En una calurosa noche de verano de Buenos Aires, un accidente unirá la vida de tres hombres. Matías Fustiniano (Martin Slipak) se encontraba de regreso de una fiesta en el auto de su madre cuando atropella a un joven ciclista causándole la muerte. Asustado y en estado de shock Matías huye del ... Leer más
En una calurosa noche de verano de Buenos Aires, un accidente unirá la vida de tres hombres. Matías Fustiniano (Martin Slipak) se encontraba de regreso de una fiesta en el auto de su madre cuando atropella a un joven ciclista causándole la muerte. Asustado y en estado de shock Matías huye del lugar y decide mentirle a sus padres e inventar el robo de su auto para que no lo descubran. Víctor Marchetti (Federico Luppi) es el padre de la víctima y comienza una cruzada por los tribunales y por los medios de comunicación en busca de justicia, creyendo que lo único que le dará sentido a su vida es hallar al asesino de su hijo y mandarlo a la cárcel. Federico Samaniego (Leonardo Sbaraglia), que aquella noche participó de un confuso incidente con el joven ciclista minutos antes de su muerte, es pronto señalado como el responsable de haberlo atropellado y abandonado. Así, Federico observa impotente cómo de la noche a la mañana su vida como padre de familia se derrumba ante sus ojos. A veces por azar, otras por elección, estos tres hombres irán empujándose, unos a otros, poco a poco, hacia un camino del cual no tendrán retorno.
| Género | Drama, Suspenso |
|---|---|
| Título Original | Sin Retorno (Miguel Cohan) |
| Director | Miguel Cohan |
| Protagonistas | Federico Luppi, Leonardo Sbaraglia, Ana Celentano, Luis Machín, Martín Slipak, Arturo Goetz, Felipe Villanueva, Rocío Muñoz, Daniel Valenzuela, Agustín Vásquez |
| Año de producción | 2010 |
| Duración | 104 minutos. |
| Productor | Gerardo Herrero, Mariela Besuievsky, Vanessa Ragone |
| Guionista | Ana Cohan, Miguel Cohan |
| Música | Lucio Godoy |
| País | Argentina · España |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 140 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 1 críticos |
| Ultima modificación | pabs (Hace 6 meses) |
Sin efectismos, sin apelaciones a la emoción fácil, sin discursos aleccionadores, sin subrayados, sin maniqueísmo en la pintura de personajes. A veces, como en el caso de este apreciable debut de Miguel Cohan en el largometraje, conviene empezar por señalar todos los peligros que un film ha sabido sortear a pesar de que la historia que aborda ( ... Leer más Sin efectismos, sin apelaciones a la emoción fácil, sin discursos aleccionadores, sin subrayados, sin maniqueísmo en la pintura de personajes. A veces, como en el caso de este apreciable debut de Miguel Cohan en el largometraje, conviene empezar por señalar todos los peligros que un film ha sabido sortear a pesar de que la historia que aborda (los accidentes de tránsito y sus consecuencias) se prestaba al sensacionalismo, la demagogia y la solicitación lacrimógena, como lo prueban día a día casi todos los noticieros de TV.
Sin retorno se limita a desarrollar dramáticamente una historia similar a muchas que abundan en la crónica mediática: alguien atropella con su coche a un joven ciclista y, creyéndolo muerto, huye e intenta hacer desaparecer cualquier elemento que pueda incriminarlo, incluido el auto, al que denuncia como robado por desconocidos. No hubo testigos: nadie pagará por el delito. Pero el azar se interpone: el atropellado fallece a los pocos días, su desconsolado padre, sin respuestas satisfactorias de parte de la Justicia, recurre a la TV para exigir castigo y la presión mediática, sumada a algunas pruebas poco relevantes y a un par de testimonios irresponsables, termina por acusar a un inocente: un modesto artista de variedades que se gana la vida como ventrílocuo.
Una familia que titubea, pero al fin prefiere encubrir al culpable, una policía que actúa con demasiada ligereza, un corrupto agente de seguros que olvida sus bien fundadas sospechas por una buena suma, una justicia excesivamente sensible al reclamo público: todo se combina para que el caso siga adelante y el ventrílocuo termine entre rejas. Casi cuatro años.
Como en casi todo el film, Cohan ciñe su narración a lo esencial: no importa tanto mostrar en detalle cómo suceden los hechos principales -el accidente, el ocultamiento, la condena, la cárcel- sino las conductas que los generan y las marcas que dejan en los personajes, tan indelebles como los tatuajes con los que la víctima se ganaba la vida. El elaborado guión (quizá demasiado elaborado y demasiado atento a la reacción que busca suscitar en el espectador, sobre todo con la lección ética del final), habla de la culpa, la hipocresía, el individualismo, la irresponsabilidad y otras manifestaciones que revelan el estado actual de nuestra sociedad. Lo hace con una claridad expositiva que también admite segundas lecturas y muestra firmeza para conducir un elenco sólido en el que Sbaraglia y Slipak asumen las partes más comprometidas.
Un caso policial puede dispararse hacia cualquier lado, cambiando la vida de todos los implicados en él. Pero no sólo los responsables directos, sino la de todos aquellos que, por circunstancias del destino, aparecen mezclados en él. Y la tesis expuesta en Sin retorno –en el título, sin ir más lejos- es que de esas situaciones no se vuelve. ... Leer más Un caso policial puede dispararse hacia cualquier lado, cambiando la vida de todos los implicados en él. Pero no sólo los responsables directos, sino la de todos aquellos que, por circunstancias del destino, aparecen mezclados en él. Y la tesis expuesta en Sin retorno –en el título, sin ir más lejos- es que de esas situaciones no se vuelve. Al menos, no como se entró.
