Andrés vive en Alemania desde hace 10 años. Regresa a Chile para cerrar su pasado antes de asentarse definitivamente en Berlín. En su estadía, asiste a la fiesta de cumpleaños de uno de sus amigos donde redescubre todo un mundo que dejó de ver, incluida Beatriz, su gran amor. Este reencuentro ... Leer más
Andrés vive en Alemania desde hace 10 años. Regresa a Chile para cerrar su pasado antes de asentarse definitivamente en Berlín. En su estadía, asiste a la fiesta de cumpleaños de uno de sus amigos donde redescubre todo un mundo que dejó de ver, incluida Beatriz, su gran amor. Este reencuentro podrá cambiar la vida de Andrés para siempre.
| Género | Drama |
|---|---|
| Título Original | La vida de los peces |
| Director | Matias Bize |
| Protagonistas | Santiago Cabrera, Alicia Rodríguez, Matías Jara, Pedro del Carril, Juan Pablo Miranda, Blanca Lewin, María Gracia Omegna, Luz Jiménez, Diego Fontecilla, Víctor Montero, Francisca Cárdenas, Antonia Zegers, Sebastián Layseca |
| Año de producción | 2010 |
| Duración | 84 minutos. |
| Productor | Adrián Solar |
| Guionista | Julio Rojas, Matias Bize |
| País | Chile · Francia |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 32 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 1 críticos |
| Ultima modificación | jev233 (Hace 6 meses) |
Tres amigos conversan en el baño de una casa que está de fiesta. AndrésxT (Santiago Cabrera) es el invitado estrella: es el gran amigo que ha llegado luego de 10 años viviendo en Berlín, trabajando de corresponsal turístico. En unas horas más debe tomar el avión de regreso. Y aunque anuncia “me voy”, todos saben, él también, que no se ... Leer más Tres amigos conversan en el baño de una casa que está de fiesta. AndrésxT (Santiago Cabrera) es el invitado estrella: es el gran amigo que ha llegado luego de 10 años viviendo en Berlín, trabajando de corresponsal turístico. En unas horas más debe tomar el avión de regreso. Y aunque anuncia “me voy”, todos saben, él también, que no se irá todavía. “Bea ya va a llegar”, le dicen.
Así comienza “LA VIDA DE LOS PECES”, con la que Matías Bize —a estas alturas, el más genial y sólido cineasta chileno—, vuelve sobre las frustraciones amorosas, siempre con un ángulo distinto, novedoso, universal y sabio. Sobre todo sabio.
Beatriz (Blanca Lewin) efectivamente se aparece en la celebración. Andrés no sabe bien qué hacer: la ve, se da unas vueltas. Recorre la casa, como quien revisa su vida en la etapa más importante: la habitación de su amigo trágicamente muerto, su amiga con un niño pequeño y embarazada de 8 meses (Antonia Zegers), los hijos chicos de sus amigos desafiándolo en su videojuego y tapándolo de preguntas sobre sexo.
Pero lo ineludible es ineludible. Se reencuentran, se saludan, aunque las palabras —y hasta los gestos— salen con dificultad y el silencio se instala con facilidad.
Andrés y Bea son un tema pendiente. Una pareja al final de una escalera sin los últimos tres peldaños, una escalera incapaz de tocar el suelo.
Ese hombre y esa mujer son ese tipo de personas que se han separado por una decisión unilateral, que significó mucho dolor para el que se quedó y un poco menos para el que se fue sin mirar atrás. Y ése es quien regresa con la convicción de que las confianzas se pueden reparar, que los dolores se pueden olvidar, que la vida no ha caminado para todo el mundo y por eso sigue creyendo en la pasión inextinguible con una porfía tan inútil como su propio amor pendiente. “Las personas siguen viviendo... Tú vas de turista... Lo difícil es quedarse y bancarse el día día”, le reprochan siempre al que se va. ¿Quién dejaría su mediocre serenidad por un sueño de gloria que además conlleva la amenaza de ser letal, de revivir un tormento que ya fue insoportable?
Los protagonistas hablan escuetamente. Se despiden escuetamente. Vuelven a encontrarse. No es mucho lo que agregan. Es tan difícil reanudar una conversación que quedó en suspenso hace 10 años... Lo que no se dice está instalado en medio de ellos, porque son tan inútiles las reflexiones sobre lo que no fue...
Una gran y hermosa pecera es el telón de fondo de una de estas melancólicas conversaciones, como el lado B de aquella misma escena gozosa de “Romeo + Juliet”, de Baz Luhrmann.
Menos dolorosa que “Lo bueno de llorar”, menos intensa que “En la cama” (ambas de Bize), “La vida de los peces” es un pequeño y triste drama en sordina, de gestos tenues, sobrios, muy sobrios; un relato donde lo tácito ocupa un espacio más grande aún que el que se sentía en esas otras historias.
La cámara, la mayor parte del tiempo íntima, con luz básicamente natural, recorre los rincones como asaltando el pasado de los protagonistas.
Como siempre, la memoria.
Es el recuerdo, no el olvido, el verdadero invento del demonio (Ray Loriga, “Tokio ya no nos quiere”). Los peces, felices ellos, tienen una capacidad de memoria de tan sólo tres minutos...
Los seres humanos no sólo recordamos miles de horas, sino que además padecemos de una torpe anarquía mnemónica: nos acordamos de cosas inútiles —como los amores pendientes— y se nos olvida que, al fin y al cabo, hasta la más amada de las personas tiene su feo lado B.
IDEAL PARA: perder la esperanza.


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Me pareció una película un poco lenta.
El tema es algo repetido, mostrando alguien que tiene una vida que va por un sentido y, ante la vuelta a sus origenes (amistades, lugares, etc), se empieza a preguntar qué hubiera sigo si el/los protagonistas no hubiesen elegido los caminos que eligieron, y el costo de tratar de volver atras para tomar otra decisión. Me recuerda a la película "El primer año del resto de nuestras vidas", donde muestra lo que a veces duele crecer.