Sarah Morton, célebre autora de novelas policíacas, está deprimida, cansada y con un bloqueo creativo. No muy convencida, decide aceptar la invitación de su editor, John Bosload, quien le presta su casa en la campiña francesa para que ella pase allí un tiempo. En medio de la belleza de este s ... Leer más
Sarah Morton, célebre autora de novelas policíacas, está deprimida, cansada y con un bloqueo creativo. No muy convencida, decide aceptar la invitación de su editor, John Bosload, quien le presta su casa en la campiña francesa para que ella pase allí un tiempo. En medio de la belleza de este solitario lugar, Sarah se siente bien y se pone a escribir, organizando sus días en función de la redacción de su nueva novela. Esa paz se rompe con la llegada de Julie, la hija francesa del editor, quien con su ritmo y estilo de vida desenfrenado choca con Sarah, transformándose en la principal fuente de inspiración de su novela. Las tensiones entre ambas no cesan del todo y se manifiestan en una sucesión de extraños acontecimientos, en los cuales la trama de la novela que está escribiendo Sarah y un hipotético asesinato real, parecen mezclarse peligrosamente.
| Género | Suspenso |
|---|---|
| Título Original | Swimming pool |
| Director | François Ozon |
| Protagonistas | Charlotte Rampling, Ludivine Sagnier, Jean-Marie Lamour, Charles Dance, Mireille Mossé, Marc Fayolle, Lauren Farrow. |
| Año de producción | 2003 |
| Duración | 105 minutos. |
| Guionista | François Ozon & Emmanuèle Bernheim |
| País | Reino Unido |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 148 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 2 críticos |
| Ultima modificación | solana (Hace 2 meses) |
Un aislado caserón en la calma veraniega del interior francés y, dentro de él, personajes entre los cuales se agitan tensiones más o menos subterráneas. Una piscina de aguas transparentes y un puñado de misterios oscuros esparcidos como al azar. Una señorial y juiciosa escritora inglesa que ha llegado al lugar en busca de sosiego para poder ... Leer más Un aislado caserón en la calma veraniega del interior francés y, dentro de él, personajes entre los cuales se agitan tensiones más o menos subterráneas. Una piscina de aguas transparentes y un puñado de misterios oscuros esparcidos como al azar. Una señorial y juiciosa escritora inglesa que ha llegado al lugar en busca de sosiego para poder superar su vacío de inspiración y una jovencita francesa, desprejuiciada y sensual, cuya inesperada visita trastorna todos los planes.
Los contrastes abundan en este sugerente, atractivo y engañoso relato de Ozon, que manipula unos cuantos estereotipos del thriller para combinarlos con perversos juegos de atracción y rechazo, un clima erótico ligeramente perturbador, cierto glamour formal muy a la europea, bastante ambigüedad como para que se borren los límites entre lo imaginario y lo real y la indispensable intriga que cuando parece resuelta todavía reserva para el final una revelación sorpresiva.
El propósito fundamental parecería ser internarse en los mecanismos que derivan en el proceso creativo, pero a la larga lo que se percibe más claramente en este primer trabajo en inglés de Ozon es su voluntad de seducir, de envolver al espectador en su juego persuasivo y superficial, para lo cual tiene suficientes dotes, como lo ha demostrado en films anteriores, en especial en la mucho más provocativa y sustanciosa "Bajo la arena".
También aquí cuenta con el equívoco e inquietante encanto de Charlotte Rampling, aunque esta vez a ella y a todos los demás les han tocado personajes que son casi una exageración del estereotipo. Salvo en el aspecto físico -la belleza madura de Rampling conserva el porte, el misterio y la autoridad-, la escritora de novelas policiales responde a la imagen clásica de inglesa discreta y distante cuyas pasiones jamás se liberan de la rigidez de las formas. A la inversa, la chica que viene a perturbar su paz (la incitante Ludivine Sagnier) responde al típico modelo de francesita desinhibida y hedonista cuyo desparpajo sólo es comparable con su sed de aventuras amorosas.
Atracción y rechazo
No puede ser fácil la convivencia entre las dos, porque una, la novelista, sólo ha aceptado instalarse en la residencia de verano de su editor inglés para hallar quietud y concentrarse en la escritura de un nuevo libro, y la otra, hija del dueño de casa, llega imprevistamente para pasar unos días de vacaciones, lo que incluye tardes de sol y piscina, música a todo volumen, alcohol, marihuana y desfile de amigos ocasionales. La conducta de una perturba a la otra, claro, pero también enciende su curiosidad. Sólo falta que entre en escena el indispensable tercero para que las tensiones se intensifiquen, el aire se cargue de energía erótica y se llegue hasta el crimen y la complicidad.
Ozon no les teme a los clisés (no faltan el viejo jardinero sumiso ni el apuesto galán de provincias cuya presencia exacerba el deseo femenino); tampoco se preocupa demasiado por la falta de rigor a la hora de sazonar la historia con elementos presuntamente intrigantes o trampitas maliciosas (la intempestiva reacción de la deforme hija del jardinero, el recelo de éste cuando descubre tierra recién removida, el improbable remate de esa situación en la cama de la protagonista). Lo importante es que la atención se mantenga firme, que el espectador se sienta tentado a buscar la explicación de cada pista y que por todos lados se cuele una engatusadora ambigüedad un poquito perversa.
Dejarse llevar por ese convite puede producir considerable deleite mientras dura la proyección; es probable que después se llegue a la conclusión de que la aventura imaginativa propuesta por Ozon es bastante intrascendente y que de ella sólo queda el placer inmediato proporcionado por un realizador que conoce bien su oficio y tiene apoyos sólidos en la ambientación, en las imágenes de Yorick Le Saux, en la sugerente música de Philippe Rombi y sobre todo en el innegable atractivo de las dos figuras femeninas que responden a la perfección a la naturaleza de sus personajes y hacen perceptible el velado erotismo que anima su relación.
Fernando López


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