Un gran año para Dreamworks.
Después de esa excelente y memorable producción que fue Cómo entrenar a tu dragón (en mi opinión la mejor película del estudio hasta la fecha) vuelven a sorprender con otra gran historia que remite a las primeras películas de Pixar más que a los títulos clásicos de esta compañía.
Megamente es una excelent ... Leer más Un gran año para Dreamworks.
Después de esa excelente y memorable producción que fue Cómo entrenar a tu dragón (en mi opinión la mejor película del estudio hasta la fecha) vuelven a sorprender con otra gran historia que remite a las primeras películas de Pixar más que a los títulos clásicos de esta compañía.
Megamente es una excelente comedia de animación que juega con la mitología de los cómics de superhéroes como pocos dibujos lograron hacerlo desde la sátira.
Los increíbles, fue una muy buena propuesta de Pixar que también trabajó este tema pero este estreno que llega esta semana es mucho más comiquero y trabajó con mejor precisión todos los elementos clásicos de este subgénero de la historieta.
El director Guillermo del Toro, que entiende bastante del tema e hizo un gran trabajo con la adaptación de Hellboy, trabajó como consultor creativo en este film y aunque no tengo idea cual habrá sido su aporte concreto, queda claro que quienes escribieron el guión algo entendían de cómics porque hicieron humor con varios elementos que demuestran cierto conocimiento del tema.
Megamente básicamente narra la historia de Superman al revés.
Es decir, cambiaron cierta características de los personajes principales (para evitarse un juicio por plagio) y jugaron con la idea de que hubiera pasado si al estallar Kriptón, Superman en lugar de ser criado por los Kent hubiera tenido una vida de mierda.
Probablemente se hubiera convertido en un ser resentido que luego lo habría llevado a convertirse en un super villano poderoso.
Megamente podría haberse dedicado al bien pero no tuvo la suerte de criado con amor en su vida y eligió otro camino. Claro que este personaje es mucho perdedor y todo el tiempo se lo presenta como la contracara de La Garrapata (el más looser de los superhéroes) por la estupideces que hace y su gran incompetencia para generar caos.
Hace mucho tiempo que Dreamworks no brindaba una comedia tan graciosa como esta, que además tiene valores y mensajes importantes para expresar en el cuento.
El laburo que hicieron con el guión se destaca por lejos entre lo mejor que brindó este estudio desde Shrek. Los chistes realmente funcionan muy bien y el humor llega tanto a los adultos como a los chicos.
Algo que realmente me sorprendió muchísimo desde la animación fue el increíble trabajo que hicieron con las expresiones faciales de Megamente. Hubo momentos de este film donde me olvidé que era un personaje animado.
Por lo general los personajes humanos son bastante chatos en estas producciones (Pixar recientemente le encontró la vuelta a este tema con Up), sin embargo acá el personaje principal parece un actor humano.
Con una gran banda de sonido donde se destacan temas de AC/DC, Ozzy Osbourne, Guns´n Roses, Elvis, Jeff Lynne, Michael Jackson y George Thorogood, Megamente se destaca entre los estrenos animados de este 2010 y merece su visión.
Esta nueva producción animada de la factoría DreamWorks apuesta por la utilización cómica de dos aspectos muy de moda en el cine contemporáneo: por un lado, la reivindicación del antihéroe (o, más precisamente, del lado bueno que hay en todo malvado) y la crisis íntima, la carga emocional, el peso simbólico que significa ser un superhéro ... Leer más Esta nueva producción animada de la factoría DreamWorks apuesta por la utilización cómica de dos aspectos muy de moda en el cine contemporáneo: por un lado, la reivindicación del antihéroe (o, más precisamente, del lado bueno que hay en todo malvado) y la crisis íntima, la carga emocional, el peso simbólico que significa ser un superhéroe.
