Synecdoche New York - Todas las vidas, mi vida

Synecdoche New York - Todas las vidas, mi vida
Listo, agendada

Sinopsis

Un director teatral trata de contar una ambiciosa historia creando una réplica de la ciudad de Nueva York en un pequeño almacén. Sin embargo, descubrirá que padece una extrañe enfermedad que provoca que las funciones vitales de su cuerpo vayan deteniendose una a una.

Ficha técnica

Género Comedia, Drama
Título Original Synecdoche, New York
Director Charlie Kaufman
Protagonistas Philip Seymour Hoffman, Emily Watson, Dianne Wiest, Catherine Keener, Michelle Williams, Samantha Morton
Año de producción 2008
Duración 124 minutos.
Productor Spike Jonze, Sidney Kimmel
Guionista Charlie Kaufman
Música Jon Brion
País Estados Unidos
Calificación de la comunidad
Calificación promedio: 3.03
Calificación media basada en 263 personas
Calificación de la prensa
Calificación promedio: 3.00
Calificación media basada en 4 críticos
Ultima modificación jev233 (Hace un año)

Imágenes

Críticas de la prensa

Cine Premiere - I. Morales (México)

4.00
Muy Buena

Antes de decir qué es, les diré qué no es Nueva York en escena: no es una historia sobre el teatro. Aunque eso les dirán algunos. El protagonista es un director (¿directores?) de teatro, pero su profesión es relevante sólo en el sentido de que hace, o intenta hacer, lo que todos desearíamos: dirigir nuestra propia vida y a la gente en ella. ... Leer más Antes de decir qué es, les diré qué no es Nueva York en escena: no es una historia sobre el teatro. Aunque eso les dirán algunos. El protagonista es un director (¿directores?) de teatro, pero su profesión es relevante sólo en el sentido de que hace, o intenta hacer, lo que todos desearíamos: dirigir nuestra propia vida y a la gente en ella. Pero las personas que nos rodean, como las que rodean al Caden de Philip Seymour Hoffman a lo largo de los casi 40 años que abarca la trama, son en realidad invenciones de él mismo. Invenciones de nosotros mismos. Vemos lo que queremos ver e intentamos manipularlos a que hagan lo que nosotros creemos es lo correcto. Y a veces es necesario dar un paso hacia atrás, salirnos de nosotros mismos e inventarnos ser alguien más, para poder ver el gran plan. La sinécdoque del título original: ver al todo, por sus partes. Y así, si el protagonista es hombre, mujer, joven o viejo, es irrelevante. Simplemente es. Es lo que los demás quieren que sea, lo que la otra gente cree que es y es lo que él quisiera ser. La pregunta clave, sin embargo, persiste: ¿Quién soy? 


No hay duda que Kaufman buscaba lograr dos cosas con la primera cinta que dirige él mismo. En primer lugar, confundirnos. Que a través de esa confusión descubramos cosas sobre nosotros mismos y lo absurdo de la existencia. Pero es una confusión falsa, porque en realidad no hay nada de confuso. En realidad es muy simple, pero es difícil de destilar. Como diría un personaje de una cinta mucho, mucho, más fácil, "hay verdad, pero no hay lógica". Y en segundo, que la veamos dos veces por lo menos. La primera vez es demasiado, es una sobrecarga de Kaufman, por ponerlo de alguna forma: Kaufman puro, sin pasar por el filtro de Gondry o Jonze.



Cada quién verá y entenderá lo que quiera. Y ése es el punto. Los personajes que vemos aquí se confunden porque no ponen atención, escuchan una palabra cuando se dijo otra, no ven cosas que están justo enfrente e ignoran el fuego que los rodea porque su vida les acomoda. Igual nosotros, como pocos filmes en el pasado, –quizá un poco como Play Time (1967) de Jacques Tati–, Nueva York... depende casi tanto del espectador como de ella misma. 


En corto, podríamos decir que se trata de la vida. Del poco sentido de todo, de lo absurdo de nuestra existencia, pero también se trata de la búsqueda de algún fin. De ser algo más de lo que somos. Porque al final del día, todos somos Caden Cotard: escuchamos lo que queremos escuchar, vemos lo que queremos ver y entendemos lo que queremos entender.

