Retrato de las relaciones entre cuatro familias vecinas en un barrio residencial de una ciudad de los Estados Unidos.
| Género | Drama |
|---|---|
| Título Original | The Safety of Objects |
| Director | Rose Troche |
| Protagonistas | Kristen Stewart, Glenn Close, Patricia Clarkson, Timothy Olyphant, Joshua Jackson, Dermot Mulroney, Mary Kay Place, Moira Kelly, Alex House, Robert Klein, Jessica Campbell |
| Año de producción | 2001 |
| Duración | 120 minutos. |
| País | Reino Unido · Estados Unidos |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 27 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 1 críticos |
| Ultima modificación | littlemissunshine |
El retrato de la vida en los suburbios burgueses de la gran ciudad ya parece a punto de convertirse en una suerte de subgénero, tanta ha sido su frecuentación en el cine norteamericano de los últimos tiempos. También Rose Troche apunta a descubrir en esos ambientes el lado menos luminoso del american way of life: una superficie en que el falso ... Leer más El retrato de la vida en los suburbios burgueses de la gran ciudad ya parece a punto de convertirse en una suerte de subgénero, tanta ha sido su frecuentación en el cine norteamericano de los últimos tiempos. También Rose Troche apunta a descubrir en esos ambientes el lado menos luminoso del american way of life: una superficie en que el falso bienestar que prodigan el consumo y la acumulación de bienes no alcanza a disimular el vacío interior y la profunda insatisfacción que reina entre sus habitantes.
La directora ha intentado exponer su informe de situación a partir de varios relatos de A. M. Homes que ella enlazó y combinó con resultados bastante poco felices a juzgar por el desorden y la confusión que se aprecia en el film.
Las cuatro familias cuyas historias entreteje el relato para proponer su presuntuoso diagnóstico no comparten sólo el mismo vecindario, sino también la desazón y el descontento. Es un muestrario de malestares, frustraciones, perversiones y trastornos de comportamiento; disfuncionalidades, como suele llamárselas para darles un nombre genérico.
Las anécdotas están sobrecargadas y pocos de los retratos resultan convincentes. Muchas veces parecerían querer aproximarse al surrealismo, pero así como están expuestas, las conductas de los personajes resultan grotescas, inverosímiles o francamente desatinadas, lo que seguramente no deberá atribuirse a las historias originales, sino a la dificultad que evidencia Troche para dar con el tono amargamente irónico que les convendría.
Hay una madre desdichada y dividida entre la atención de su hijo, en irreversible estado vegetativo después de un accidente, y los reclamos de su hija, para satisfacer los cuales compite en un disparatado concurso que tiene un automóvil como premio. A pocos pasos, una mujer divorciada y con dos hijos enfrenta del peor modo el abandono de su marido. Otro vecino, un abogado, no puede superar la frustración de un ascenso profesional y busca curiosas compensaciones, mientras su hijo preadolescente ha convertido en objeto del deseo a la muñeca Barbie de su hermana. No falta el perturbado y joven jardinero que secuestra a uno de los chicos del barrio, aunque no se trate precisamente de un caso de paidofilia, ni el callado secreto en torno de la tragedia automovilística que cargó de culpa a uno y dejó a otro inanimado para siempre. Secreto que será revelado sobre el final para dotar de consistencia y de alguna cohesión dramática a todo el conjunto.
Como cabe esperarse según lo anuncia el título, los objetos tienen peso decisivo y casi se les concede algún poder mágico: la Barbie del chico, el auto para la adolescente incomprendida, los electrodomésticos con los que el abogado busca compensar a su esposa, los viejos muebles familiares que sirven para la venganza de la mujer abandonada...
Queda claro que Rose Troche no es Robert Altman y que esto está tan lejos del cuadro crítico de "Short cuts" como de la agudeza de "Belleza americana" o del sarcasmo de "Happiness". Pero así y todo llega un momento en que la banalidad que domina la visión de esta cara oculta del sueño americano se hace tan inocultable que hasta puede llegar a producir cierta irritación.
Quizá lo más fatigoso es que en "La seguridad de los objetos" se habla mucho y casi constantemente: un palabrerío que tal vez busca encubrir la superficialidad de la mayoría de los planteos. También que durante buena parte del ambicioso cuadro reina la confusión por culpa de un montaje que en lugar de enlazar, dispersa; en lugar de definir, borronea, y en lugar de concertar, embarulla.
Casi todo el interés del film se reduce a la ambientación y en especial al comprometido desempeño de unos cuantos buenos actores, entre los que descuellan Glenn Close, Patricia Clarkson, Dermot Mulroney y Jessica Campbell.
Fernando López


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