Con Sector 9, llega una racha de películas en las que a través de la ciencia ficción, se nos enseña que “lo diferente” no es peligroso, sino que hay que saberlo conocer.
La opción blockbustera será Avatar, y la infantil es Planeta 51, que en una idea fresca para los pequeños, coloca a los humanos como aliens de un planeta, llamado 51, ... Leer más Con Sector 9, llega una racha de películas en las que a través de la ciencia ficción, se nos enseña que “lo diferente” no es peligroso, sino que hay que saberlo conocer.
La opción blockbustera será Avatar, y la infantil es Planeta 51, que en una idea fresca para los pequeños, coloca a los humanos como aliens de un planeta, llamado 51, porque está estancado en la era del rock and roll. Así, que “nosotros” somos más avanzados, y hemos llegado en son de paz; pero como película de Serie B, el gobierno tiene un plan macabro para el estudio de los invasores con un encierro brutal.
El mensaje podría parecerse un poco al de la otra cinta animada, Monstruos contra Aliens, en la que se coloca al protagonista (y por ende, al espectador), como el rechazado de la sociedad. Además, ambas tienen múltiples referencias a las cintas de “monstruos” que retrataban el pánico en la Guerra Fría. Sin embargo Planeta 51 presenta personajes más carismáticos y mejor delineados. Como Lem (Justin Long en inglés) el protagonista perdedor que tiene que confiar en el invasor (Dwayne Johnson en inglés) y ayudarlo a regresar a casa, volviéndose así un héroe. Los personajes secundarios, como un perro extraterrestre, una cámara web que se comporta como mascota, un hippie, un nerd, un científico loco, y el terrible General que no soporta lo diferente, están muy bien trazados en su arquetipo y son muy recordables.
Cabe mencionar, que el cast de la voz de William Levy en español, es muy acertado. Incluso más que la de Dwayne Johnson, ya que el Capitán T. Baker –galán forzado, que le brilla el diente–, es muy similar al actor cubano, tanto en físico como en personalidad. Y lo hace bien. Ahí hay un guiño para que las mamás se diviertan aún más.
Planeta 51 es de esas cintas que están pensadas para todo público: la animación y la fórmula encantará a los niños; la historia está bien contada para los adultos, y hay varias referencias locales para los cinéfilos más profundos. Quizás, no tiene la fuerza para volverse una película entrañable, pero sí cumple bien su cometido.
–Doly Mallet
Creada y producida en España, escrita por un guionista de Hollywood y con actores estadounidenses poniendo la voz (en la versión original; en Argentina se estrena en copias dobladas al castellano neutro), Planet 51 es, seguramente, la primera producción de la historia del cine sin marcas de identidad. A diferencia de lo que sucedía en los años ... Leer más Creada y producida en España, escrita por un guionista de Hollywood y con actores estadounidenses poniendo la voz (en la versión original; en Argentina se estrena en copias dobladas al castellano neutro), Planet 51 es, seguramente, la primera producción de la historia del cine sin marcas de identidad. A diferencia de lo que sucedía en los años ’60 con las copias europeas de géneros prototípicamente sajones (los westerns, las de terror, las de acción), que pretendían igualarse a ellos sin lograrlo, Planet 51 no muestra la hilacha. Todo en ella –la técnica, el doblaje, los temas y el enfoque– la convierte en clon de una de Hollywood. Esa condición clonada, esa media de corrección estándar es, justamente, lo que la hace menos interesante que sus tías lejanas, que no podían disimular el acento aunque quisieran.
La idea original es buena, aunque no del todo rigurosa. Por más que sus habitantes parezcan moluscos verdes y el calendario marque el año 19 mil y pico, el planeta del título (que ya en el original viene en inglés) vive en el equivalente de los ’50 de la Tierra. O de Estados Unidos, que viene a ser lo mismo. El pueblito se parece al de las películas de ciencia ficción de aquella época, la banda de sonido es puro Elvis, en los jardines se preparan barbacoas, los chicos leen comics y los cines proyectan películas de invasores espaciales. Con una pequeña diferencia: los alienígenas de esas películas son... los terráqueos. Si las necesidades del comic relief aconsejan meter un cantautor hipón, de temas de protesta típicos de los ’60, se lo mete, aunque esté desfasado una década. O encajar un perrito que es como el alien de la película de Ridley Scott.