En el arranque de Megamente , tenemos a un superhéroe llamado Metro Man, que está en la cúspide de su popularidad (es, literalmente, una estrella con un ego más grande que sus poderes, capaz de convocar y manipular a las masas en las puertas de un museo dedicado a? la veneración de su persona), y a Megamente, un malvado tan ambicioso como frustrado por sus sucesivas derrotas frente a Metro Man. Sin embargo, cuando éste -sorpresivamente- desaparece, el despiadado villano azulado y de cabeza gigante toma el control absoluto de la ciudad. El problema es que, una vez que se apodera de todo y da rienda suelta a sus deseos y caprichos, se da cuenta de que no tiene rival ni, por ende, estímulos. Lo más parecido al vacío existencial.
Por supuesto, el film, dirigido con buen pulso por Tom McGrath (el mismo de Madagascar ), apela a un objeto del deseo (un personaje femenino de fuerte personalidad encarnado por una periodista televisiva), a un nuevo malvado (un camarógrafo que pasa de la frustración a los excesos) y a un simpático comic-relief como la mascota de Megamente, como para que todos los segmentos de un entretenimiento masivo de consumo familiar estén debidamente cubiertos.
Megamente tiene unos cuantos elementos ya trabajados (en algunos casos, con mayor inspiración) por propuestas como Los increíbles , Mi villano favorito , Superman o Astroboy (las referencias y guiños son una de las bases de la dinámica de los guiones de la factoría DreamWorks), pero McGrath y su equipo suplen cierto déjà vu con una simpatía desbordante y con un despliegue visual que hace un excelente uso de las posibilidades de la pantalla ancha y de los efectos diseñados para el lucimiento en las pantallas digitales 3D. Así, en este juego de espejos, de contrastes y contracaras, de inversiones de personalidad, Megamente surge como otro villano querible, de esos que se han ganado en buena ley un digno lugar en el imaginario popular.
Un villano con dos almas
Quienes sigan atentamente los dibujos animados (y las películas de superhéroes) de los últimos 20 años, podrán verificar que a excepción de varias películas salidas de los estudios Pixar y Ghibli, la New Age es la ideología dominante de los relatos.
Megamente no es una excepción. Aquí, los guionistas Alan Sc ... Leer más Un villano con dos almas
Quienes sigan atentamente los dibujos animados (y las películas de superhéroes) de los últimos 20 años, podrán verificar que a excepción de varias películas salidas de los estudios Pixar y Ghibli, la New Age es la ideología dominante de los relatos.
Megamente no es una excepción. Aquí, los guionistas Alan Schoolcraft y Brent Simons imaginaron al villano Megamente y al superhéroe Metro Man, los dos seres extraterrestres, como el Yin y el Yang de su historia: ambos se necesitan, se complementan, incluso hasta se postulará que del bien puede surgir el mal y viceversa. En efecto, se trata de taoísmo para superhéroes, una idea poco compleja, aunque la explotación del concepto a lo largo del filme puede confundir un poco a los destinatarios masivos de este producto, incluso si se trata de un niño Megamind de 12 años llamado Kouichi.
Con reminiscencias de Superman y Mi villano favorito , dos niños del espacio exterior son enviados por sus progenitores a la Tierra mientras su planeta de origen se destruye. Uno de ellos aterrizará en la casa de una familia rica, el otro caerá en una cárcel. Uno será el bueno, el otro el malo; uno podrá volar y será físicamente vigoroso, el otro podrá inventar tecnologías poderosas. Ambos serán narcisistas y tendrán un supuesto destino, aunque Megamente apostará por una idea moderna: el destino no se recibe y se obedece sino que se forja y se elige.
La ciudad terrícola se parece a Nueva York, y en un tiempo impreciso Megamente y Metro Man se enfrentan sin cesar, hasta que en un momento, inesperadamente, el villano derrotará para siempre al superhéroe.
