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Sinopsis

Basada en una historia real. Rainer Wegner, un profesor de un colegio secundario pone en marcha un experimento que está seguro de que permitirá explicar a sus alumnos cuál es el funcionamiento de los gobiernos totalitarios. Lo que comienza como un juego en relación con la disciplina y la idea de comunidad se convierte en un movimiento llamado Die Welle (La Ola). Cuando el profesor decide terminar el experimento, se da cuenta de que es demasiado tarde, porque La Ola es demasiado grande.

Ficha técnica

Género Drama
Título Original Die Welle
Director Dennis Gansel
Protagonistas Jürgen Vogel, Jennifer Ulrich, Frederick Lau, Christiane Paul, Max Riemelt
Año de producción 2008
Duración 107 minutos.
MPAA rating G - Audiencia general. Apto para todo público
Guionista Peter Thorwarth, William Ron Jones, Johnny Dawkins, Todd Strasser, Ron Birnbach, Dennis Gansel
País Alemania
Calificación de la comunidad
(Basada en 901 personas)
Calificación de la prensa
(Basada en 5 críticos)
Ultima modificación André.Tinoco (Hace 4 anos)

Críticas de la prensa

Comunar - M. Lipszyc (Argentina)

Pensando fríamente, uno podría creer que hoy sería imposible que una dictadura con amplio respaldo popular se instale en el poder de una potencia occidental. (Más allá de que pueda opinarse respecto del último presidente estadounidense, lo cierto es que mal que mal, la democracia funcionaba y de hecho terminó yéndose por los votos…). Lo m ... Leer más Pensando fríamente, uno podría creer que hoy sería imposible que una dictadura con amplio respaldo popular se instale en el poder de una potencia occidental. (Más allá de que pueda opinarse respecto del último presidente estadounidense, lo cierto es que mal que mal, la democracia funcionaba y de hecho terminó yéndose por los votos…). Lo mismo opinaba un profesor de un colegio secundario, hasta que comprobó que dominar a una masa de personas es mucho más simple de lo que parece. De ese experimento sucedido “en la vida real” trata la muy buena película alemana La Ola.

El film nos ubica en un secundario alemán en la actualidad, en donde el profesor “buena onda” Reiner Wenger -Jürgen Vogel- se ve obligado a explicarle a sus alumnos el mecanismo político de la “autocracia”. En cuanto desarrolla el funcionamiento de los sistemas totalitarios, los alumnos aseguran que es impensable un sistema similar al Nazismo hoy en día, y es por eso que comienza un experimento: su objetivo secreto será demostrarles que es muy simple influenciar a la sociedad para que siga a un líder carismático y que terminen sin pensar de forma individual sino en pos “del bienestar general”.

Los cambios que va aplicando al curso son paulatinos. Primero ordena los bancos “para una mejor atención”, luego los obliga a ponerse de pie cada vez que hablen porque esa postura “mejora la respiración”, los convence de vestirse todos iguales “para eliminar las diferencias” y, sin prisa pero sin pausa, los chicos van acatando las órdenes. Así, lo que comienza como un juego se va agigantando, y entonces el movimiento ya decide un nombre (justamente La Ola), un saludo, y se desata una intolerancia ante todo aquel que no se sume. El problema es que llega un momento en que el experimento se le escapa de las manos, y La Ola comienza a tener vida propia más allá del aula…

La película está basada en un caso real sucedido en 1967, cuando un profesor de una secundaria californiana decidió implementar un sistema similar al no poder responderle a un alumno preguntas relacionadas al Nazismo del estilo “¿Cómo pudo toda la sociedad alemana, desde camioneros hasta profesionales, permitir que un regimen así sucediera ente sus narices?”. Así nació el movimiento La Tercera Ola, pero ante el nivel de intolerancia y violencia ejercido por sus integrantes, el docente tuvo que dar por terminada la investigación a los cinco días.

Unos años después, en los ‘80, se publicó una novela de ficción basada en este caso también bajo el título de La Ola, que sirve como base para este film. Además, en 1981 hubo una película para la TV que también rememoraba estos hechos.