A ese planeta amable y paranoide va a parar el alienígena tan temido: un astronauta de la NASA, proveniente del presente terráqueo. Es sospechosamente parecido a Buzz Lightyear y viene acompañado de un robotito que parece Wall-E, pero con el aspecto de su novia Eve. La respuesta frente a semejante “amenaza” será la que las películas enseñaron a los nativos del planeta 51: envío del ejército, de tanques, de armas. Y de un científico nazi, con acento alemán y todo. Con las voces de Dwayne “The Rock” Johnson, Jessica Biel, Gary Oldman y John Cleese (ninguna de las cuales se oirá por aquí) y guión a cargo de uno de los miembros del equipo de Shrek, la trama de Planet 51 también cuenta con un precedente. Se trata de El gigante de hierro (1979), inédita por aquí, en la que, en tiempos de Guerra Fría, un chico terráqueo se hacía amigo de un temido robot extraterrestre, oponiéndose juntos a las fuerzas de la reacción terrestre.
Con un general ultrabelicista por némesis, el astronauta de Planet 51 –fanfarrón, bravucón, con pinta de marine– representa el único asomo de comentario más o menos crítico sobre la cultura yanqui. Hasta que se convierte en héroe de western, se pudre todo y sólo queda la corrección política, a la que se rinden nueve de cada diez películas de animación de hoy en día. Ideada, producida y realizada por creadores de videojuegos, hecha con un presupuesto enorme (alrededor de 100 millones de dólares), lanzada en miles de salas estadounidenses y llena de la clase de citas y referencias pop-cinematográficas que podían esperarse de un guionista de Shrek, Planet 51 cumple con su objetivo, consistente en parecerse a una producción media de animación digital de Hollywood. Es como si un empresario español pusiera una cadena de hamburguesas, igualita a McDonalds: el estándar del estándar.
Por Horacio Bernades
Planeta 51 es la producción animada más importante realizada hasta la fecha en España y la verdad que no tiene nada que envidiarle a algunas de las cosas que vimos en los últimos años de lo grandes estudios de Hollywood.
El film escrito por Joe Stillman, guionista de Shrek, presenta una historia totalmente influenciada por el viejo cine de fi ... Leer más Planeta 51 es la producción animada más importante realizada hasta la fecha en España y la verdad que no tiene nada que envidiarle a algunas de las cosas que vimos en los últimos años de lo grandes estudios de Hollywood.
El film escrito por Joe Stillman, guionista de Shrek, presenta una historia totalmente influenciada por el viejo cine de ficción de los años ´50.
Toda la trama se desarrolla en un planeta alienígena que combina un mundo futurista con la cultura norteamericana de los añós ´50.
El escenario principal de alguna manera remite al Hill Valley de Volver al Futuro y el pueblo de American Graffiti de George Lucas con la particularidad que sus habitantes no son humanos.
Planeta 51 juega con la clásica historia de E.T pero narrada desde el punto de vista de los aliens. En este film los verdaderos extraterrestres son los humanos y a partir de la llegada de un astronauta se desata toda una serie de enredos.
No sé si será porque Stillman estuvo a cargo del guión pero Planeta 51 tiene todo el estilo de las producciones del estudio Dreamworks.
El trabajo de la animación es realmente muy bueno y de los 60 millones de dólares que invirtieron se nota que no desperdiciaron ningún centavo.
El tema es que como ya vimos centenares de veces este tipo de historia a través de Dreamworks y Pixar, que como Mc Donalds ofrecen constantemente el mismo producto con un envase distinto, la producción española no ofrece nada interesante por lo que podría ser recordada en el futuro.
Sin embargo, consigue entretener por un tiempo al público infantil y ese no es un logro para nada menor.
A diferencias de Los fantasmas de Scrooge los espectadores más chicos pueden disfrutar de este film sin inconvenientes ya que todo fue desarrollado desde la veta del humor.