La ciudad quedará desprotegida, y Megamente se convertirá en un malvado sumido en el tedio. El mal sin el bien no funciona, y así Megamente buscará crear un nuevo superhéroe, Titán, un camarógrafo supuestamente bonachón que tendrá los genes de Metro Man. Los resultados no serán los deseados. Y así, el villano, inspirado en parte por amor a una reportera, habrá de devenir en su opuesto.
No es azaroso que la película concluya con un homenaje a Michael Jackson, que parecía un ser venido de otro planeta. Megamente, como Jackson, encarna la intersección de la inocencia y la vileza, y si bien no es un símil de ese Peter Pan demoníaco que cambió los beats del pop, sí representa el conflicto interno que definió tanto la existencia del cantante como define la vida imaginaria de esta especie de ET azulado. Por eso suena Bad, todos bailan y la ciudad ha recuperado su orden.
El villano que necesitaba un héroe
Con un impecable despliegue técnico, Dreamworks entrega la historia de un malvado extraterrestre que, tras derrotar a su archinenemigo de años, se aburre de la victoria y busca otro rival que resulta ser más malo que él.
Dreamworks Animation le ha disputado –y a veces, ganado– la taquilla a su impe ... Leer más El villano que necesitaba un héroe
Con un impecable despliegue técnico, Dreamworks entrega la historia de un malvado extraterrestre que, tras derrotar a su archinenemigo de años, se aburre de la victoria y busca otro rival que resulta ser más malo que él.
Dreamworks Animation le ha disputado –y a veces, ganado– la taquilla a su impecable competidora Pixar Animation Studios. Dream-works ha tenido éxitos como la saga de Shrek o Madagascar, y Pixar ha creado Toy Story, Buscando a Nemo y Monster Inc., entre otros grandes films. En éxito podrían compararse, sin embargo y a pesar de eso, el prestigio verdadero, el favor de la crítica, le da una victoria aplastante e inapelable a Pixar. Megamente parece ser la solución a esa distancia que existe entre las valoraciones artísticas que ambos estudios poseen. Se trata, sin duda, de la más elaborada de las respuestas a los éxitos de público y crítica que ha sostenido siempre al estudio con el cual Dreamworks compite.
Megamente cuenta la vieja historia del héroe y el villano, pero esta vez desde la óptica del último, un adorable y torpe villano. Muchas películas han retratado la figura del héroe que necesita de un villano, Megamente cuenta la historia de un villano que necesita un héroe. Con un despliegue técnico que es lo mejor que ha dado este estudio y con un personaje protagónico realmente bien desarrollado, Megamente avanza sin el cinismo de otros films del estudio y con cierta sensibilidad un poco más acorde al film de Pixar Los increíbles. Sin embargo, luego de los primeros minutos –lo mejor de la película– Megamente comienza a mostrar la diferencia de estilos con los films mencionados y sucumbe a los defectos más comunes de los productos de Dreamworks. Un humor más bien ramplón y de dudoso buen gusto termina por emparentarla más con Shrek y Madagascar que con Wall-E o Up! Y aunque es razonable que el producto de un estudio siga fiel a la línea que este posee, lo cierto es que se les escapa la posibilidad de hacer la diferencia.
Tal vez porque buscan atrapar lo mejor de ambos mundos, tal vez porque hay algo que sencillamente no pueden alcanzar. Pixar posee un clasicismo a ultranza y una poderosa fuerza narrativa a la altura de cualquier film, sea de animación o no. Dreamworks, como lo confirma Megamente, se conforma con menos. Esa idea de conformarse con menos puede hacerse extensiva a nosotros como espectadores o no. Por lo pronto sí queda claro que hay una búsqueda y un deseo de reconocerle méritos a su estudio rival. Como el propio personaje dentro de la película, Megamente sabe que lo que lo motiva y le produce su energía es precisamente su enemigo, en este caso, los siempre efectivos films de Pixar.
Bueno para hacer el Mal
Crítica “Megamente”. El filme animado de DreamWorks es original por donde se lo mire, y con más vuelo se transformaría en un clásico.
