Los hermanos Bloom son los mejores expertos estafadores, utilizando complejos juegos de intriga hacen caer a sus víctimas. Su nuevo objetivo, y último previo a retirarse, es una misteriosa, excéntrica y bella millonaria. Parece otro juego de tantos, sin embargo los Bloom no cuentan con que su pre ... Leer más
Los hermanos Bloom son los mejores expertos estafadores, utilizando complejos juegos de intriga hacen caer a sus víctimas. Su nuevo objetivo, y último previo a retirarse, es una misteriosa, excéntrica y bella millonaria. Parece otro juego de tantos, sin embargo los Bloom no cuentan con que su presa esta vez no es tan inocente como ellos suponen.
| Género | Aventura, Comedia, Drama |
|---|---|
| Título Original | The Brothers Bloom |
| Director | Rian Johnson |
| Protagonistas | Rachel Weisz, Mark Ruffalo, Adrien Brody, Robbie Coltrane, Zachary Gordon, Rinko Kikuchi, Nora Zehetner, Maximilian Schell, Max Records, Mira Banjac, Ricky Jay |
| Año de producción | 2008 |
| Duración | 114 minutos. |
| MPAA rating | PG-13 - Aviso para los padres. Este material puede ser inapropiado para niños menores de 13 años |
| Productor | Ram Bergman, James D. Stern, Wendy Japhet |
| Guionista | Rian Johnson |
| Música | Nathan Johnson |
| País | Estados Unidos |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 294 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 4 críticos |
| Ultima modificación | jev233 (Hace 7 meses) |
Está claro que el placer es un concepto sumamente subjetivo. Sin embargo no temo afirmar que Los estafadores es una película que se disfruta de principio a fin. Tiene intriga, acción, amor, engaño y ritmo, todo conjugado con actuaciones descollantes, pero que, en ninguno de los casos, sucede que uno de los personajes sea más importante que la ... Leer más Está claro que el placer es un concepto sumamente subjetivo. Sin embargo no temo afirmar que Los estafadores es una película que se disfruta de principio a fin. Tiene intriga, acción, amor, engaño y ritmo, todo conjugado con actuaciones descollantes, pero que, en ninguno de los casos, sucede que uno de los personajes sea más importante que la trama en su conjunto.
La película cuenta la historia de Stephen y Bloom, dos hermanos que desde que tienen uso de razón se han dedicado a embaucar a todo el mundo. Ya desde jóvenes pasaron por más de treinta padres adoptivos y, en todos los casos, terminaban bajo nuevos tutores luego de generar mentiras y engaños. Así, sin importarles más que protegerse entre ellos, crecen hasta convertirse en adultos treintañeros que siguen sobreviviendo gracias a su gran capacidad para inventar fábulas.
Como en todo dúo de maleantes, cada cual cumple su rol: Stephen -Mark Ruffalo- es el cerebro, el encargado de planificar cada uno de los pasos de todas las estafas de una manera tan meticulosa como prolija, sin dejar nada librado al azar. Es además el protector de Bloom -Adrien Brody-, quien en estos engaños juega el rol de carnada, el antihéroe que logra la simpatía de la víctima de turno, generalmente embaucada para dejar dinero. Las que caen en las trampas suelen ser mujeres enamoradas ante esa simpleza casi torpe y enamoradiza de Bloom. El dúo es ayudado por Bang Bang, una joven asiática de la que poco sabemos dada su prácticamente nula expresión, pero que es extremadamente útil para todo tipo de logística, ya sea transporte o detonación de explosivos.
El conflicto principal sucede cuando Bloom se harta de jugar su papel. Él ya está cansado de enamorarse por actuación, de tener que dejar a las mujeres que conoce, de seguir un papel creado por las neuronas de su hermano, y es por esto que quiere abandonar. Claro que, por más que lo desea, no logra dar el paso decisivo. Bloom casi no tiene poder de iniciativa, con lo cual siempre sucumbe ante el pedido de su hermano de estafar “por última vez”. El nudo de la cuestión se da cuando la engañada será Penélope Stamp -Rachel Weisz-, una joven multimillonaria con la capacidad de hacerse experta en cualquier tipo de hobbie: tiene tantas horas libres en su vida que todo lo que puede ser un pasatiempo para el resto de los mortales ella lo aprende a la perfección, desde sacar fotografías hasta hablar en ruso.
Como es de esperarse, la que empieza siendo una víctima más de los hermanos termina convirtiéndose en un amor real de Bloom, quien ésta vez no está dispuesto a mentir y seguir de largo…
La película está escrita y dirigida por la misma persona, Rian Johnson, y esto se nota a la distancia. Está claro que el guión ha sido filmado por alguien involucrado en el texto, porque cada escena tiene sentido y transmite algo singular. La historia es extremadamente sólida sin dejar de ser entretenida e interesante: el espectador continuará con la intriga hasta el último minuto.
Otro aspecto que deseo destacar es la elección de los actores: tras ver el film, no puedo imaginar a un mejor Stephen que Ruffalo, o a una mejor Penélope que Weisz, y ni que hablar de Brody, uno de los más talentosos actores de su generación.
