María del Carmen cumple cincuenta años y hace tiempo que no los festeja. Sus hijos han crecido y su etapa de madre protectora va concluyendo. Un regalo fortuito para su cumpleaños la acerca a una realidad desconocida: los certámenes de armado de rompecabezas. El hobby se convierte en obsesión y ... Leer más
María del Carmen cumple cincuenta años y hace tiempo que no los festeja. Sus hijos han crecido y su etapa de madre protectora va concluyendo. Un regalo fortuito para su cumpleaños la acerca a una realidad desconocida: los certámenes de armado de rompecabezas. El hobby se convierte en obsesión y la obsesión en tema central de su vida. El cuestionamiento de la familia la obliga a pasar a la clandestinidad…Es cuando entra en escena Roberto, un millonario que quiere competir en el torneo mundial de rompecabezas en Alemania, y debe entrenar para ello. María del Carmen es una ama de casa de una familia de clase media del conurbano bonaerense y esto representa un nuevo mundo, difícil de sobrellevar. Roberto y sus exquisitos modales sumados a pequeños reclamos que le hace su familia la embarcan en una especie de despertar, sintiéndose deseada. Ella es una excelente “armadora” y Roberto se preocupa en hacérselo creer. El rompecabezas es símbolo de un cambio que la llevará a replantearse toda su historia.
| Género | Drama |
|---|---|
| Título Original | Rompecabezas |
| Director | Natalia Smirnoff |
| Protagonistas | Gabriel Goity, María Onetto, Mirta Wons, Henny Trayles, Arturo Goetz |
| Año de producción | 2009 |
| Duración | 87 minutos. |
| Guionista | Natalia Smirnoff |
| Música | Alejandro Franov |
| País | Argentina · Francia |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 40 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 2 críticos |
| Ultima modificación | jev233 (Hace 6 meses) |
La ópera prima de Natalia Smirnoff aborda la disconformidad en la vida familiar desde un registro que oscila entre la comicidad y el drama. Se destaca la labor de María Onetto.
María del Carmen es algo así como la versión local de Marge Simpson. Laboriosa, detallista, hasta en su propio cumpleaños número cincuenta trabaja en función de l ... Leer más La ópera prima de Natalia Smirnoff aborda la disconformidad en la vida familiar desde un registro que oscila entre la comicidad y el drama. Se destaca la labor de María Onetto.
María del Carmen es algo así como la versión local de Marge Simpson. Laboriosa, detallista, hasta en su propio cumpleaños número cincuenta trabaja en función de los demás. Lo exasperante está no tanto en su devoción, sino en el hecho de que este comportamiento aparezca naturalizado por el entorno. Luego del festejo se topa con uno de sus regalos, un rompecabezas que de manera más o menos inesperada logra resolver en poco tiempo. Este hecho casual la lleva a encontrarse con Roberto, un hombre de la alta sociedad (Arturo Goetz), quien la introduce al ambiente de las competencias de armado de rompecabezas, como compañera de juego.
La película muestra un camino de auto-descubrimiento, la exploración de una mujer hacia un “más allá” de la convivencia familiar. Si la familia resulta opresiva, no lo es desde la violencia explícita, sino desde la omisión y el desprecio tácito. ¿Qué lleva a María del Carmen a casi obsesionarse por ese juego? El film no da respuestas obvias, pero claramente se trata de una actividad que la singulariza y la muestra por primera vez como una persona separada del entorno. Rompecabezas alterna secuencias de un clima familiar-cotidiano y otro extraño, y por ello fascinante. El notable trabajo fotográfico de Bárbara Álvarez resalta los colores primarios, enfatizando el carácter lúdico del relato. Una suerte de extrañamiento que ubica al espectador en la óptica de la protagonista, una mujer de pocas palabras y emociones encorsetadas.
La estructura del film pareciera tener la consistencia de un cuento, por la brevedad y por los mínimos apuntes que definen a los personajes. Ver a María del Carmen en el entorno aburguesado de Roberto es asistir a su turbamiento y perplejidad por estar en un ambiente en el que no se reconoce, pero en donde se siente comprendida. A diferencia de su casa, se trata de un espacio distendido y depurado de incomodidades, tan misterioso como el dueño de la casa.
Es elogiable la capacidad de Smirnoff de desarrollar un in crescendo en el desarrollo dramático del film. La comicidad en los diálogos no es decorativa, por el contrario, subraya la perspectiva de vida de María del Carmen, subsumida a la organización de la vida de su marido (Gabriel Goity) y sus hijos. Esta capacidad no sólo es visible en el rol de directora. Como guionista, logró definir en una economía de secuencias el progresivo devenir de la consciencia de María del Carmen hacia una zona de su interior antes inexplorada. Aquí no hay moraleja, pero sí hay una construcción valorativa del fortalecimiento de la subjetividad desde un registro poco frecuentado por el cine nacional. Una muy buena carta de presentación para una directora que promete.
