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Sinopsis

Un travesti intenta borrar de su pasado todo lo que esté referido a su vida como hombre. Ella muere trágicamente antes de cumplir su cometido, y su identidad masculina es grabada en su tumba.

Ficha técnica

Género Drama, Fantasía, Musical
Título Original Morrer Como Um Homem
Director João Pedro Rodrigues
Protagonistas Alexander David, André Murraças, Jenni La Rue, Gonçalo Ferreira de Almeida, Fernando Santos, Cindy Scrash, Fernando Gomes, Miguel Loureiro, Chandra Malatitch
Año de producción 2009
Duración 133 minutos.
Guionista João Pedro Rodrigues
País Francia · Francia Portugal
Calificación de la comunidad
(Basada en 15 personas)
Calificación de la prensa
(Basada en 3 críticos)
Ultima modificación la vieja (Hace 3 anos)

Críticas de la prensa

Escribiendo Cine - Juan Pablo Russo (Argentina)

La vida y todo lo demás

El realizador portugués João Pedro Rodrigues, creador de películas claves para la historia del cine contemporáneo como O Fantasma (2000) y Odete (2005), nos muestra la cruda realidad de la decadencia de un travesti en su último y más visceral opus cinematográfico. Morir como un hombre (Morrer como um homem, 2009) ... Leer más La vida y todo lo demás

El realizador portugués João Pedro Rodrigues, creador de películas claves para la historia del cine contemporáneo como O Fantasma (2000) y Odete (2005), nos muestra la cruda realidad de la decadencia de un travesti en su último y más visceral opus cinematográfico. Morir como un hombre (Morrer como um homem, 2009) es una suerte de fábula urbana protagonizada por seres extremadamente radicales, pero que en nada difieren de la realidad.

Tonia (Extraordinario trabajo de Fernando Santos) es un(a) travesti mayor que espera la operación de cambio de sexo. Durante toda su vida se mantuvo gracias a un espectáculo de café concert que ella misma puso en escena y que el paso del tiempo lo volvió tan decadente y obsoleto como su propia vida. Su días transcurren entre shows y la rutina hogareña con su novio más joven adicto a las drogas, un hijo homofóbico y una pequeña perra. Así es la vida de Tonia, una vida como la de todos y la de ninguno.

Morir como un hombre alcanza el equilibrio justo cuando se contrapone el conflicto con la forma que Rodrigues elige para trasladarlo a escena. Imágenes plagadas de un extraño romanticismo –la escena de la canción en el bosque es uno de los momentos más surrealistas y bellos que ha dado el cine en mucho tiempo- para representar la tragedia en la vida de estos seres marginales. Tragedia que no es propia de la marginalidad sino de la misma naturaleza humana y es ahí donde el film toma un valor único e insoslayable.

Ser travesti no es fácil pero tampoco lo es ser hombre o mujer. No es fácil ser padre y no es fácil ser hijo. No es fácil vivir como tampoco lo es morir. Todos estos tópicos João Pedro Rodrigues los exterioriza en situaciones que por momentos podrían rondar lo absurdo y banal, pero gracias a su maestría y la utilización de planos fijos, colores saturados y una banda sonora exacta no llega a que alcance ese sentido sino todo lo contrario. El dominio de la puesta en escena roza los límites la abyección cinematográfica pero adquiriendo un sentido estético.

Habrá quienes comparen la película con el cine de Pedro Almodóvar, de hecho hay elementos para relacionarlo: el travestismo, las drogas, las citas cinéfilas o el padre travesti tal como sucedía en Todo sobre mi madre (1999), pero que resultan comparaciones vacías o sólo temáticas ya que el cine de Rodrigues difiere en la forma de representación del conflicto.

Morir como un hombre está lleno de imágenes que trasgreden lo políticamente correcto y el realizador juega con ello. No como efecto sino como lo que es, lo real. Un cuerpo desnudo, un homofóbico teniendo sexo con otro hombre, un adicto inyectándose, imágenes fijas, muchas veces lejanas, obscuras, fuera del campo visual pero que ponen de manifiesto una realidad, ni distinta ni igual, sólo real.

Muy pocas veces uno tiene acceso a este tipo de estrenos tan únicos y exquisitos que revalidan ese amor por el cine que se creía perdido. Morir como un hombre es una de los grandes estrenos del un año que acaba de comenzar y que por ahora no nos ha dado grandes sorpresas.

5.00
¡Increíble!