Los estafadores es una muy buena película que ofrece todo tipo de condimentos, y estoy seguro de que cualquier amante del cine la disfrutará tanto como lo hice yo.
Es rara, muy rara.
Tal vez, en eso se encuentre su gran virtud.
Los estafadores (traducción pobre de Los Hermanos Bloom) es una buena película que se destaca principalmente por el excelente reparto que reunieron y la narración del director Rian Johnson, cuyo trabajo por momentos remite bastante a las comedias locas de Wes Anderson (Vida Acuá ... Leer más Es rara, muy rara.
Tal vez, en eso se encuentre su gran virtud.
Los estafadores (traducción pobre de Los Hermanos Bloom) es una buena película que se destaca principalmente por el excelente reparto que reunieron y la narración del director Rian Johnson, cuyo trabajo por momentos remite bastante a las comedias locas de Wes Anderson (Vida Acuática).
Es absolutamente imposible si conocés los trabajos de Anderson no pensar en él cuando mirás este film, especialmente al comienzo cuando se introduce a los personajes principales.
Dentro de las propuestas con grandes estafadores cool que se juntan para un último golpe, esta película es claramente una de las más originales que se estrenaron en el último tiempo.
El director narra esta historia como una especie de cuento de hadas que con el transcurso de la trama combina distintos géneros cinematográficos.
Por momentos es una película de aventuras, luego cambia por el romance, después se hace más hincapié en la comedia y tampoco queda afuera el drama.
Es muy difícil ubicarla en un género determinado porque el cuento tiene distintos matices.
Eso es un gran logro del director, ya que a veces estas mezclas resultan desafortunadas y acá lo trabajó muy bien.
La química que se gestó entre Mark Ruffalo, Adrien Brody y Rachel Weisz principalmente tuvo un impacto enorme a la hora de trasladar los extraños personajes que presenta el guión en la pantalla.
Los protagonistas son un grupo de freaks simpáticos que a medida que los vamos conociendo más nos enganchamos con su historia.
Los estafadores representa esa clase de sorpresas que cada tanto no regala la cartelera.
Esta es una producción independiente que nadie estaba contando los días para su estreno y cuando la descubrimos nos sorprendemos con un film que resultó mucho más agradable de lo que se esperaba.
Por eso la traducción del título le juega un poco en contra ya que la etiqueta como una típica historia de estafadores y este estreno no tiene nada de típico.
Tal vez, hacia el final el director Johnson se va de mambo con los constantes giros inesperados que ofrece en la historia y el conflicto de los Bloom se alarga un poco más sin necesidad.
Al margen de este punto la historia de estos hermanos chantas es absolutamente creativa y se destaca entre las nuevas propuestas que llegan esta semana.
Tal vez el mayor engaño de una película de engaños sea hacerle creer al espectador que se trata de eso, cuando lo que importa pasa por otro lado. Opus dos de Rian Johnson (Maryland, 1973), en la superficie Los estafadores parecería querer remedar otras películas de simpáticos tramposos, como Cómo robar un millón de dólares, El golpe y hast ... Leer más Tal vez el mayor engaño de una película de engaños sea hacerle creer al espectador que se trata de eso, cuando lo que importa pasa por otro lado. Opus dos de Rian Johnson (Maryland, 1973), en la superficie Los estafadores parecería querer remedar otras películas de simpáticos tramposos, como Cómo robar un millón de dólares, El golpe y hasta Dos pícaros sinvergüenzas. En el fondo, sin embargo, es posible que la película de Johnson tenga mucho más que ver con las parábolas de Charlie Kaufman sobre la creación literaria, al estilo de ¿Quieres ser John Malkovich? y Adaptation.
Stephen (Mark Ruffalo) y Bloom (Adrien Brody) son huérfanos. Cerebro de los dos, Stephen se especializa, desde pequeño, en inventar alambicados engaños. Se trata de fraudes paradójicos, que a la vez que perjudican al prójimo, lo ayudan. “El timo ideal es aquel en el que todos obtienen lo que desean”, es su lema. Cumple con él: además de reportarles algunos dólares a ambos, sus historias (“escribe estafas como los rusos escribían novelas”, opina Bloom) permiten que el tímido hermano menor conozca chicas a las que de otro modo no sabría encarar. De grandes, los hermanos Bloom siguen haciendo lo mismo, pero a mayor escala: ahora el blanco es una heredera recontramillonaria, que lleva el nombre de comic de Penélope Stamp (Rachel Weisz). Gracias a su asombrosa capacidad de aprenderlo todo, Penélope pasará de víctima potencial a socia de Stephen y Bloom. Como en una de James Bond, la trama urdida por Stephen los obliga a viajar de Grecia a Praga y de México a San Petersburgo, involucrando a un par de personajes que parecen escapados de una aventura de Tintín o una película de Wes Anderson: un curador de arte belga (el muy británico Robbie Coltrane, simulando acento francés) y un mafioso ruso (el reaparecido Maximilian Schell, con parche en el ojo).