Hace unos meses, cuando se estrenó la también animada Mi villano favorito , cabía la pregunta de qué tienen los personajes malvados, viles y sinvergüenzas para atraer tanto a ... Leer más Bueno para hacer el Mal
Crítica “Megamente”. El filme animado de DreamWorks es original por donde se lo mire, y con más vuelo se transformaría en un clásico.
Hace unos meses, cuando se estrenó la también animada Mi villano favorito , cabía la pregunta de qué tienen los personajes malvados, viles y sinvergüenzas para atraer tanto a los espectadores. Gru le pinchaba un globo a un niño en su presentación, pero luego se descubría que tenía un buen corazón. Megamente casi, casi tiene su razón de ser villano y asolar Metrociudad como contraposición a Metro Man, el héroe. Ambos llegaron de bebés con ultrapoderes desde el espacio exterior, pero terminaron en distintas cunas. Megamente se crió en una prisión, y Metro Man en un hogar a puro lujo.
Uno, genio criminal, y otro, guardián heroico, son como la oposición y el oficialismo: uno no puede existir sin el otro. Y cuando Megamente elimina a Metro Man -ni él lo puede creer-, se da cuenta de que lo tiene todo, sí, pero le falta algo (o alguien) con quién pelear. De allí que en su guarida secreta “crea” a Titán, un nuevo héroe... ¡desde la caspa de Metro Man!, modificando a Hal, un camarógrafo enamorado de Roxanne, la periodista que siempre se interponía entre uno y otro.
Megamente es bueno para hacer el Mal, pero no es tan, tan malo. Los chicos van a disfrutar de algunos de sus “trucos”, como su arma deshidratadora, y hay guiños a Superman -se dice que a Metro Man lo perjudica el cobre, no la kriptonita-, a Donald Trump y a Marlon Brando que atraparán más los mayores que los niños.
Los avances en la animación computarizada siguen siendo deslumbrantes. El asunto con las comedias infantiles animadas pasa más por el lado de los guiones. Hablando en generalidades, suele haber muchos simplistas, o acumulaciones de gags visuales ( Madagascar ), pero a veces alguien se destapa y luce original -como en Cómo entrenar a tu dragón -. Que éste y Megamente sean los nuevos productos de DreamWorks abre una esperanza: no todo está perdido, ni Pixar estaría solo en el horizonte.
Los mayores que vayan solos al cine y elijan las copias originales, sin el doblaje, podrán escuchar las voces de Will Ferrell (Megamente), Brad Pitt (Metro Man), Tina Fey (Roxanne), Jonah Hill (Titán) y Ben Stiller, que también la produjo (Bernard). O sea, no han escatimado billetes. Igual, no es de los doblajes localistas , por lo que papás, tíos o abuelos pueden acompañar a los niños y pasar una hora y media divertida, tanto en 3D como en proyecciones standards.
Da malo a bueno, sólo un trecho
Quizá por moda, agotamiento de ideas o simple casualidad temporal, el cine de animación digital vuelve a enfocarse en un personajes que detrás de la coraza malvada esconde a un auténtico pan de Dios. A la invernal Mi villano favorito (Despicable Me, 2010) se le suma ahora Megamente (Megamind, 2010), película ... Leer más Da malo a bueno, sólo un trecho
Quizá por moda, agotamiento de ideas o simple casualidad temporal, el cine de animación digital vuelve a enfocarse en un personajes que detrás de la coraza malvada esconde a un auténtico pan de Dios. A la invernal Mi villano favorito (Despicable Me, 2010) se le suma ahora Megamente (Megamind, 2010), película que no sólo apila citas y referencias sello Dreamworks, sino que intenta bucear en la soledad y la insatisfacción.