Invertir los roles clásicos de humanos y aliens a los que nos tiene acostumbrados la ciencia ficción es la ingeniosa idea a partir de la cual se puso en marcha esta prolija producción nacida en los estudios madrileños de animación Ilion, desarrollada con contribución británica y norteamericana y destinada al mercado internacional. Joe Stillm ... Leer más Invertir los roles clásicos de humanos y aliens a los que nos tiene acostumbrados la ciencia ficción es la ingeniosa idea a partir de la cual se puso en marcha esta prolija producción nacida en los estudios madrileños de animación Ilion, desarrollada con contribución británica y norteamericana y destinada al mercado internacional. Joe Stillman ( Shrek ) puso su oficio para dar forma al guión, pero el producto es más bien colectivo (tres directores y más de diez productores ejecutivos figuran en los créditos). Tales antecedentes explican quizá que el film -entretenimiento familiar, a ratos divertido y muy dado a los homenajes cinematográficos y a las lecciones edificantes sobre la amistad, la fraternidad entre los pueblos y la necesidad de desterrar el prejuicio, el miedo a lo desconocido y lo diferente- carezca de identidad propia. Planet 51 responde a una fórmula probada, pero por ir a lo seguro sacrifica cualquier rasgo de originalidad (en el libro y en la concepción visual). Prefiere apelar a la cita de cuanto lugar común visual o sonoro el cine ha ido instalando en la memoria, de La guerra de las galaxias y E.T. a Cantando bajo la lluvia o 2001 . No faltan ni los toquecitos satíricos (el rebelde que canta que "los tiempos están cambiando" y protesta contra todo) ni los personajes pintorescos ni los momentos emotivos de los que se sale con un chiste.
Todo sucede en Glipforg, pequeño pueblito de un planeta cuyos habitantes, verdes, sin nariz y parientes de Shrek, parecen estar viviendo en los años 50 norteamericanos, incluidos los romances en el autocine y los films que avivan la paranoia ante el peligro de que haya una invasión de seres de otro planeta. Justo ahí aterriza un bonachón astronauta terráqueo que por un lado se gana la amistad del joven protagonista y sus amigos y por otro despierta el temor y el ansia guerrera de un general bastante obtuso. La cuestión es resolver cómo los chicos harán para lograr que el visitante se reúna con su nave (y con su sonda-mascota) y emprenda el regreso después de sellar la paz. Nada nuevo, como se ve, pero entretiene.
Fernando López
Planeta 51 (España-Gran Bretaña-EU, 2009) pequeña pero divertida cinta de dibujos animados en 3D, tiene ciertos gags geniales que parodian y homenajean clásicos cinematográficos. Un ejemplo: la escena de la mascota alienígena que se cuela en la nave terrestre, extraída directamente de Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979). Al mismo ... Leer más Planeta 51 (España-Gran Bretaña-EU, 2009) pequeña pero divertida cinta de dibujos animados en 3D, tiene ciertos gags geniales que parodian y homenajean clásicos cinematográficos. Un ejemplo: la escena de la mascota alienígena que se cuela en la nave terrestre, extraída directamente de Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979). Al mismo tiempo pasa revista a obras como El día que paralizaron la tierra, Cantando bajo la lluvia, Odisea Espacial 2001, E.T. y más. Simpáticas referencias, que no obstante pasarán inadvertidas para el público infantil al que está dirigida la película. Sin restarle mérito a los realizadores debutantes, Jorge Blanco y Javier Abad, Planeta 51 es sobre todo una película de cinefilia pura que remite a su vez a la literatura y la televisión con temas fanta-científicos de los años 50 y 60, escrita por Joe Stillman, guionista de Shrek y Shrek 2. La premisa resulta interesante: una historia que propone la típica invasión alienígena pero en la cual, los roles se han invertido. Un astronauta de la NASA se transforma en un indeseable marciano perseguido por el ejército cuando aterriza en un planeta habitado por seres humanoides y verdes que viven en un idílico mundo que parece arrancado de Vaselina o de Volver al futuro, donde impera la paranoia a lo otro, a lo diferente. Crónicas marcianas (1950) de Ray Bradbury y varios de los capítulos de la añeja y original Dimensión desconocida (1959-64) de Rod Serling, entre ellos The invaders, planteaban relatos similares. Planeta 51 narra la historia de Lem, un adolescente que trabaja en un planetario, con dos amigos nerds, fanáticos de las historietas y las películas de ciencia ficción y enamorado de la joven Neera, quienes ayudan a ocultar al capitán Charles T. Baker, un terrícola quien cree haber llegado a un planeta desierto. Sin las pretensiones de animación de Monstruos contra aliens (2009), la cinta de Blanco y Abad, es una eficaz reelaboración del género con algunos momentos muy entretenidos y buenos chistes de doble sentido: 'Qué extraño lugar para guardar su antenita', dice uno de los adolescentes cuando ve desnudo al astronauta Baker. Sin embargo, no llega a alcanzar la profundidad argumental ni la sensibilidad de las últimas obras maestras de Pixar, como sería Wall-E, por ejemplo, inscrita en una temática cercana.
Por Rafael Aviña
Excelente
Para chicos y grandes. Mientras los niños se entretienen con las animaciones y la historia, los adultos no se van a aburrir, ya que tiene excelentes guiños a la decada del 60, y pelis clasicas. EXCELENTE