A los 50 años María del Carmen ve transitar su matrimonio con total apatía. Sus hijos han crecido, su rol de esposa recorre una diaria monotonía y su etapa de madre protectora va concluyendo. ¿Qué le queda para el resto de su vida? Esta pregunta la perturba hasta que un fortuito regalo la acerca a una realidad desconocida: los certámenes de ... Leer más A los 50 años María del Carmen ve transitar su matrimonio con total apatía. Sus hijos han crecido, su rol de esposa recorre una diaria monotonía y su etapa de madre protectora va concluyendo. ¿Qué le queda para el resto de su vida? Esta pregunta la perturba hasta que un fortuito regalo la acerca a una realidad desconocida: los certámenes de armado de rompecabezas. Primero lo toma como un simple hobby, pero muy pronto se convierte en una obsesión. Así conoce a Roberto, un millonario que desea competir en el torneo mundial de rompecabezas de Alemania y la incita a participar.
Ama de casa de familia de clase media, todo esto representa para ella un nuevo mundo difícil de sobrellevar. A escondidas de su familia, concurre casi diariamente a la casa de Roberto para entrenar, y este acercamiento se convertirá en una inesperada pasión romántica. El, con sus exquisitos modales, la hace sentir deseada y casi indispensable, mientras ella debe urdir una serie de mentiras frente a su esposo y sus hijos.
La directora Natalia Smirnoff logra con éste, su primer largometraje, inscribirse entre las más prometedoras realizadoras de la cinematografía local. A través de un guión que no necesitó de falsos intelectualismos para conmover, la realizadora muestra cómo las distintas piezas de un rompecabezas pueden armar las figuras humanas.
Qué camino tomará la protagonista es la pregunta central de esta película que tuvo en María Onetto a una excelente actriz para un personaje de nada fácil composición y al que ella supo darle la más pura y necesaria ternura. Gabriel Goity y Arturo Goetz apoyan con indudable calidad a este film que habla al corazón desde sus más ínfimas preguntas.
Adolfo C. Martínez
Lo primero es lo obvio: una película que se llama Rompecabezas anuncia que hay algo que debe ser ordenado. Que eso lleva un trabajo, que es necesario buscar los pedazos, hacer que encajen. Y queda claro, eso es imposible sin voluntad. También es cierto que en la Argentina –que no en otros países hispanoamericanos, donde usan el inglés puzzle ... Leer más Lo primero es lo obvio: una película que se llama Rompecabezas anuncia que hay algo que debe ser ordenado. Que eso lleva un trabajo, que es necesario buscar los pedazos, hacer que encajen. Y queda claro, eso es imposible sin voluntad. También es cierto que en la Argentina –que no en otros países hispanoamericanos, donde usan el inglés puzzle– el hobbie de acomodar piezas se llama “rompecabezas”. Lo que remite, claramente, a que una cabeza se rompe. En la jerga porteña “me rompió la cabeza” es que asomó una idea nueva, reacomodando todo un sistema de creencias.
Eso ocurre, con todas sus consecuencias, en Rompecabezas. María del Carmen cumple 50 años, y el clima de crisis es evidente. María del Carmen es de Turdera, ha acumulado todo lo que se espera que consiga una cincuentañera del conurbano bonaerense: una familia –marido, dos hijos– que la quiere de verdad, pero como una multiprocesadora que corta, limpia, pule y cocina. Ésa es la primera imagen de Rompecabezas. Un ama de casa que hace todo el trabajo para dar una fiesta de cumpleaños. Prepara la torta y corta los salamines, calienta las pizzas, sirve a los invitados. No le resulta patético a nadie que la homenajeada sea ella misma.
Quizás por error, alguien le da como regalo un rompecabezas y toca allí una cuerda que María del Carmen no sabía que tenía. Se demuestra –ante ella misma– como diestra en el armado de puzzles. Para su familia el dato es tan menor que al comienzo pasa inadvertido. Está bastante claro que las ansias de la señora no son un tema para la familia. Esto no quiere decir que no la quieran, la quieren a su manera: con egoísmo y desinterés. A ella no le importaba, porque tenía su rompecabezas bien armado hasta ese momento. Pero cuando le aparece un rayo de luz en su oscuridad ya es imposible no ver. Aunque se quiera.
Natalia Smirnoff llega a dirigir su ópera prima después de desarrollar un escalafón completo en el cine argentino (trabajó, entre otras, en Garage Olimpo, La ciénaga, La niña santa, El fondo del mar, Nacido y criado, La mujer sin cabeza, Cama adentro). Y lo hace con un manejo firme y sutil del mundo que retrata, dejando que cada personaje viva su mundo, sin hacerlos funcionar como herramientas del argumento. Smirnoff –y quizá sea su gran virtud– respeta la vida de la gente que cuenta. Le basta la escena en que María del Carmen intenta enviar un mail desde un locutorio para pintar a su personaje de cuerpo entero. Es en esas sutilezas, en esos entresijos vitales, donde se cuela la verdad potente de una vida poco potente, donde la película se consolida y supera su mínima producción.
María Onetto en un protagónico excluyente tiene el difícil trabajo de mostrar destellos de una vida interior de un personaje condenado a ser gris, que se rebela/revela. Muchas veces lo consigue. Arturo Goetz sí logra siempre la ambigüedad de un hombre cuya gracia es armar rompecabezas. El bello final, sobre el que se leen los títulos de la película, es quizás la única toma de posición de la directora sobre su material. Y es, paradójicamente, una voz firme y humana. Y hasta dan ganas de salir del cine y armar un rompecabezas.


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Muy Buena
Un primer trabajo muy interesante.