Como Superman, Megamente nació en las vísperas de la implosión de su planeta. Le espera un largo viaje cuyo destino final es el planeta Tierra. No tuvo la misma suerte que su compañero de viajes: si aquel bebé rubio, de tez blanca y rebosante de simpatía cayó como regalo del cielo para una familia acomodada que anhelaba un hijo, a éste diminuto cabezón azulado le tocó la cárcel. Criado por los reos, con el correr de los años descubre que satisfará sus ansias de trascendencia cuando ponga su inteligencia al servicio de la maldad. Y allí se embarca en un duelo en apariencia sin fin con su viejo compañero de viajes ubicado ahora en la vereda opuesta de la bondad y el servicio comunitario. Megamente jamás imaginaba que lograría su cometido. Ya sin Metro Man, ahora dispone a gusto y piacere de toda la ciudad. Solo, con el ansiedad de poder vacía, se da cuenta que en ese trayecto de un polo a otro de la antinomia debe ser contrapesado por una figura opuesta.
Da la sensación que Hollywood busca sacudir el avispero del cine de animación mediante el corrimiento de las narraciones hacía aquellos usualmente marginados en pos del lucimiento del protagonista de turno: los malos. Y es posible ensayar una razón cargada de lógica y moral. Si la estructuración de una película se asemeja a una parábola donde hay (aunque no nos guste) un temido aprendizaje disparador de un Mensaje, qué mejor que hacerlo a través de un personaje cómodamente instalado en el lado oscuro que inicia el recorrido hacía la bondad: vean sino al maquiavélico protagonista de Mi villano favorito y a este científico-tirano de Megamente.
Esa irrupción de la corrección conspira contra una historia que decrece en el tiempo. La secuencia de montaje que recapitula la infancia de nuestro antihéroe (los naipes de policías y ladrones son memorables) es una de las mejores del cine de animación de los últimos años –después de Up (2009), claro. Justo después, en plena discriminación escolar, Megamente se da cuenta de que lo malo rankea mejor que lo bueno. “Y yo también te amo a ti, hombre común”, le dice Metro Man a un civil absolutamente preso de su figura endiosada, una curiosa mezcla de la egolatría y autosuficiencia de Iron Man con el porte físico de Mr. Incredible de Los increíbles (The Incredibles, 2004). Dos momentos punzantes, sí, pero cuya gracia inicial cae por el efecto residual de su crítica punzante.
El resto del metraje deja la certeza de que esa lucidez fue un acto involuntario. No necesariamente porque el humor deje de funcionar -lo sigue haciendo, y muy bien- sino porque empieza a desperdigarse en citas culturales y la temida moraleja antes de ahondar en la experiencia de un personaje que aprende lo que quiere cuando deja de tenerlo. Era un terreno más profundo y a priori interesante para recorrerlo. Pero no, Tom McGrath (el mismo del díptico Madagascar) va hacia otro lado. Es tanto y tan largo el derrotero de adoctrinamiento de Megamente, que da la sensación que McGrath pierde el timón y Megamente naufraga, dejando notar el paso apurado y las costuras de la trama.
Efectiva, visualmente notable (atención al movimiento y gramaje de los cabellos) y con un funcionamiento general aceitado, Megamente deja la sensación de que pudo haber sido más, mucho más.
El problema de quedarse sin villanos
Los primeros diez o quince minutos del nuevo film de DreamWorks entusiasman, pero con el correr de la trama el efecto “Superman como villano” se va diluyendo. Como corresponde a estos tiempos, hay excelencia técnica y sobreabundancia de gags.
A Megamente (la película) le sucede lo que a Megamente (el p ... Leer más El problema de quedarse sin villanos
Los primeros diez o quince minutos del nuevo film de DreamWorks entusiasman, pero con el correr de la trama el efecto “Superman como villano” se va diluyendo. Como corresponde a estos tiempos, hay excelencia técnica y sobreabundancia de gags.
