucede: sus escenas de lucha, persecución y acoso están filmadas escrupulosamente, aunque con un nervioso movimiento de cámara que optimiza la sensación de realismo de la historia que se cuenta.
En esta “Green Zone. Distrito Protegido” Greengrass perfecciona su técnica, ya manifiestamente estilizada, y la pone al servicio de una historia, basada en un best seller del que fuera alto cargo de “The Washington Post”, uno de los referentes del periodismo mundial, como es sabido. La historia gira en torno a las famosas armas de destrucción masiva (ADM en el acrónimo español) y su búsqueda en Bagdad y otras ciudades al comienzo de la invasión de Iraq, allá por 2003, cuando el oficial que está al mando de esa búsqueda se da cuenta de que está siguiendo pistas falsas y sospecha que hay otra historia, no oficial, muy distinta de la real.
El tiempo, que todo lo pone en su sitio, confirmó lo que era un secreto a voces: la invasión de Iraq nada tuvo que ver con la supuesta tenencia de armamento nuclear o químico por parte de la dictadura de Sadam Hussein, y sí con la sed de petróleo de las grandes multinacionales del sector energético. Las ADM fueron la abyecta coartada para montar una invasión cuyas consecuencias todavía no hemos visto en su totalidad; por ahora, cuando esto se escribe, las que se ven a simple vista son un país devastado económica y socialmente, una guerra de guerrillas que no termina nunca, una interminable serie de atentados indiscriminados, un callejón sin salida para los aliados y la sensación de que ese tremendo disparate que fue la invasión de Iraq aún tiene que pasar una factura en miles, tal vez millones de muertos en todo el mundo.
“Green Zone” apuesta por la denuncia de una barbaridad, de una infame mentira que facilitó la invasión; lo hace, desde luego, como el vistoso artefacto de acción que es. En ese sentido, se utiliza un género, el bélico, al que suele ser habitual un público que (digámoslo así) le parece que Kierkegaard es el delantero centro de la selección danesa; estamos entonces dando un mensaje político, muy claro y muy verídico, es cierto, a gente que no suele detenerse demasiado en estas cuestiones. Bien está esa utilización de un género esencialmente dirigido a jóvenes de hormonas en ebullición y cacumen en estado de postración.
Greengrass se confirma como un cineasta valioso, con un estilo muy definido y unas ideas muy claras, que le perfilan como uno de los directores con más pedigrí del Hollywood liberal de nuestro tiempo.
Basada en el libro "Imperial Life in the Emerald City: Inside Iraqs Green Zone" de Rajiv Chandrasekaran. La historia transcurre durante los primeros y caóticos días de la guerra de Iraq, cuando era mejor no fiarse de nadie y cualquier decisión podía dar pie a consecuencias imprevisibles. Durante la ocupación de Bagdad en 2003 por tropas extran ... Leer más Basada en el libro "Imperial Life in the Emerald City: Inside Iraqs Green Zone" de Rajiv Chandrasekaran. La historia transcurre durante los primeros y caóticos días de la guerra de Iraq, cuando era mejor no fiarse de nadie y cualquier decisión podía dar pie a consecuencias imprevisibles. Durante la ocupación de Bagdad en 2003 por tropas extranjeras, mayormente estadounidenses, al subteniente Roy Miller (Matt Damon) y a su equipo de inspectores les encomiendan la misión de recorrer el desierto en busca de armas de destrucción masiva supuestamente almacenadas allí. Registran escondite tras escondite, a cual más peligroso, pero en vez de letales agentes químicos, descubren un elaborado plan que da la vuelta al propósito de su misión. Rodeado de agentes con objetivos contradictorios, Miller debe abrirse camino entre una maraña de espías en un país desconocido mientras intenta encontrar respuestas que quizá sirvan para salvar a un gobierno o para extender la guerra en una región muy inestable. No tardará en descubrir que, en un momento difícil y en una región explosiva, el arma más difícil de encontrar es la verdad.
Una película que mezcla una gran cantidad de tiros, explosiones y escenas de acción con el trasfondo político de lo que verdaderamente ocultó la invasión de Irak por parte de los Estados Unidos (y aliados). Petróleo, armas de destrucción masiva inexistentes, mezquindad sin límites y especulación estratosférica. Eso es lo que propone Paul Greengrass en una película entretenida que además nos recuerda el mundo en el que vivimos (la realidad siempre supera la ficción).
