Nueva Inglaterra, años sesenta. Cuando Joe Nast se ve obligado a cambiar sus planes de boda a causa de una pérdida inesperada, intenta estar a la altura de lo que se espera de él: un entregado y desconsolado novio a punto de casarse y el yerno perfecto de Ben y JoJo. Pero, de repente, otra mujer ... Leer más
Nueva Inglaterra, años sesenta. Cuando Joe Nast se ve obligado a cambiar sus planes de boda a causa de una pérdida inesperada, intenta estar a la altura de lo que se espera de él: un entregado y desconsolado novio a punto de casarse y el yerno perfecto de Ben y JoJo. Pero, de repente, otra mujer se cruza en su camino, y Joe debe elegir entre cumplir con el papel que tenía asignado o seguir los dictados de su corazón.
| Género | Drama, Romance |
|---|---|
| Título Original | Moonlight Mile |
| Director | Brad Silberling |
| Protagonistas | Dustin Hoffman, Susan Sarandon, Jake Gyllenhaal, Holly Hunter, Ellen Pompeo, Dabney Coleman |
| Año de producción | 2002 |
| Duración | 117 minutos. |
| País | Estados Unidos |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 23 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 1 críticos |
| Ultima modificación | Beca (Hace un año) |
El antecedente más notorio de Brad Silberling, guionista y director de esta variación en torno del tema de la pérdida de un ser querido, es una melosa (y prescindible) relectura de “Las alas del deseo” protagonizada por Nicolas Cage y Meg Ryan y conocida aquí en 1998 como “Un ángel enamorado”. Teniendo en cuenta esa referencia, hay que ... Leer más El antecedente más notorio de Brad Silberling, guionista y director de esta variación en torno del tema de la pérdida de un ser querido, es una melosa (y prescindible) relectura de “Las alas del deseo” protagonizada por Nicolas Cage y Meg Ryan y conocida aquí en 1998 como “Un ángel enamorado”. Teniendo en cuenta esa referencia, hay que reconocer que en “La vida continúa” le ha ido algo mejor.
Por lo menos, tuvo aquí la astucia de disimular sus flaquezas creativas escudándose en un elenco con personalidad y oficio y también la prudencia necesaria para evitar solemnidades y aferrarse a un medio tono que ahorra dramatismos y sazona lo sentimental con ligeros toques de humor. Y eso que el relato se abre con una muerte –la de una muchacha a punto de casarse– y gira alrededor de los efectos que esa desgracia produce en su entorno íntimo.
Elementos de ficción
El film tiene un origen autobiográfico. El realizador vivió una experiencia similar hace varios años, cuando su novia, la actriz Rebecca Schaeffer, fue asesinada por un admirador trastornado. En su guión –ha dicho– reprodujo conductas que observó entonces entre los parientes y amigos de la víctima y, se supone, también en sí mismo. Claro que introdujo elementos de ficción y trasladó la acción a comienzos de los años setenta. Aquí, la infortunada novia muere por accidente –está en la línea de fuego de un delito pasional– pocos días antes de su boda y en el pueblo del Este al que ha traído a su prometido para emprender allí, cerca de la familia, su vida matrimonial.
De un día para el otro, pues, el muchacho se encuentra sin novia, en un lugar que no conoce y conviviendo con los que iban a ser sus padres políticos. Con ellos permanecerá hasta que llegue el día en que el autor del disparo sea sometido a juicio. Al fin, ya había un lugar esperando por él en la inmobiliaria de su casi suegro.
Sin conexión
El modo en que el infortunio repercute en cada uno de los tres es diverso: Joe, el novio, parece atrapado en la situación, pero se percibe que sus conflictos interiores y su indeterminación venían de antes; Jo Jo, la madre, padece un bloqueo expresivo que le impide reanudar su labor como escritora; Ben, el padre, se entrega al trabajo con sospechoso frenesí. El cuadro se amplía con la (oportuna) incorporación de Bertie, la chica que de día se ocupa del correo y de noche atiende un bar mientras sigue confiando en que el dueño, su novio, regresará de Vietnam, donde se lo dio por desaparecido.
Como se ve, a todos les hace falta enfrentarse a la verdad, incluso una que Joe reserva para el final. Ya lo harán, forzados por un guión que se ha propuesto llegar a ese desenlace sin preocuparse por la sustancia de los personajes. El film tiene buen ritmo, está bien ambientado, puede divertir a ratos y quizás entretener. Pero difícilmente conmueva, porque todo suena exterior, artificioso y sin convicción. La poca que hay la aportan los actores –no los personajes– y más a fuerza de oficio que de compromiso.
Con toda su prolijidad formal, su esporádico ingenio y su magnífica banda sonora (Rolling Stones, Jefferson Airplane, Bob Dylan, Van Morrison y Elton John, entre otros), “La vida continúa” no consigue sin embargo sortear el abismo que hay entre la pantalla y el espectador. Se asiste a la historia, pero no se participa de ella.
No debe de haber deficiencia más grave que esa falta de conexión emotiva para un film que pretende hablar acerca del dolor (y de cómo cada uno se sobrepone a él y aprende a asumirse).
Fernando López


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