Página 12 - D. Brodersen (Argentina)

Cuando la verdad se construye a puro artificio

Con una imaginación y una libertad fuera de lo común, el director de O fantasma reelabora, como Fassbinder, las delicias y dolores del melodrama clásico y entrega una película difícil de olvidar, que ya se perfila como uno de los grandes estrenos del año.

En la primera escena de Morir como ... Leer más Cuando la verdad se construye a puro artificio

Con una imaginación y una libertad fuera de lo común, el director de O fantasma reelabora, como Fassbinder, las delicias y dolores del melodrama clásico y entrega una película difícil de olvidar, que ya se perfila como uno de los grandes estrenos del año.

En la primera escena de Morir como un hombre, un pelotón de soldados realiza una serie de maniobras nocturnas en el bosque. Bajo el refugio de la oscuridad, dos jóvenes se alejan del grupo para disfrutar de un poco de sexo veloz. Tiempo después, el dúo se topará con una casa de campo habitada por una pareja de travestis, cortando a seco el tono que el relato venía practicando en esos minutos seminales. Uno de los soldados transformados en circunstanciales voyeurs es Zé Maria, quien eventualmente se revelará como hijo de Tonia, la drag queen protagonista del tercer largometraje de Joao Pedro Rodrigues, una película difícil de olvidar y sin lugar a dudas uno de los grandes estrenos de este 2011 que recién comienza.

Luego de los breves títulos de apertura un plano detalle muestra, en pocos pasos y con un simple trozo rectangular de papel, cómo transformar un pene en vagina, al mejor estilo origami. Los cambios de registro serán una de las marcas de estilo del film de allí en más, logrando que cada fotograma sea, al mismo tiempo, una auténtica sorpresa y una consecuencia directa y pertinente del anterior. Una de las tantas virtudes de un film que logra reconocerse como deudor de géneros y estilos del pasado (comenzando por su anacrónico formato cuadrado de exhibición 1.37:1) sin caer en momento alguno en el homenaje llano.

La historia de Tonia, el travesti veterano que desea realizarse un cambio de sexo luego de años de dudas al respecto (notable interpretación de Fernando Santos), podría definirse como un melodrama. Su relación emocional límite –peligrosa, por momentos– con Rosário, el modisto con quien convive, se ve acechada por la adicción del joven a las drogas duras. Pero además están las discusiones y peleas, la lucha contra el egoísmo, la búsqueda de la libertad dentro de una vida compartida. La primera mitad del relato sigue a Tonia, Rosário y Zé Maria –el hijo pródigo regresado para enfrentarse con su pasado y también su futuro– en una vida cotidiana que alterna las tardes en el pequeño patio poblado por plantas y flores, las noches en el camarín del boliche y el trasnochado dolor que sólo dos verdaderos amantes pueden infligirse. Resulta notable la manera en la cual el realizador utiliza elementos visuales y narrativos que podrían interpretarse como clisés –el perrito caniche, los diálogos envidiosos entre drag queens– para hacer de ellos algo genuino y sentido.

Por momentos, la historia recuerda a algunos films de Fassbinder. Y así como el realizador alemán había bebido de las fuentes de Douglas Sirk para reelaborar las delicias y dolores del melodrama clásico, también Rodrigues mira hacia atrás para gestar y parir algo nuevo y personal. Algo similar ocurría en O fantasma, ópera prima del portugués vista en algún lejano Bafici, pero los tonos densos y opresivos de aquella son reemplazados por una humanidad que combate y logra triunfar sobre la oscuridad, incluso en los momentos más tortuosos de Morir como un hombre.

Para cuando Tonia y Rosário inicien una breve excursión al campo, Morir como un hombre ha sabido crear algo más que personajes: seres de carne y hueso tan particulares como ordinarios, terrenales y al mismo tiempo bigger than life. Más allá de una capa externa que ofrece sus dosis de lentejuelas y lip sync, no hay aquí un solo vestigio de pseudo-sensibilidad queer diseñada para el consumo masivo.