El ejército en combate empieza a preguntarse qué esta haciendo ahí: no tienen resultados concretos, la inteligencia no funciona, civiles inocentes mueren alrededor y el prestigio de las fuerzas armadas está derrumbándose estrepitosamente. Eso sí, los políticos dicen que todo está bien, fríamente calculado y que hay que seguir adelante. Tot ... Leer más El ejército en combate empieza a preguntarse qué esta haciendo ahí: no tienen resultados concretos, la inteligencia no funciona, civiles inocentes mueren alrededor y el prestigio de las fuerzas armadas está derrumbándose estrepitosamente. Eso sí, los políticos dicen que todo está bien, fríamente calculado y que hay que seguir adelante. Total, ellos viven cómodamente en Los Pinos... digo, en la Casa Blanca. La Ciudad de las Tormentas (Green Zone, EU-GB-Francia-España, 2010), el más reciente largometraje del especialista en docudramas políticos transformado en cineasta de acción Paul Greengrass (Domingo Sangriento, 2002, y Vuelo 93, 2006, dos películas de Jason Bourne) parece haber sido realizada para que los mexicanos nos veamos en ese deformado espejo de violencia, ineptitud y que fue la invasión estadounidense en Irak. El serio oficial Roy Miller (Matt Damon, impecable) está harto de buscar armas de destrucción masiva y encontrar, en su lugar, bodegas polvorientas y fábricas de excusados. Nadie quiere escucharlo: debe seguir las órdenes que se le dan y callarse la boca. Sólo un veterano agente de la CIA (Brendan Gleeson) comparte sus dudas: acaso no encuentran las susodichas armas porque nunca existieron. Formalmente hablando, Greengrass dirige su séptimo largometraje como si se tratara de Bourne IV: acezantes escenas de acción, cámara en mano siempre en movimiento, edición relampagueante. Sin embargo, esta vez el tema es ético-político, así que nuestro impoluto héroe Roy Miller no sólo tiene que correr y echar bala sino también debe pensar, atar cabos, descubrir mentiras, reprochar complicidades. En este sentido, la película se mueve en el terreno clásico del thriller liberal: aunque las instituciones fallen y los gobernantes sean unos pillos, siempre habrá un individuo que se arriesgue para hacer prevalecer la verdad al final de cuentas. El discurso es casi didáctico y, por lo mismo, el guión de Brian Helgeland no puede renunciar a las convenciones dramáticas más elementales (el informante iraquí que sale literalmente del suelo, el desenlace previsible a leguas). Aún con estos derrapes, La Ciudad de las Tormentas se sostiene como un sincero ejercicio de activismo político y entretenimiento hollywoodense. Una mezcla curiosa, eso sí.
Película basada en un libro de Rajiv Chandrasekaran. Guión de Brian Helgeland (“Mystic River”, “LA Confidential”).
Después de ocupar Bagdad, el subteniente Roy Miller (Matt Damon) y un equipo de inspectores recorren el desierto para intentar dar con las armas de destrucción masiva en un contexto de espionaje internacional y constante ... Leer más Película basada en un libro de Rajiv Chandrasekaran. Guión de Brian Helgeland (“Mystic River”, “LA Confidential”).
Después de ocupar Bagdad, el subteniente Roy Miller (Matt Damon) y un equipo de inspectores recorren el desierto para intentar dar con las armas de destrucción masiva en un contexto de espionaje internacional y constante peligro.
En el mismo período de “En Tierra Hostil” de Kathryn Bigelow, el director Paul Greengrass rodó esta cinta ambientada en Irak que compartía con la previa el mismo operador de cámara, Barry Ackroyd. Mientras este último se mantuvo controlado por Bigelow (una autora de escasa timidez en el movimiento de cámara) sin perder el sentido verité de cariz documental, en “Green Zone” se desata en un éxtasis del estilo tembloroso típico de Greengrass.
Con el objetivo de crear un escenario nervioso, tenso, urgente, la cámara en mano no cesa de moverse en el descolorido entorno de sus protagonistas.
El ritmo es dinámico y la acción alcanza momentos frenéticos…. Una pena que para muchos el objetivo de introducir al espectador en las maniobras de los personajes con tanto artificio de cámara termine provocando lo contrario: alejándolos y situándolos en el hastío con tanta estridencia, amateurismo y confluencia de tópicos.
La presencia de Matt Damon junto a Greengrass evoca a Jason Bourne y la historia parece una aventura de este último en paisajes desérticos de Irak.
Las pretensiones son altas en una mezcla de thriller político y aventura bélica, pero el guión, con ambiciones de revelar verdades siempre exigibles a gobiernos democráticos, maneja claves de prédica simplona con muy escasa creatividad y profundidad en historia, caracteres y situaciones.
La ciudad de las tormentas
"Muy Buena"
"No es raro que sean todos unos mafiosos y que siempre lo más importante sea la plata y el poder. Esta peli lo retrata perfectamente no hay bando que sea favorecido y eso lo bueno y por mas que todos ya sepamos como son las cosas no esta mal ver esto para reflexionar un poco."