Bob Barnes es un agente veterano de la CIA en el ciclo final de una extensa carrera laboral. Siempre fue un empleado muy dedicado a su trabajo, creyendo que su labor beneficiaba al gobierno. En Washington le prometen una promoción luego de que efectúe una última misión clandestina: asesinar al p ... Leer más
Bob Barnes es un agente veterano de la CIA en el ciclo final de una extensa carrera laboral. Siempre fue un empleado muy dedicado a su trabajo, creyendo que su labor beneficiaba al gobierno. En Washington le prometen una promoción luego de que efectúe una última misión clandestina: asesinar al príncipe Nasir, perteneciente a un país petrolero del Golfo Pérsico. Pero cuando uno de sus agentes lo traiciona, el intento de asesinato sale mal y la CIA toma a Bob como chivo expiatorio. La agencia para la cual él trabajó toda su vida lo traiciona. Comienza a investigar para poder entender el por qué de las cosas, encontrando como resultado que durante toda su carrera ha sido un peón de ajedrez. Nunca conoció la verdadera razón de sus misiones, ni las consecuencias de la feroz lucha por la riqueza y el poder.
| Género | Drama, Suspenso |
|---|---|
| Título Original | Syriana |
| Director | Stephen Gaghan |
| Protagonistas | Matt Damon, Amanda Peet, Christopher Plummer, Chris Cooper, William Hurt, Jeffrey Wright, Mazhar Munir, George Clooney |
| Año de producción | 2005 |
| Duración | 128 minutos. |
| MPAA rating | R - Restringido. Los chicos menores de 17 años deben estar acompañados por sus padres o por un adulto |
| Productor | Steven Soderbergh, Michael Nozik, Jeffrey Skoll, George Clooney |
| Guionista | Stephen Gaghan |
| Música | Alexandre Desplat |
| País | Estados Unidos |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 292 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 8 críticos |
| Ultima modificación | jev233 (Hace 11 meses) |
Segundo largometraje como director de Stephen Gaghan (el cotizado guionista de "Traffic"), "Syriana" retoma y profundiza la estructura coral de aquel film sobre el mundo de la droga para trasladarlo ahora a un complejo entramado de poderosas corporaciones petroleras, grupos terroristas, funcionarios manipuladores, multimillonarios árabes, especula ... Leer más Segundo largometraje como director de Stephen Gaghan (el cotizado guionista de "Traffic"), "Syriana" retoma y profundiza la estructura coral de aquel film sobre el mundo de la droga para trasladarlo ahora a un complejo entramado de poderosas corporaciones petroleras, grupos terroristas, funcionarios manipuladores, multimillonarios árabes, especuladores de las finanzas y abogados inescrupulosos.
Inspirado en "See No Evil", el libro de memorias de Robert Baer -un veterano de la CIA-, publicado en 2002, "Syriana" es uno de esos thrillers políticos (como "El informante", "La intérprete", la apuntada "Traffic" o la reciente "Munich") que ennoblecen a una industria de Hollywood que muy de vez en cuando se arriesga con retratos que, como éste, ofrecen un mosaico creíble e inteligente sobre los abusos del capitalismo salvaje, el fanatismo religioso y los cada vez más insondables alcances de la globalización en la lucha por el poder político y económico.
Gaghan escribió y filmó un intrincado rompecabezas en el que conviven diálogos y observaciones muy punzantes sobre la amoralidad y los excesos, las manipulaciones y las traiciones cruzadas dentro de los grupos de poder, con logrados recursos del cine de espionaje y grandes conspiraciones. El resultado es una épica bastante sobrecogedora y muy cuestionadora del intervencionismo norteamericano en la que nunca se sabe dónde reside el verdadero mal, quién es la marioneta y quién el último titiritero.
La trastienda del poder
George Clooney, que engordó casi 20 kilos y se dejó una profusa barba para este papel, interpreta a Robert Barnes, un cínico y experimentado agente encubierto de la CIA habituado a operar en zonas candentes como Beirut o Teherán, a lidiar con el tráfico de armas (misiles incluidos) o a negociar con Hezbollah, hasta que sus superiores deciden soltarle la cuerda.