Lo genial que ofrece esta nueva versión en largometraje es que no sólo aggiorna la cuestión hasta nuestros días, sino que la decisión de ambientarla en un país como Alemania le suma la dosis de dramatismo necesaria para invitar al pensamiento post film. De hecho, no es casualidad que haya sido la película más vista en tierras germanas durante 2008, llevando a las salas a más de 3 millones de espectadores…

La película no sólo ha sido un éxito de taquilla, sino que también ha logrado distinciones y menciones en festivales internacionales como el de Sundance, los European Film Awards y los German Film Awards.

4.00
Muy Buena

Página 12 - L. Monteagudo (Argentina)

Masivo éxito de público en su país de origen, Alemania, y succès d’estime en varias capitales, lo que ahora facilita su resonante estreno en Buenos Aires, La ola es esa clase de películas denominadas “de tesis”, que le deben menos a sus cualidades cinematográficas que a su voluntad manifiesta de provocar un debate, del cual no parece di ... Leer más Masivo éxito de público en su país de origen, Alemania, y succès d’estime en varias capitales, lo que ahora facilita su resonante estreno en Buenos Aires, La ola es esa clase de películas denominadas “de tesis”, que le deben menos a sus cualidades cinematográficas que a su voluntad manifiesta de provocar un debate, del cual no parece difícil adivinar a priori sus conclusiones. Correcta en sus facetas estrictamente técnicas y eficiente (a la manera en que lo puede ser un producto bien terminado) como máquina narrativa, el film escrito y dirigido por Dennis Gansel recrea en términos actuales la tristemente célebre experiencia docente californiana de Ron Jones allá por 1967, cuando en poco menos de una semana consiguió que un grupo de adolescentes aburridos y apáticos se transformara en una activa comunidad filofascista, gracias al sentido de pertenencia que disparaba en ellos la más rígida disciplina y la disolución de la identidad individual en favor del espíritu de cuerpo.

La acción tiene lugar ahora en una escuela secundaria alemana, con chicos de buen pasar económico, a quienes no parece faltarles absolutamente nada, salvo quizás alguna motivación más profunda que la pulsión por gastar su tiempo y dinero en un shopping o ensordecerse en una disco. (Nada muy distinto de lo que sucede en las clases medias de medio mundo, lo que en términos de marketing acerca en principio la identificación de un público internacional con la película, fríamente calculada para que despierte el interés de padres e hijos, docentes y alumnos, todos actores potenciales del pretendido debate.)

Uno de los profesores de esta escuela es Rainer Wenger (Jürgen Vogel, un rostro muy conocido en el cine alemán de la última década), joven, informal, con un pasado berlinés como squatter y amante del punk rock, como lo prueban sus obvias remeras de The Clash y los Ramones. Parece la persona indicada para dar un seminario sobre Anarquía, pero otro profesor –pintado como su antítesis: un gris veterano de saco, corbata y anteojos– se le adelanta, con lo cual a Rainer no le queda más remedio que aceptar lo que le queda: el proyecto de Autocracia. La simpatía que se ha ganado el profesor entre sus alumnos logra sin embargo cosechar una buena cantidad de inscriptos, que aumentarán a medida que comiencen a circular como un reguero de pólvora sus métodos no convencionales para tratar el tema.

El problema de La ola como cine es que somete a su espectador a la misma manipulación con que Rainer va llevando de las narices a sus alumnos. La idea del profesor y de la película es la misma: que tanto los estudiantes como el público se dejen llevar por “la ola” para descubrir, hacia el final, algo que por otra parte todo espectador, se supone, ya sabe antes de entrar al cine: que el fascismo es malo y peligroso. La diferencia, en todo caso, estriba en que los alumnos de Rainer no parecen darse cuenta hasta que ya es demasiado tarde y se precipita la tragedia.

Si en Funny Games, el austríaco Michael Haneke confrontaba a su público con la violencia más descarnada para provocarle una reacción revulsiva, inversa a la complicidad con que suele aceptarla pasivamente en el cine y los medios masivos; o si en Elephant, Gus Van Sant, a partir de la matanza escolar de Columbine, se permitía inquietar a partir de un film que ofrecía infinidad de preguntas y ninguna respuesta, La ola es todo lo contrario: una película que, como tantas, utiliza la violencia –aunque más no sea potencial– como anzuelo y que parece tener todas las respuestas antes de haber formulado las preguntas.