–Ivan Morales

La Nación - N. Trzenko (Argentina)

4.00
Muy Buena

Entre las pesadillas y el mundo real, en ese reino brumoso, condensado y desplazado de los sueños freudianos transcurre la ópera prima de Charlie Kaufman. El guionista de ¿Quieres ser John Malkovich? y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos trasladó de aquellos trabajos a ésta historia el denso aire melancólico, el humor nacido de l ... Leer más Entre las pesadillas y el mundo real, en ese reino brumoso, condensado y desplazado de los sueños freudianos transcurre la ópera prima de Charlie Kaufman. El guionista de ¿Quieres ser John Malkovich? y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos trasladó de aquellos trabajos a ésta historia el denso aire melancólico, el humor nacido de la más desesperada angustia existencial y sus preocupaciones sobre el sentido y objetivo del arte pero esta vez sin contar con un director que frenara sus impulsos narrativos.

Ahora, en lugar de confiarle su historia a Spike Jonze o Michel Gondry, Kaufman decidió contarla él mismo. El resultado es exitoso tanto en su gigantesca ambición como en su microscópica atención al detalle de cada plano, cada diálogo y cada sonido en pantalla.

Como las bellas y minúsculas obras de arte que crea la esposa del protagonista, este film requiere de una mirada atenta y concentrada, aun en esos pasajes en que parece querer abarcar el mundo entero mostrando sólo una de sus muchas partes. Y a uno de sus más conflictuados habitantes: se trata de Caden Cotard, un dramaturgo y director teatral interpretado por Philip Seymour Hoffman con la suficiente cantidad de pesimismo y neurosis como para provocar que su esposa, la artista plástica Adele Lack (Catherine Keener) confiese a su terapeuta -la siempre maravillosa Hope Davis- que a veces fantasea con la muerte de su marido para poder ser libre.

Allí está la pareja en un principio compartiendo una casa como cordiales extraños con una pequeña hija y gigantes resentimientos en común. Con una obra a punto de estrenarse, una versión de Muerte de un viajante de Arthur Miller que provoca una mueca de disgusto en Adele, Caden empieza a sufrir extraños síntomas de enfermedades que podrían ser tanto reales como imaginarias.

Esa atmósfera de irrealidad es la columna vertebral de este film en dos actos. El primero termina cuando el protagonista es abandonado por su mujer, que se lleva a su hija a Berlín para convertirse en una estrella en alemán y al mismo tiempo -aunque la sucesión cronológica aquí es más intermitente que lineal-, gana una beca "para genios" que le permitirá alcanzar la gloria creativa.

Allí comienza entonces la segunda parte de la historia, con el dramaturgo penando la pérdida de Hazel, esa mujer misteriosa que vive en una casa en permanente estado de incendio -interpretada con una naturalidad cercana a la perfección por la británica Samantha Morton-y armando una réplica de Manhattan y la vida de sus habitantes en busca de la verdad artística.

Como un juego de muñecas rusas al infinito, la obra de Caden crece y se repite sin fecha de estreno ni público. Un sueño obsesivo y megalómano, tan pretencioso como confuso y emocionante. Algo similar a lo que provoca este film que narra una vida trágica, conmovedora, ridícula, como si a través de ella estuviera contándolas todas.

Natalia Trzenko

Crítica Digital (Argentina)

2.00
Regular

Bienvenidos al primer film como director de Charlie Kaufman, el creador de un género que, a falta de mejor denominación, podríamos llamar “realismo mágico estadounidense”. En efecto, aburrido de que Hollywood haya adoptado, con la absoluta naturalidad del pionero, la fantasía como una de sus herramientas más precisas, el hombre la puso al ... Leer más Bienvenidos al primer film como director de Charlie Kaufman, el creador de un género que, a falta de mejor denominación, podríamos llamar “realismo mágico estadounidense”. En efecto, aburrido de que Hollywood haya adoptado, con la absoluta naturalidad del pionero, la fantasía como una de sus herramientas más precisas, el hombre la puso al servicio de una idea del intelectualismo que, por el absurdo, no deja de ser provinciana. La sombra terrible de Cortázar (perdón el sacrilegio: en todo caso, sólo el mecanismo de surgimiento de lo raro en lo cotidiano) aparece en sus guiones para ¿Quieres ser John Malkovich?, El ladrón de orquídeas, etcétera, mezclado con cierta forma del humor que se parece más bien a la burla a los personajes.

Gracias a los directores, algunos films son buenos.