Además de esa historia central, "Syriana" trabaja varias otras subtramas que tienen como protagonistas a un ascendente abogado negro en medio de los lobbies de Washington (Jeffrey Wright), a un analista financiero norteamericano radicado en Suiza y experto en inversiones petroleras (Matt Damon), a dos hermanos inmersos en la lucha intestina por el poder en el seno de una familia real de un emirato árabe, a los cínicos petroleros texanos que parecen jugar al TEG o al Monopoly, pero que se reparten las reservas energéticas del mundo, y a un joven trabajador paquistaní que, en medio de múltiples penurias, se convierte en terrorista suicida al servicio de un grupo fundamentalista del Corán.
Si bien no todos los segmentos alcanzan la misma eficacia (es bastante elemental la historia del suicida paquistaní), la película sí transmite toda la ambigüedad, las contradicciones morales, las miserias íntimas de los diversos personajes. En este sentido, no sólo se lucen los intérpretes centrales, sino también el notable elenco secundario que incluye a Christopher Plummer, Chris Cooper, Amanda Peet o William Hurt.
Gaghan ofrece diálogos punzantes, observaciones irónicas y detalles muy creíbles sobre las hipocresías de los grupos de poder, aunque inevitablemente (al fin de cuentas son sólo dos horas de metraje) termina cayendo en algunos esquematismos.
Analizada con el mismo cinismo del que hacen gala los personajes del film, "Syriana" podría verse como un intento del ala "liberal" de Hollywood (Steven Soderbergh y el propio Clooney oficiaron de coproductores) por expiar sus propias culpas, pero lo cierto es que pocas veces el cine ha contado las trastiendas del poder con el rigor y la osadía de esta película.
Diego Batlle
Parece que Stephen Gaghan es un tipo bastante ambicioso con ansias de iluminar a la gran masa con perspectivas sobre corrupción y poder en sombríos conflictos de intereses que conexionan política con empresa y terminan enmerdando a la mayoría de los protagonistas de tal conexión, ávidos de poder y enriquecimiento en una sociedad donde el dine ... Leer más Parece que Stephen Gaghan es un tipo bastante ambicioso con ansias de iluminar a la gran masa con perspectivas sobre corrupción y poder en sombríos conflictos de intereses que conexionan política con empresa y terminan enmerdando a la mayoría de los protagonistas de tal conexión, ávidos de poder y enriquecimiento en una sociedad donde el dinero parece ser todo.
Manejar los asuntos de corruptelas y podredumbre moral como exhibición denunciadora no está del todo mal si se trata con buen sentido narrativo una ficción de interés que vaya más allá de la fabulación real simplista y el desarrollo de unas ajadas premisas que tanto juego suelen ofertar a los predicadores de diferentes tendencias, seguramente personas limpitas de polvo y paja, y modelos del bien-hacerypensar en todos los aspectos vitales...
Emplea para su diatriba una estructura similar a la de “Traffic” pero permutando la trama anterior sobre el tráfico de drogas por las maniobras internacionales sobre el control energético, con historias desplegadas en diferentes localizaciones ligadas en torno al mismo asunto con semblante naturalista de docudrama y pretensiones de autenticidad.
Lamentablemente esta telaraña coral basada en parte en la experiencia real de Robert Baer resulta muy básica, magnificada de cara al gran público a causa de los temas abordados.
Los personajes no son más que esbozos y todo se reduce a estereotipos imposibles de desarrollo válido en tan poco espacio temporal, al muestrario esquemático de un mosaico humano que apunta pero no penetra, manejándose todo el embrollo con ritmo pesado, exceso de palabrería que no aporta nada nuevo en lo afrontado, y una orientación confusa llena de clichés vendida astutamente como compleja.
En conjunto retoma pautas paranoico-polémicas de otros títulos de intriga política realizados en los años 70, con Alan J. Pakula o John Frankenheimer como puntales de relatos cinematográficos realmente interesantes como "Todos los hombres del presidente", "El último testigo" o la primera adaptación de "El mensajero del miedo" de Richard Condon.


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