Película de apariencias, Los estafadores recubre su melancolía con pura manía. Los huérfanos no son dos sino tres, tal vez cuatro. Penélope lo es, y no sería raro que también lo fuera la cuarta pata de la banda, un ser lunar apodado Bang Bang (la nipona Rinko Kikuchi, vista tanto en Babel como en El sabor del té). Versión femenina de Harpo Marx, a lo largo de toda la película Bang Bang habla sólo una vez, para pedir un campari, y otra, para exclamar fuck!, cuando una de sus explosiones resulta mucho mayor de lo previsto.
Explosiones abundan en Los estafadores, tanto como gags visuales, referencias cultas, ideas en velocidad, pop visual y un burbujeo general. Todo ello arma una superficie de espejismos artificiosos, detrás de la cual parecería haber más espejismos. Los gags son casi abstractos, como si más que gags fueran la reducción a su esqueleto. Las ideas visuales en velocidad se multiplican en los primeros minutos, pero luego se aquietan.
La proliferación de sombreros y sombrillas, el color amarillo rabioso, los aires de otras épocas, parecen tan caprichosos o herméticos como las citas literarias. Citas que no se andan con chiquitas: a cierto relato oscuro de Herman Melville se suma la referencia a Dostoievski, y al tema dickensiano de la orfandad, el hecho de que ambos protagonistas tengan uno el nombre, el otro el apellido de personajes del Ulises de Joyce. La trama de engaño, por otra parte, es entre subdesarrollada e incomprensible.
¿A qué lleva todo eso? Seguramente a nada, y de eso se trata. Detrás de los protagonistas está la nada, el vacío: la orfandad. Parecería que el horror vacui es lo que los lleva a juntarse y hacer cosas. Una de esas cosas es inventar historias, escribirlas, guionarlas, como hace Stephen. Otra, prota- gonizarlas a disgusto. Es lo que le sucede a Bloom, que no ve la hora de abandonar las ficciones del hermano, para vivir una vida propia.
Parece sintomático que el par al que la película refiere sea el que componen un escritor y su personaje. Falta allí una figura esencial: la del director. Algo semejante sucede en Los estafadores, donde la función que parecería caberle al realizador Rian es la de ilustrar lo que su hermano Johnson escribe. El día que, como Stephen con Bloom, el escritor otorgue libertad al cineasta, las películas de Rian Johnson serán tan interesantes como sus invenciones.
Por Horacio Bernades
Difícil divertirse con una comedia de estafadores si no hay empatía con sus personajes, y menos aún si los arriesgados golpes que proyectan resultan demasiado intrincados, demasiado largos y, por lo general, más interesantes cuando se describen que cuando se concretan. No es culpa de los actores: si el film captura a ratos la atención de la pl ... Leer más Difícil divertirse con una comedia de estafadores si no hay empatía con sus personajes, y menos aún si los arriesgados golpes que proyectan resultan demasiado intrincados, demasiado largos y, por lo general, más interesantes cuando se describen que cuando se concretan. No es culpa de los actores: si el film captura a ratos la atención de la platea es porque Mark Ruffalo y Adrien Brody intentan poner algún rasgo humano en criaturas que tienen poco de carne y hueso y mucho de construcción literaria y pretenciosa, y porque Rachel Weisz se divierte bastante componiendo a la extravagante y polifacética heredera que le tocó en suerte.
También ayudan el marco exótico y variado en que transcurren las aventuras -las complejas estafas llevadas a cabo por los hermanos Bloom exigen saltar de país en país-; la admirable fotografía de Steve Yedlin, que sabe sacar el mejor provecho de esos escenarios, y los atractivos de la banda sonora, aunque ésta sea empleada -también sucede con la luz- como efecto sorpresivo para hacer avanzar la acción espasmódicamente, a puro impacto, a pura fosforescencia.
Petulancia
Lo exterior, ya se ve, ha sido muy cuidado. Lamentablemente, en el guión pasa lo mismo: la historia de los huérfanos que desde chicos han vivido de su astucia para timar al resto del planeta atiende más a la especulación formal que al contenido narrativo. Rian Johnson pone en boca de sus actores diálogos rebuscados, llenos de citas y disparados a velocidad de clip. Y la propia base del conflicto central desnuda su petulancia. Uno de los hermanos, Stephen, escribe los timos "como los rusos escribían sus novelas"; el otro, Bloom a secas, es insuperable para concretarlos. Pero un buen día se cansa de vivir en las ficciones de su hermano y quiere "vivir una vida no escrita". Ahí entra la linda millonaria para el golpe de despedida y para el amor.
Como si hubiera habido pocos, nuevos giros se acumulan sobre el final. A esa altura, quedó claro que el director quiere ser Wes Anderson. Tras tanto artificio para tapar el vacío y tanta broma sobre verdadero/falso, cabe preguntarse si Johnson mismo no será también un fraude más.
Fernando López


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Los Estafadores
"Mala"
"aqui es de uno a cinco le doy 1 de 5 Una verdadera estafa<, no me gusto para nada Busco amigas de pelo largo de 28 a 55
agregame a cesaralf@hotmail.com"