A Megamente (la película) le sucede lo que a Megamente (el personaje): de entrada encuentra el rival perfecto. Pero por algún motivo que la película y el personaje tal vez deberían dilucidar en terapia, cuando todo parecería encaminado a un también perfecto matrimonio en el infierno, en lo que podría considerarse la noche de bodas (primer enfrentamiento a matar o morir), película y personaje pierden a su contraparte. Cuando lo recuperan, es tarde. Y ya se sabe (si lo sabrá la política argentina) que sin un buen enemigo no se puede vivir bien. Por lo cual tras unos primeros diez o quince minutos para relamerse y gozar, durante la restante hora y pico película y personaje se la pasan buscando un rival a su altura, sin encontrarlo. Ausencia que se llena al mejor estilo DreamWorks Animation: con chistes, espectacularidad, tecnología de punta y alto diseño de producción. O también puede ser que el crítico no la haya entendido del todo y Megamente sea una osadía metalingüística de lo más sofisticada, que no sufre la falta de una razón de ser, sino que la expone. El problema, claro, es que, sin un relato que la sostenga, la metalingüística no es algo que resulte la mar de entretenido.
Superman, pero con Superman como villano, no como héroe. Ese es el hallazgo genial de (los primeros diez o quince minutos de) Megamente, escrita por los debutantes Alan J. Schoolcraft y Brent Simons y dirigida por el hombre de la casa Tom McGrath (director de ambas Madagascar). Para que el hallazgo funcione, basta con invertir el punto de vista desde el cual se narra la historia. La historia es una descarada paráfrasis de Superman, con un planeta lejano a punto de estallar, dos bebés lanzados por sus padres al espacio y la caída de ambos no en una ciudad llamada Metrópolis, sino en una llamada Metrocity. El chiquito calvo y no muy simpático no nació para ser amado. Por lo cual será “bueno para hacer el mal”. El pequeñín del rulito en la frente será a la larga Metro Man, psicopatón demagógico, que sabe que a la gente hay que darle circo y superpoderes para devenir paladín de la ciudad. Metro Man y Megamind: hasta la sonoridad de sus nombres los condena a ser uno, y el espectador tiene bien claro por cuál de los dos hinchar.
Derrotado Metro Man, Megamente comprende que deberá inventarse un villano. Inventa al Jimmy Olsen de turno, Hal, nerd ligeramente irritante pero definitivamente no a su altura. Para seguir con la coartada metalingüística, ¿se tratará de poner en escena el debilitamiento de la idea misma de villanía? Problema: un villano débil representa una herida mortal para una película de superhéroes. Algo que no sucedía, por poner un ejemplo cercano (en tiempo, en intenciones, en registro visual), en Los increíbles, sofisticada reflexión sobre el sentido y el mito del superhéroe, que no desdeñaba el carácter de relato popular de aventuras. Ante la falta de villanos, Megamente se entrega, en cambio, a una deriva de ideas que no hacen relato: la Luisa Lane moderna, audaz e inteligente, el comic relief extravagante, el asombroso diseño de una ciudad futura, el fascistoide monumentalismo de masas y el sinfín de etcéteras previsible en una película que trabaja por acumulación.
Con Ben Stiller como productor ejecutivo, su compinche Justin Theroux (coguionista de Una guerra de película) y un inesperado Guillermo del Toro como consultores creativos, con las voces de Will Ferrell, Brad Pitt, Tina Fey, Jonah Hill y un montón más (en las escasísimas versiones subtituladas), en términos de diseño de producción, estado del arte tecnológico y despliegue visual, Megamente deja boquiabierto. Pero es justamente allí donde la película construye un espectador no muy distinto del de las superproducciones monumentalistas de Metro Man: una masa de ciudadanos ululantes, extasiados con los superpoderes del héroe. Así, el punto de vista de Megamente empieza siendo el de nuestro villano favorito, para igualarse a la larga con el del héroe al que había prometido odiar.
