Largometraje musical sobre la nueva generación de compositores, intérpretes y bailarines de tango. Cuatro jóvenes tangueros hablan sobre su relación con el tango y demuestran su talento en diversas presentaciones. Junto con la música y el baile, los artistas hablan sobre su vida, sus sueños, s ... Leer más
Largometraje musical sobre la nueva generación de compositores, intérpretes y bailarines de tango. Cuatro jóvenes tangueros hablan sobre su relación con el tango y demuestran su talento en diversas presentaciones. Junto con la música y el baile, los artistas hablan sobre su vida, sus sueños, sus pesadillas y lo que constituye el proceso único e intransferible de la creación.
| Género | Documentario, Musical |
|---|---|
| Título Original | Tango, un Giro Extraño |
| Director | Mercedes García Guevara |
| Protagonistas | Juan Fossati, Fernando Otero, Dolores Solá, Acho Estol |
| Año de producción | 2004 |
| Duración | 87 minutos. |
| Guionista | Mercedes García Guevara |
| País | Argentina |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 20 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 1 críticos |
| Ultima modificación | la vieja |
El tango tiene cada vez más presencia en el cine argentino actual, principalmente en documentales. Una y otra vez, los cineastas ponen sus cámaras frente a personajes, cantantes o bailarines que, además de hacer lo suyo, exponen sus inquietudes precisamente con respecto al tema que los apasiona. Algo así ocurre en "Tango, un giro extraño", el ... Leer más El tango tiene cada vez más presencia en el cine argentino actual, principalmente en documentales. Una y otra vez, los cineastas ponen sus cámaras frente a personajes, cantantes o bailarines que, además de hacer lo suyo, exponen sus inquietudes precisamente con respecto al tema que los apasiona. Algo así ocurre en "Tango, un giro extraño", el trabajo que devuelve al mundo del cine a Mercedes García Guevara, la cineasta que debutó en el largometraje hace seis años, con "Río escondido", un drama que, a pesar de presencias reconocibles (Paola Krum y Juan Palomino), no alcanzó demasiada difusión.
Esta vez, García Guevara cambió su proyecto inicial de un documental sobre tango tradicional, tras el fracaso de un primer intento de coproducción, para dejarse llevar por el universo que acababa de descubrir: el de una nueva generación de cantantes y bailarines que, cada uno con su singularidad en la mochila, rescatan el compás, y lo actualizan, sin traicionar su espíritu.
En este sentido, el costado documental es apenas una anécdota frente al peso propio de cada tema, de cada puesta en escena de una coreografía. Sin embargo, en algunos pasajes García Guevara logra que su cámara funcione como la de un reality show, indiscreta en las reuniones donde los compositores y cantantes ensayan, más dinámica cuando los bailarines dibujan firuletes, con la idea de que, una vez emprolijados, puedan subir a escena.
Así, entre un testimonio y otro, con protagonismo de Acho Estol y Dolores Solá (de La Chicana), entre fragmentos de viejas películas argentinas y hasta de uno de los clips con Carlos Gardel, filmados por Eduardo Morera, desfilan una veintena de temas en una compilación realmente excepcional que tiene a la vez como correlato un CD lanzado en simultáneo.
Desde el tema que presta su título a la película, y "Muñequita china", los dos de Estol por La Chicana, con la excepcional voz cantante de Solá, hasta las guitarras de Las Muñecas, haciendo "Yira-Yira" y "Melodía de arrabal", pasando por Fernando Otero y su X-Tango Quinteto, el rosarino Adrián Iaies, la singularidad de Brian Chambouleyron (su versión de "Araca corazón", de Delfino y Vacarezza, es realmente memorable), 34 Puñaladas y el bandoneón de Osvaldo "Marinero" Montes, o la precisión de parejas de bailarines, como las de Gimena Aramburu con Juan Fossatti, y Mayra Galante con Silvio Grand, todo es tango, y del mejor.
Lástima que los responsables de la producción supongan que los espectadores ya conocen a los grupos y solistas, y por eso no aparezcan sus nombres presentándolos en la pantalla, olvido que complica la tarea de saber quién es quién.
Más allá de esta observación, García Guevara se preocupa porque tanto imágenes como sonidos reflejen a los artistas con la calidad que merecen. Incluso cuando la cámara (inquieta sólo cuando es necesario que así sea), recorre las aulas de una escuela primaria en la que los mismos bailarines enseñan a sus alumnos como perder el miedo y dar los primeros pasos, o cuando en el living con piano de Estol y Solá, ellos componen y ensayan sin ningún tipo de formalidad. Incluso en los escenarios de salones que parecen de otros tiempos, antes y durante los shows, como los que se ofrecen, por ejemplo, en el Centro Cultural Torcuato Tasso de San Telmo.
Claudio D. Minghetti


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