Historia del neozelandés Burt Munro, que se pasó años perfeccionando una moto Indian de 1920 que le permitiera batir un récord de velocidad en las llanuras de sal de Bonneville, en Utah, en los años setenta.
| Género | Biográfico, Drama, Deporte |
|---|---|
| Título Original | The World's Fastest Indian |
| Director | Roger Donaldson |
| Protagonistas | Anthony Hopkins, Diane Ladd, Jessica Cauffiel, Christopher Lawford |
| Año de producción | 2005 |
| Duración | 127 minutos. |
| Productor | Roger Donaldson |
| Guionista | Roger Donaldson |
| Música | J. Peter Robinson |
| País | Nueva Zelanda · Estados Unidos · Japón |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 72 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 1 críticos |
| Ultima modificación | jev233 (Hace un año) |
En 1971, el director australiano Roger Donaldson filmó un documental sobre Burt Munro, un querible y algo excéntrico viejito neozelandés que cuatro años antes había sorprendido a todos al batir, en la famosa Speed Week de Bonneville, Utah, el récord mundial de velocidad con una motocicleta de 1920 modificada de manera artesanal por él mismo. ... Leer más En 1971, el director australiano Roger Donaldson filmó un documental sobre Burt Munro, un querible y algo excéntrico viejito neozelandés que cuatro años antes había sorprendido a todos al batir, en la famosa Speed Week de Bonneville, Utah, el récord mundial de velocidad con una motocicleta de 1920 modificada de manera artesanal por él mismo.
Desde entonces, este eficaz realizador de títulos como El motín del Bounty , Sin salida , Arenas blancas y Trece días luchó -emulando a la épica que quería narrar- hasta conseguir la financiación necesaria para reconstruir en la pantalla grande esta proeza humana y deportiva. Casi 35 años le llevó a Donaldson obtener los 25 millones de dólares y encontrar en el gran Anthony Hopkins al aliado ideal para cumplir con aquel sueño de juventud, pero semejante muestra de esfuerzo y tesón valió la pena: más allá de las limitaciones y las previsibilidades inevitables de este subgénero de películas biográficas sobre héroes anónimos que sortean todos los prejuicios de su época y superan los contratiempos a los que se enfrenta todo amateur en un mundo desconocido y hostil hasta concretar la hazaña, tanto el director como el protagonista se combinan para ofrecer dos horas de aventuras, humor y emoción sostenidas con sensibilidad y nobleza.
Mezcla de géneros
Entre el drama biográfico, el costumbrismo de época (transcurre a mediados de los años 60), la comedia de enredos y la road-movie iniciática (el inocente Munro cruza solo y a bordo de un destartalado automóvil buena parte de los Estados Unidos para participar de la prueba de velocidad), Sueños de gloria cede a algunas tentaciones menores propias de la corrección política (los personajes secundarios son exponentes siempre simpáticos y bienintencionados de las minorías étnicas y sexuales), a la presencia demagógica de un niño encantador que se convertirá en el principal fan del protagonista, a una mirada demasiado edulcorada del mundo o a ciertos lugares demasiado comunes sobre el self-made man y el mito del sueño americano.
Pero ninguna de esas concesiones alcanza a lesionar la indudable fortaleza de una historia clásica narrada y actuada con enorme convicción y, por suerte, casi siempre alejada de los desbordes falsamente sentimentales y melancólicos de tanto producto lacrimógeno.
Como ocurrió hace varios años con la notable Una historia sencilla , de David Lynch, o pocos meses atrás con la no menos lograda En busca de un sueño , la historia real de una niña que salvó de la muerte a un caballo y lo convirtió en campeón del turf, aquí todos sabrán de antemano que Munro conseguirá su objetivo, pero en estos casos lo que importa no es tanto lo que se logra sino cómo se lo logra. Por eso, más allá del triunfo final, lo que realmente interesa aquí es cómo se recorre ese quijotesco periplo hacia la gloria. Y, en este sentido, poder acompañar a un sólido artesano del cine internacional como Donaldson y a un grande de la actuación como el omnipresente Hopkins, aquí desprovisto de cualquier exceso de vanidad y egolatría, resulta un verdadero placer.
Diego Batlle


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Sueños de Gloria
"Regular (+)"
"Mas allá de las peripecias para su realización la película no me terminó de convencer. Hopkins cumple correctamente pero, a mi gusto, le falto un poco mas de adrenalina."