La Extranjera

La Extranjera
Listo, agendada

Sinopsis

María es una mujer argentina de carácter taciturno y reservado que vive en Barcelona. La muerte de su abuelo, último sobreviviente de la familia, la obliga a regresar a un rincón perdido de la Argentina, Indio Muerto. Luego de un viaje interminable, María llega al campo habitado sólo por el vi ... Leer más 

María es una mujer argentina de carácter taciturno y reservado que vive en Barcelona. La muerte de su abuelo, último sobreviviente de la familia, la obliga a regresar a un rincón perdido de la Argentina, Indio Muerto. Luego de un viaje interminable, María llega al campo habitado sólo por el viento persistente y las nubes de polvo que aumentan la soledad del lugar. Inesperadamente, ella decide quedarse.

Ficha técnica

Género Drama
Título Original La Extranjera
Director Fernando Díaz
Protagonistas Roly Serrano, Arnaldo André, María Laura Cali, Norma Argentina
Año de producción 2008
Duración 92 minutos.
Guionista Fernando Díaz
País Argentina
Calificación de la comunidad
Calificación promedio: 2.46
Calificación media basada en 25 personas
Calificación de la prensa
Calificación promedio: 3.00
Calificación media basada en 2 críticos
Ultima modificación jev233 (Hace un año)

Imágenes

Críticas de la prensa

Página 12 - H. Bernades (Argentina)

3.00
Buena

Es posible que a La extranjera, opus 2 de Fernando Díaz, le suceda lo que a su protagonista, que durante casi toda la película fluctúa entre dos países, dos pertenencias, dos versiones de sí misma. En términos cinematográficos, la película de Díaz (quien después de su ópera prima, Plaza de almas, trabajó durante una larga década como r ... Leer más Es posible que a La extranjera, opus 2 de Fernando Díaz, le suceda lo que a su protagonista, que durante casi toda la película fluctúa entre dos países, dos pertenencias, dos versiones de sí misma. En términos cinematográficos, la película de Díaz (quien después de su ópera prima, Plaza de almas, trabajó durante una larga década como realizador de documentales para la televisión francesa) se atiene, durante largos tramos, a un cine de observación hecho de elipsis y mudeces, renuente al psicologismo. Finalmente, opta por lo contrario, explicitando, con pelos y señales, todos los conflictos internos de los personajes, que hasta entonces habían permanecido soterrados. La sensación que queda es que aquellos largos planos del comienzo, en los que la cámara observa a la protagonista sin pretender arrancarle confesiones, fueron apenas el paso previo para terminar desembocando en un “juego de la verdad” que, como en el teatro o la televisión, permite saberlo todo, aclararlo todo.

Lejos de las obviedades (y la vulgata hippie a destiempo) de Plaza de almas, las secuencias iniciales de La extranjera tienen misterio. Por aquello que no dicen, que no llegan a ver, que no pretenden dilucidar. En una ciudad que no es argentina, una mujer atiende el guardarropas de una disco y hace tareas de limpieza. Pasea sola, va a ver una fiesta callejera, vuelve a su trabajo y, por corte directo (más un salto que un corte, como volverá a suceder un par de veces en el curso de la película), ya está en un avión. Baja en Ezeiza, se toma un ómnibus, va a parar a un pueblito y, en el pueblito, al despacho de un escribano, que le habla de unos papeles, una chacra, una muerte, una sucesión. La cámara se acopla al ritmo interno de la protagonista, prefiriendo la verdad del plano antes que la imposición narrativa. El tiempo fluye lento, cansino, sin acontecimientos destacados. Como la propia vida en el pueblito de Indio Muerto, donde María (la ajustada María Laura Cali) ha venido, directamente desde Barcelona, a hacerse cargo de la chacra que dejó el abuelo, último pariente vivo, que acaba de morir.

Es paradójico el modo en que María se va quedando en Indio Muerto: no lo decide nunca del todo, pero hace un resuelto esfuerzo de adaptación. Ocupa la casa del abuelo, pide un caballo, aprende a montar, hace arrope, se defiende de un puma escopeta en mano. Alrededor de ella afloran ciertos tipos, herencias, tal vez, de un costumbrismo involuntario. Como Tulio, típico comerciante de pueblo, dueño del almacén y “poronga” de la zona, al que Roly Serrano pinta como cerdo arrastrado y peligroso. O la criada (Norma Argentina) que observa a la recién llegada con mezcla de envidia y recelo pueblerino. Sobre todo al enterarse de que “viene de Europa”, como Tulio se ocupa de enrostrar a los cuatro vientos. Algunos tipos son, más que típicos, ligeramente inconcebibles. Como el que Arnaldo André encarna con prestancia: un gentleman que parecería haber extraviado el camino al country en medio del polvo de San Luis, y que congracia a la “extranjera” con patays y arropes.

Quién es esa mujer, cómo fue a parar a Barcelona, por qué se mantiene a distancia, son cosas que el último tercio de película se ocupará de contestar, todas y de a una, echando mano de ciertos tópicos (el padre-víctima de la dictadura), mientras hace equilibrio para no caer del todo en otros. Como la inevitable seducción entre el señor local y la señora visitante. Se esquiva ese lugar común, pero se cae en otro peor, cuando ambos “extranjeros” terminan trayendo el progreso a la zona. Como si hiciera falta ser porteño para tener el empuje y la visión necesarias para convertir el arrope, de mera conserva para consumo de vecinos, en producto de exportación internacional. Proyecto tan megalómano, en definitiva, como podría serlo el de algún caudillo provincial con manías de grandeza.

Por Horacio Bernades

La Nación - A. C. Martínez (Argentina)

3.00
Buena

María es una argentina que, como tantos, buscó refugio en Barcelona para tratar de cambiar su existencia. Pero su carácter taciturno y reservado le impide concretar sus aspiraciones de hallar la verdadera felicidad. Al enterarse de la muerte de su abuelo, último sobreviviente de la familia, María decide regresar y aquí se entera de que le hab ... Leer más María es una argentina que, como tantos, buscó refugio en Barcelona para tratar de cambiar su existencia. Pero su carácter taciturno y reservado le impide concretar sus aspiraciones de hallar la verdadera felicidad. Al enterarse de la muerte de su abuelo, último sobreviviente de la familia, María decide regresar y aquí se entera de que le había dejado como herencia una casona en un pequeño pueblo del interior.
Luego de un viaje interminable, ella llega al campo habitado sólo por el viento persistente y las nubes de polvo que aumentan la soledad del lugar. Sin embargo, ese contacto con la naturaleza hace que María comience a sentirse atraída por esa inmensa llanura y por los recuerdos que su abuelo esparció por toda la casa. El encuentro con Juan, un hombre que está al frente de una estancia y que, como ella, necesita de cariño y comprensión, transforma el carácter de María. Halló, por fin, un alma gemela que pronto le entregará su amor.

El director Fernando Díaz, que había debutado en el largometraje en 1998 con Plaza de almas , aporta a su historia la necesaria ternura para que lo que cuenta en su propio guión contenga esos elementos que radiografían a la protagonista, personaje al que María Laura Cali supo expresar más con breves gestos que con palabras. No menos acertada es la labor de Arnaldo André como ese estanciero que descubre el amor. Una excelente fotografía y una adecuada banda musical colaboran para que este film, pese a cierta morosidad, se convierta en una buena historia.

Adolfo C. Martínez

Comentarios

floorh calificó:

Excelente

sta buenisima

Hace 2 años ·  Sin votos · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
Calificación promedio

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