Megamind es un supervillano que intenta controlar sin éxito la ciudad de Metro City a causa de la oposición de un superhéroe invencible llamado Metro Man. Cuando éste último muere, Megamind se siente apesadumbrado sin la oposición de un superhéroe, con lo que él mismo decide crear uno al que llama Titán. Las cosas no salen como esperaba, y ... Leer más Megamind es un supervillano que intenta controlar sin éxito la ciudad de Metro City a causa de la oposición de un superhéroe invencible llamado Metro Man. Cuando éste último muere, Megamind se siente apesadumbrado sin la oposición de un superhéroe, con lo que él mismo decide crear uno al que llama Titán. Las cosas no salen como esperaba, ya que su creación decide optar por el mal y convertirse en villano con el objetivo de destruir Metro City. Megamind deberá frustrar los planes de Titán.
Comedia de superhéroes Dreamworks cuya historia utiliza un tema recurrente en algunos productos últimos de animación (“Gru” o “Shrek”, por ejemplo), como es crear simpatía (y empatía) por el personaje malvado, humanizándolo y enfrentándolo a su presunta naturaleza villanesca.
La película posee dinamismo y fuerza visual en una colorista estética, no carece de inventiva en algunos gags, referencias pop y cierto ingenio en algún texto con base de farsa, parodia y sátira.
Entre los asuntos que aborda a raíz de indagar en la dimensión real y encuentro del bien y el mal, es la capacidad de cambiar positivamente el destino o no caer en el prejuicio por la apariencia.
En conjunto, a pesar de no poseer trascendencia emocional ni demasiada singularidad, y de faltarle un tratamiento más chispeante y menos convencional en el aspecto de romance, se trata de un producto familiar suficientemente entretenido en el que se pueden escuchar conocidos sonidos rock de AC/DC, la ELO o Guns N’ Roses.
Se acerca la Navidad, los niños tienen vacaciones, y el cine busca llenar sus horas de ocio con cintas de animación para todos los públicos. Para ellos justamente está pensada Megamind (estreno el 3 de diciembre en España). Pero, al contrario de lo que sucede con otras películas de animación, el desarrollo de la cinta está pensado práctica ... Leer más Se acerca la Navidad, los niños tienen vacaciones, y el cine busca llenar sus horas de ocio con cintas de animación para todos los públicos. Para ellos justamente está pensada Megamind (estreno el 3 de diciembre en España). Pero, al contrario de lo que sucede con otras películas de animación, el desarrollo de la cinta está pensado prácticamente en exclusiva para los más pequeños, con muy pocos toques de humor dirigidos a los mayores. Igual es que ya a la animación le estamos pidiendo demasiado... Pixar nos ha vuelto muy exigentes. Y Dreamworks no es Pixar.
Una especie de extraterrestre azul malvado, Megamind, destinado para algo que no sabe bien qué es lleva una vida paralela a la del bueno buenísimo, Metro Man. La vida de Megamind es divertida y fácil mientras piensa cómo poder derrotar a Metro Man. Lo intenta una y otra vez pero no puede con él, hasta que una vez, la jugada le sale bien. El no tener adversario hunde a nuestro extraño héroe en una especie de crisis existencial que intenta llenar con el amor. Pero claro, al fin y al cabo es un malo, las cosas no pueden ser así de fáciles... Y no se le ocurre otra idea que crear otro adversario para volver a dar sentido a su vida.
En fin, poco más. Ni momentos graciosos, ni chistes, ni personajes secundarios con gracia (el acompañante de Megamind tiene poca o ninguna gracia...). Eso sí, seguro que a los niños eso de ver un malo-bueno azul extraterrestre les hará sonreir.
Con algún efecto 3D bastante conseguido (y de ese 3D que no marea demasiado...), un desarrollo argumental que podría haber dado más de sí a partir de una idea, a priori, interesante, será seguro una de las películas de las Navidades. Y los amantes del cine de animación seguiremos esperando ansiosos a que Pixar vuelva a nosotros.
Megamente
"es una bella e inocente historia de amor,con una muy buena mùsica de rock,megamente es adorable por supuesto y metroman un insoportable de jopo.Una linda pelìcula que entretiene,dirìa que es buena mi nene se divirtiò y yo no me aburrì"