Rumba

Rumba
Listo, agendada

Sinopsis

Fiona y Dom, maestros rurales, comparten la misma pasión por el baile latino. Todos los fines de semana participan en algún concurso regional. Tienen la casa repleta de trofeos. Una noche, al volver a casa en coche de uno de esos concursos, se estrellan contra un muro al evitar atropellar a una p ... Leer más 

Fiona y Dom, maestros rurales, comparten la misma pasión por el baile latino. Todos los fines de semana participan en algún concurso regional. Tienen la casa repleta de trofeos. Una noche, al volver a casa en coche de uno de esos concursos, se estrellan contra un muro al evitar atropellar a una persona que se les cruza por delante. Sus vidas dan un tremendo vuelco…

Ficha técnica

Género Comedia
Título Original Rumba
Director Fiona Gordon, Bruno Romy, Dominique Abel
Protagonistas Clément Morel, Philippe Martz, Fiona Gordon, Bruno Romy, Dominique Abel
Año de producción 2008
Duración 77 minutos.
País Francia
Calificación de la comunidad
Calificación promedio: 2.50
Calificación media basada en 50 personas
Calificación de la prensa
Calificación promedio: 4.00
Calificación media basada en 3 críticos
Ultima modificación littlemissunshine (Hace 3 años)

Imágenes

Críticas de la prensa

Pagina 12 (Argentina)

4.00
Muy Buena

El carácter funámbulo de los protagonistas, la paleta de colores vivos, la música a la que el título refiere y la estética como de parque de atracciones hacen de Rumba una de esas películas a las que suele endilgarse el mote de “encantadoras”, calificativo siempre en peligro de autosatisfacción. ¿Cuán encantadora puede ser esta pelícu ... Leer más El carácter funámbulo de los protagonistas, la paleta de colores vivos, la música a la que el título refiere y la estética como de parque de atracciones hacen de Rumba una de esas películas a las que suele endilgarse el mote de “encantadoras”, calificativo siempre en peligro de autosatisfacción. ¿Cuán encantadora puede ser esta película, si incluye una amputación, la pérdida del hogar, la imposibilidad definitiva de bailar para quien hizo del baile su vida, reiterados intentos de suicidio y una amnesia postraumática, que impide reconocer a la mujer amada? No puede decirse de Rumba que sea una película encantadora si no se agrega que es triste, dolorosa, de-sesperante, y también llena de ánimo y entusiasmo. Esta múltiple condición hace de ella un film de infrecuente generosidad, tanto en sentido emocional como formal.

Autores de El iceberg –que se había visto en alguna edición del Festival de Mar del Plata–, los belgas Fiona Gordon y Dominique Abel parecen, más que marido y mujer, hermanos mellizos. Largos, huesudos y desgarbados, sólo el color de pelo los diferencia: él es morocho, ella pelirroja. De formación mímica y actoral, desde sus primeros cortos Gordon y Abel vienen practicando –en calidad de guionistas, actores, coproductores y codirectores, junto a Bruno Romy– un arte mudo, más en línea con la doble K kinética de Keaton y Kaurismäki que de la M morisquetera de Marcel Marceau o algún mimo de la calle. De Keaton heredan una concepción del mundo como suma de calamidades, a las que afrontan con un sentido de adaptación seco y no resignado. De Kaurismäki, la fusión de comedia muda y tragedia, más muda aún. De ambos, el estoicismo, que les permite no ceder a mohínes de clowns enharinados.

En Rumba, Gordon hace de Fiona y Dominique, de Dom. Profesores de secundario, lo que les da felicidad es bailar la rumba, el son, el mambo. El, un poco como turista, sacudiendo tal vez demasiado las manos. Ella, siempre a punto de descoyuntarse, pero no sin gracia y sensualidad. Después de ganar la enésima copa, se cruzan con el suicida más ineficaz del mundo (cuando espera el tren en la vía, el tren no viene; cuando se va, pasa; cuando vuelve, ya se fue) y sobreviene la desgracia. Habrá convalecencias, pérdidas, extravíos y desencuentros. Pero nada desalienta del todo a Fiona y Dom. Rumba es una de esas películas que transcurren en mundos ni enteramente distintos, ni totalmente parecidos a éste. Radicalmente minimal, unos pocos rasgos esenciales definen a lugares y decorados, visto siempre desde una única posición de cámara. Un pizarrón y unos pupitres hacen un aula; un portón que se entreabre, el salón de baile; un par de camas alineadas, la habitación de hospital.