El caso que narra el filme es, en principio, simple. Un hombre para (mal) su bicicleta en una avenida para recoger unos importantes papeles que se le cayeron y que se los dio su padre (Federico Luppi). Justo en ese momento pasa en su auto Federico (Leonardo Sbaraglia), un ventrílocuo que viene de trabajar, y se lleva la bici por delante al esquivar un muy poco claro (cinematográficamente hablando) desvío de tránsito. El golpe arruina la bicicleta, pero no le hace nada al muchacho en cuestión.
Pero apenas un minuto después pasa lo peor: Matías (Martin Slipak) sale con un amigo de una fiesta para buscar más hielo, y ellos sí se llevan por delante con fuerza al hombre, que todavía estaba ahí, shockeado por el accidente anterior. Los adolescentes dudan, pero deciden escapar de la escena del crimen (el hombre sangraba, parecía muerto), esconden el auto y mienten respecto a lo sucedido.
La aparición de la noticia en los medios, la ineficiencia de la policía y la Justicia, y el consecuente escándalo (Luppi termina convertido en una especie de Blumberg) llevan a que Federico, que estaba justo saliendo del país de vacaciones (ay, esas casualidades de guión) pase a ser el sospechoso principal, y que los vecinos “testigos” confundan ambos accidentes, asegurando que él fue el responsable, por más circunstanciales que sean las evidencias.
Durante su primera hora, Sin retorno es un policial menor, no mucho más complejo ni desarrollado que un capítulo de alguna serie estadounidense tipo La ley y el orden , ni tampoco mucho más cinematográfico en su tratamiento. Sólido y bien actuado, pero rutinario y metódico, casi programático.
Pero las cosas mejoran, y bastante, en su última media hora, aunque contar qué es lo que sucede allí sería revelar demasiado. Digamos que las cartas cambian de mano, que la tensión y el peligro son mayores, y que los dilemas morales no se enuncian sino que se ponen en juego en cuestiones de vida o muerte. Y que los personajes, especialmente el Federico de Sbaraglia (su transformación de timorato humorista a potencial vengador es sorprendente), crecen y se vuelven más ricos y complejos.
Lo interesante, además, de Sin retorno , es observar las consecuencias de un caso policial que puede ser sólo un accidente (¿no será, finalmente, el hijo del personaje de Luppi el que causó todo el caos posterior?), pero que termina generando infinidad de versiones.
“Cada uno tiene sus razones”, decía Jean Renoir y a esa máxima le hace honor Cohan: llevados por las circunstancias, todos toman decisiones moralmente cuestionables pero, a la vez, entendibles desde la confusión y/o la debilidad. Y la película no busca culpables en los protagonistas. Llegado el caso, la culpabilidad podría recaer en una sociedad que pretende que las cosas sean siempre claras, de manual, blancas o negras. Y no es así: el gris es el más común de los colores.
Hay una clase de película que los norteamericanos o los españoles hacen varias por año.
Se realizan para que la gente entre a una sala, le cuenten una historia y salga del cine con la satisfacción de haberse distraido un rato.
Sin retorno es en un 95% una película como esas, y realmente es una rareza en el cine nacional.
Hay 5 películas ar ... Leer más Hay una clase de película que los norteamericanos o los españoles hacen varias por año.
Se realizan para que la gente entre a una sala, le cuenten una historia y salga del cine con la satisfacción de haberse distraido un rato.
Sin retorno es en un 95% una película como esas, y realmente es una rareza en el cine nacional.
Hay 5 películas argentinas que lo logran por año, pero me da la sensación de que esta lo hizo más cómodamente. Se propuso un objetivo y lo logró.
El guión tiene muy buenos detalles y una buena elaboración de los personajes.
El director hace un buen trabajo, ya que el ritmo de la película no decae, y hay escenas muy bien logradas.
Sbaraglia está muy bien. Creo que dejó de lado los gestos que tenía de hace 5 años para atrás, y al igual que en Las viudas de los jueves, compone un muy buen personaje.
El resto del elenco cumple con creces su cometido.
Sin retorno es una muy buena salida al cine, para ver un cine nacional mucho más cercano a lo que la gente ve en la televisión, o que puede leer en una novela.
Y seguramente verás que más arriba hablaba de un 95% de similitud con esas realizaciones internacionales con un objetivo claro.
Quisiera no hablar del 5% que para muchos será más que eso... creo que falla mal en algo, que no quiero detallar, pero que muchos al verla se darán cuenta.
No se si es porque el director quiso dejar en claro que al fin y al cabo era argentino, o que su apellido se parece mucho al de los Coen... pero ese 5% hará que muchos salgan enojados.
Podrían haber hecho otra y el resultado sería algo más tradicional.
Pero realmente Sin retorno es una buena película, con el objetivo simple de contarte una historia. Y definitivamente aplaudo a este cine, y ojalá que pueda tener un poco más de participación, entre tantas películas festivaleras que se estrenan cada año en nuestro país.


Cargando...
Sin Retorno
"Muy Buena"
"Una víctima fatal, un inocente señalado como culpable, un culpable carcomido por el miedo y la culpa, un padre dispuesto a encontrar justicia o algo parecido... ya para nadie habrá retorno. Muy buena película. Se entrelazan las vidas de los protagonistas de manera nada feliz y se muestra cómo una imagen conmovedora de reclamo de justicia puede influenciar a los medios, que a su vez influyen desmedidamente entre la gente común y peor aún, entre los que debieran administrar esa supuesta Justicia. "