Alrededor de la marca de los 70 minutos, poco más de la mitad del metraje, la narración pega un golpe de timón y atrapa a los protagonistas en una suerte de espacio mítico, la misma casa rural del comienzo del film, regenteada por un travesti amante del idioma alemán y el histrionismo culto. Como en una cruza imposible entre una sitcom y las comedias tardías de su coterráneo Manoel de Oliveira, Rodrigues juega con los personajes y los espectadores, haciendo de una salida nocturna en busca de luciérnagas el punto de partida de la aparición de lo fantástico. El plano-secuencia con cámara fija y un sencillo filtro rojo que altera la imagen con tonalidades extrañas –recurso antiquísimo que adquiere aquí nueva vida–, mientras de fondo se escucha un bellísimo tema del artista transexual Baby Dee, es una de las escenas más emocionantes e indescriptibles de este film único. Precisamente, el uso de canciones populares –del hit ochentoso “Total Eclipse of the Heart” a baladas portuguesas contemporáneas– es otro de los logros de Morir como un hombre, detalle musical que la emparienta con otro gran largometraje portugués reciente, Aquel querido mes de agosto, de Miguel Gomes.

Luego del viaje y una simbólica exhumación de recuerdos llegará el momento de la tragedia, anunciada tempranamente en el relato e incluso desde el mismo título. Morir como un hombre no pierde ni siquiera entonces su placidez poética a pesar de la literalidad del último acto, en otro giro narrativo y emocional que, a pesar de las terribles implicancias, nunca dispara munición gruesa sobre el espectador. No hay contradicción alguna entre los términos: hay mucha, muchísima verdad en esta película que hace del artificio, la imaginación y la libertad creativa una de sus armas predilectas.

4.50
Excelente

Clarin - Diego Lerer (Argentina)

El cielo y el infierno

La historia de un travesti en un sorprendente filme portugués.

La historia de un travesti en decadencia. Un melodrama familiar. Una película sobre los conflictos de una pareja. Un filme bélico. Un musical. Todo eso puede ser Morir como un hombre , la extraordinaria película del portugués Joao Pedro Rodrigues.

A ... Leer más El cielo y el infierno

La historia de un travesti en un sorprendente filme portugués.

La historia de un travesti en decadencia. Un melodrama familiar. Una película sobre los conflictos de una pareja. Un filme bélico. Un musical. Todo eso puede ser Morir como un hombre , la extraordinaria película del portugués Joao Pedro Rodrigues.

Ambiciosa e íntima a la vez, abrumadora y emotiva, la película se centra en Tonia (Fernando Santos), un travesti que ve que se acercan sus últimos días como estrella de shows. Por la edad y las enfermedades, ya no puede competir con las figuras más jóvenes que le van quitando espacio. Y un implante de siliconas que se hizo se le complicó y ha desarrollado un cáncer con malas perspectivas.

Los problemas de Tonia no acaban ahí: su hijo no lo acepta, mientras que su pareja más joven (y adicta a las drogas) insiste en que se haga una operación para cambiar de sexo, lo cual deriva también en problemas entre ambos.

La situación no es fácil para la torturada Tonia, pero Rodrigues crea un universo alrededor suyo a mitad de camino entre la magia y la pesadilla, mezcla de Almodóvar con Ripstein: una atmósfera recargada y oscura rodeada de momentos luminosos ligados en buena parte a algunos números musicales (un tema de Baby Dee, escuchado íntegramente por los protagonistas en un plano secuencia, y un fado sobre el final se destacan especialmente) y a una puesta en escena que enorgullecería al Fassbinder más desbordado.

Rodrigues lleva a sus personajes a confrontaciones personales (entre padre e hijo, en la pareja, en el trabajo), los muestra en su intimidad, nos lleva con ellos a un viaje casi onírico y nos sumerge en ese submundo de triste belleza de manera casi impresionista, saltando de escenas con una lógica narrativa alejada de todo realismo.

Morir...

es una fábula acerca de un personaje único en una película que no se parece a ninguna otra que haya pasado por los cines locales recientemente. Una drag queen que intenta conservar su dignidad, recuperar las piezas de un rompecabezas desarmado antes de lo que parece una partida segura, y a la vez entregarse a los placeres sensuales que todavía el mundo le puede ofrecer.

Acaso el único “pecado” de Rodrigues es terminar convirtiendo a Tonia casi en una santa, suerte de martir religiosa que lleva en su cuerpo cada vez más frágil, todos los dolores del mundo. Pero nunca cae del todo en la conmiseración. Hay algo de pureza, de inocencia, en su existencia, en su forma de ver al mundo, que la torna menos una figura icónica que una persona reconocible, dañada.

Morir como un hombre , finalmente, es una elegía: a una época, a un tipo de figuras, a una generación. Es como una balada al piano, con momentos oscuros y tenebrosos, pero teñida de luz, de pasión y de enorme cariño.

4.00
Muy Buena

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