Aquí el citado libretista narra la historia de un director teatral (Phillip Seymour Hoffman) que quiere hacer “algo honesto” y comienza a construir una réplica de su mundo y a poblarla de actores que interpretan su propia vida, al punto de disolver las fronteras entre lo real y la ficción. Es decir, lo que los norteamericanos consideran “intelectual” y que, en el resto del universo más o menos civilizado, podríamos describir como “rebuscado al cohete”. Porque en el fondo el film es la historia de un intelectual que no sabe cómo lidiar al mismo tiempo con la vida cotidiana y con lo que nace en su imaginación, un dilema universal. Pero, de no ser porque Kaufman no opta por la sinécdoque –lo que implicaría síntesis– sino por la hipérbole –lo que termina asfixiando– lo que en realidad tenemos es una serie de viñetas triviales sin peso. Realismo mágico, entonces: un cuento aburrido disfrazado de raro.

Escribiendo CIne - Emiliano Basile (Argentina)

2.00
Regular

Charlie Kaufman incursiona en la dirección con Todas las vidas mi vida (Synecdoche, New York, 2009) película que retrata mediante el estilo visual y narrativo del guionista de ¿Quien quiere ser John Malkovich?, la crisis existencial de un dramaturgo -alter ego de Kaufman- tan ambicioso como pesimista, que intenta hacer la obra de su vida. La rea ... Leer más Charlie Kaufman incursiona en la dirección con Todas las vidas mi vida (Synecdoche, New York, 2009) película que retrata mediante el estilo visual y narrativo del guionista de ¿Quien quiere ser John Malkovich?, la crisis existencial de un dramaturgo -alter ego de Kaufman- tan ambicioso como pesimista, que intenta hacer la obra de su vida. La realidad esta tan fusionada con la ficción que el propio film se convierte en demasiado ambicioso, perjudicando el resultado final del mismo.

Caden Cotard (Philip Seymour Hoffman) es un dramaturgo a punto de estrenar su obra cumbre llamada Schenectady, New York. En ese momento sufre una crisis existencial que le provoca diferentes desestabilizaciones en su vida personal. Como artista que es, inmiscuye sus pesares en la obra dándole un tinte aún mas biográfico y melancólico a su puesta. Los acontecimientos siguen sucediéndose, los actores siguen sumándose -al conocer mas gente en su vida- y la obra sigue ensayándose eternamente sin nunca estrenar.

Elementos surrealistas (una casa ardiendo en el fuego continuamente), flashbacks y flashforwards que se entrelazan en el presente una y otra vez sin distinguirse visualmente del tiempo del relato, son algunos de los rasgos autorales de Charlie Kaufman. Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Eternal sunshine of the Spotless Mind, 2004), ¿Quieres ser John Malkovich? (Being John Malkovich, 1999) y El ladrón de orquídeas (Adaptation, 2002); son películas que tienen todas estas características y también la melancolía existencial con la que está atravesada la mirada de cada acontecimiento retratado. La búsqueda del amor verdadero en Eterno resplandor... y la crisis creativa en El ladrón de orquídeas.

Quizás en este punto Todas las vidas mi vida se asemeje a este último film, no sólo en tema sino en la representación simbólica de su protagonista. Nicolas Cage en esa y Philip Seymour Hoffman en esta, vienen a representar el alter ego de Charlie Kaufman, un artista patético, nostálgico, hipocondríaco que no hace más que boicotear su propia vida y la de la gente que lo rodea. Sin embargo parece ser un gran genio. Pero es esta densidad –del personaje y del propio Kaufman- la que hunden al protagonista y al film en el más espeso y oscuro de sus pesares.

Lo cierto es que Charlie Kaufman hace catarsis en su primer film en el rol de director. Catarsis que muchas veces hemos disfrutado en sus anteriores películas como guionista, pero que aquí padecemos por la consistencia con la cual está trabajada Todas las vidas mi vida. Quizás sus guiones tuvieron siempre este tinte fatalista y fueron los directores -Spike Jonze, Michel Gondry- quienes aportaron su estilo visual para convertirlos en películas mas ligadas a la fantasía. No lo sabemos, aunque si evitemos ver este film un domingo a la tarde.

Comentarios

geg calificó:

Excelente

He visto muchas muy buenas películas en mi vida pero ninguna puede compararse a la magia indescriptible de gozar de un lenguaje diferente que llega por todos los sentidos y no desde la razón sino desde todo el cuerpo. Incomparable.

Hace un año ·  Un voto · ¿Te sirvió este comentario?  Si   No  · Responder
mda Creo que las otras películas escritas por Kaufman son mejores. Pero esta no deja de ser atrapante y movilizadora. Pero bueno, vos sos el experto en esta película, je.
Hace un año
Calificación promedio

Calificación promedio: 30
Buena
Calificación de la comunidad
Calificación promedio: 3.03
Calificación media
basada en 263 personas
Calificación de la prensa
Calificación promedio: 3.00
Calificación media
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