Todos esos escenarios, aun los menos gratos, parecen siempre recién pintados, con colores de kindergarten. En el mundo de Abel y Gordon (cuya compañía productora se llama Courage Mon Amour), lo naïf y lo macabro no se repelen: coexisten. Pero no en busca del efecto truculento, a lo Grimm, sino como objeto de una perplejidad asombrada, que no declina ni ante lo peor. De visita en el hospital, un grupo de alumnos regala a la profesora, que se quedó sin pierna izquierda, la pantufla derecha. La paciente recibe por correo una pierna ortopédica. Pero no es de color piel, sino de un ostensible caoba. En medio de un festejo, la pierna se prende fuego, el fuego se comunica a la cortina y en cuestión de minutos la casa ardió y se calcinó, como los ciclones y tornados que arrasaban las de Keaton.

Recurriendo al gag visual como unidad semántica, Rumba recuerda que, en contra de lo que suele pensarse, un gag también puede ser dramático, lírico, melancólico, dark y hasta terrible. Véase cierto baile de sombras que toman el relevo de sus “dueños” discapacitados, el interminable ofrecimiento de café del amnésico Dom y, sobre todo, el aprovechador que desviste a Dom cómicamente, pero con una finalidad espantosa. Al revés de tanto cine minimalista, en el que el gag visual congela, como foto fija, una humanidad condenada al tic y la manía (imposible no pensar en el sueco Roy Andersson y La comedia de la vida), la reducción a unos pocos rasgos esenciales no funciona aquí como intento de atrapar y escrachar, sino de absorber el mundo en amplitud.

Por Horacio Bernades

La Nacion (Argentina)

4.00
Muy Buena

Es como una comedia de cine mudo, pero sonora y llena de danza. No importa lo dramáticas, cómicas, tristonas o disparatadas que sean las situaciones que ilustran esta pequeña y sensible historia de amor, el universo ligeramente surrealista creado por Dominique Abel, Fiona Gordon y Bruno Romy está dominado por la gracia. Una gracia que tiene a v ... Leer más Es como una comedia de cine mudo, pero sonora y llena de danza. No importa lo dramáticas, cómicas, tristonas o disparatadas que sean las situaciones que ilustran esta pequeña y sensible historia de amor, el universo ligeramente surrealista creado por Dominique Abel, Fiona Gordon y Bruno Romy está dominado por la gracia. Una gracia que tiene a veces mucho de juego infantil, otras se acerca al humor negro, ocasionalmente roza la poesía y siempre derrocha optimismo y generosidad. Una gracia que está en los cuerpos (verdaderos protagonistas) antes que en las palabras (cuando las hay), y está en el tono ligero y farsesco heredado de Tati, referencia inevitable, pero también de Buster Keaton y otros héroes del cine mudo.

El espíritu chispeante se percibe desde el comienzo, en los días felices de la pareja de docentes: ella, paciente profesora de inglés; él, de gimnasia; ambos, entusiastas del baile latino, gracias al cual cosechan premios en los concursos de provincia. Un día, un desdichado que intenta suicidarse se les cruza en el camino y marca el inicio de la serie de percances que ellos sobrellevarán como puedan, pero sin perder la esperanza ni el optimismo. Ni siquiera cuando las cosas se ponen muy negras: nada puede contra el amor. Por algo la flor que ella arroja al mar en homenaje a su marido cuando cree que lo ha perdido le vuelve a las manos como un envío con destino equivocado.

La pequeña troupe franco-canadiense-belga elige un lenguaje estilizado y simple: planos fijos, como conviene a una puesta concentrada en los gestos y los movimientos de los actores. Y a veces incorpora ciertos trucos clásicos, como en la muy bella escena en que son las sombras de Abel y Gordon, la pareja central, las que asumen una acción inaccesible para los cuerpos maltrechos. Hay otros hallazgos que hablan de la inventiva del equipo: algunos son francamente humorísticos, como la secuencia en que los protagonistas deben cambiar de ropa dentro del auto en movimiento; otros, de una comicidad más oscura, como la escena del suicidio con final sorpresa o la del incendio que una prótesis de madera propaga por toda la casa.

Algún altibajo en la segunda parte no resta mérito a este film delicioso, refrescante y destinado a toda clase de público.

Fernando López

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