En la rígida estructura de La ola, cada uno de los personajes no vibra por sí mismo, por sus propias contradicciones y complejidades, sino a partir de la función estricta y unívoca que le asigna en su mecanismo el guión y que cumple dócilmente en la utilitaria puesta en escena: el profesor, su mujer también docente, los directivos, los padres, cada uno de los alumnos (los chicos ricos que tienen tristeza, el turco y el ossie que se sienten disminuidos, el débil de carácter que se convierte en el primer nazi), absolutamente todos representan un engranaje, un estereotipo, una “idea” previamente asignada por el libreto para armar el Meccano que termina siendo la película.

A diferencia de Entre los muros, de Laurent Cantet, que también se ocupa de educantes y educandos, y donde el cine nunca cede ante el tratado sociológico, porque todas las puertas y ventanas del aula y del film –a pesar de transcurrir entre cuatro paredes– están abiertas y se percibe la agitación y la incertidumbre de la vida cotidiana, La ola en cambio es una película cerrada como un paquete, en el cual no habita ninguna sorpresa, ninguna verdadera inquietud, nada que enfrente al espectador con algo que ya no sepa o piense de antemano. En cine, no hay peor conformismo que ese.

Por Luciano Monteagudo

3.00
Buena

La Nación - F. López (Argentina)

En el origen de La ola hay un hecho real: el experimento de un profesor de Palo Alto, California, que hace 42 años buscó examinar la naturaleza del totalitarismo proponiendo un juego de rol según el cual la clase se convertiría en la réplica en miniatura de un régimen basado sobre la disciplina, el espíritu de cuerpo, el sometimiento a un ... Leer más En el origen de La ola hay un hecho real: el experimento de un profesor de Palo Alto, California, que hace 42 años buscó examinar la naturaleza del totalitarismo proponiendo un juego de rol según el cual la clase se convertiría en la réplica en miniatura de un régimen basado sobre la disciplina, el espíritu de cuerpo, el sometimiento a un líder carismático, atlético y autoritario (él mismo), la ciega obediencia a las normas del grupo y una serie de códigos identificatorios.

La ficción del alemán Dennis Gansel traslada la historia a su país (como ya lo había hecho el libro de Todd Strasser/Morton Ruhe que muchas escuelas germanas adoptaron y es un clásico juvenil) para demostrar que aun en una democracia tan sólida subsiste el peligro de un nuevo fascismo. Una juventud carente de ideales, desinteresada de lo político, xenófoba e individualista, falta de contención y de grupos de pertenencia -dice el film- sería fácilmente seducida por las certezas que le ofrece un régimen donde las disidencias se disuelven en la cohesión del grupo, los miedos se dominan y hasta los actos de violencia y vandalismo son legitimados en nombre de la causa. También concurren a fundamentar esa alarma otras condiciones que Gansel juzga determinantes: el malestar social, la frustración, los efectos del mundo globalizado, etc.

Gansel apuesta al impacto más que al examen o la reflexión, y en su afán simplificador y complaciente termina cayendo en contradicciones o desatendiendo vertientes interesantes (por ejemplo, el proceso interior del profesor). Lo que busca es sembrar en cada uno la necesidad de mantenerse vigilante frente a los propios indicios de autoritarismo y apunta en especial al público juvenil con una estética y un lenguaje propio de las teen-movies, rock y vértigo de clip incluidos. Y aunque narra con brío, acierta en varias observaciones y tiene el apoyo de un elenco impecable, en su film sobran didáctica y discursos y falta elaboración dramática: los personajes-estereotipos sólo ilustran lo que Gansel quiere demostrar. El efectista final responde también a la voluntad de impactar.

Fernando López

3.00
Buena

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Comentarios

mon28 calificó:

Muy Buena

Interesante planteo que debe inquietar a más de uno en la Alemania actual. Buenas actuaciones, buen tiempo...

Hace 7 anos · Un voto · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
alen calificó:

Excelente

Excelente. Cuando la necesidad de incentivar, estimular, impulsar te lleva a una salida inesperada, ¿que hacer? O tal vez no sea necesario hacer nada, porque lo que emerge, siempre estuvo ahi latente, esperando.

Hace 7 anos · Un voto · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
flordeojos calificó:

Buena

Me gustó la peli pero sin dudas "El experimento" es muchísimo mejor.
No pudieron convencerme las actuaciones de q todo esto pasó en 1 semana.

Hace 8 anos · Un voto · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder

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