Desde luego no es el propósito del film ayudar a comprender el fenómeno Paulo Coelho, pero sin duda muy poco aporta esta adaptación de una de sus novelas más exitosas. El problema reside, probablemente, en que el fuerte atractivo de las obras del best seller brasileño depende menos de las anécdotas que en ellas se relatan que de las generosas ... Leer más Desde luego no es el propósito del film ayudar a comprender el fenómeno Paulo Coelho, pero sin duda muy poco aporta esta adaptación de una de sus novelas más exitosas. El problema reside, probablemente, en que el fuerte atractivo de las obras del best seller brasileño depende menos de las anécdotas que en ellas se relatan que de las generosas dosis de "revelaciones" y grandes verdades (superficiales, parecidas a las de muchos libros de autoayuda), que el autor desliza en medio de ficciones envueltas en un esotérico pero accesible clima de espiritualidad.
El film -en realidad, ya hubo uno anterior basado en la misma novela y realizado en 2005 por el japonés Kei Horie- debe sacrificar ese costado aleccionador (aunque reserva bastante material para los diálogos del psiquiatra y para la moraleja final) y ceñirse a una trama que, por obra de la adaptación, no es precisamente jugosa y cuyos personajes carecen de consistencia. Todo gira en torno de una mujer joven cuyo vacío existencial -producto de un mundo materialista y hueco en el que no cabe la espiritualidad- la lleva a intentar el suicidio, y del proceso de revalorización de la vida que experimenta después, gracias a un amor improbable y repentino, cuando el destino la condena a morir pero le quita la posibilidad de elegir cuándo.
La torpe adaptación y el lenguaje gélido y escasamente riguroso de la directora Emily Young, que no consigue convertir a personajes que son puro cliché en seres humanos reconocibles, echan a perder cuanto podía haber de sustancia dramática en la historia. La pintura de los pacientes del lujoso establecimiento psiquiátrico donde casi todo transcurre responde a los estereotipos más arraigados. Poco puede hacer Sarah Michelle Gellar con un papel tan poco elaborado como el de la deprimida Verónika y mucho menos sus compañeros de elenco, entre quienes aparece -fugazmente, por fortuna-, la admirable Barbara Sukowa.
Fernando López
Ascética adaptación de la novela del brasilero Paulo Coelho , situada en Eslovenia y llevada a la pantalla grande en Japón en el 2005. La nueva versión, de la directora inglesa Emily Young, Verónika decide morir (Verónica decides to die, 2009) mueve la acción a Manhattan. Cien minutos de metraje es demasiado para esta simplona parábola sobr ... Leer más Ascética adaptación de la novela del brasilero Paulo Coelho , situada en Eslovenia y llevada a la pantalla grande en Japón en el 2005. La nueva versión, de la directora inglesa Emily Young, Verónika decide morir (Verónica decides to die, 2009) mueve la acción a Manhattan. Cien minutos de metraje es demasiado para esta simplona parábola sobre la “conciencia de vida”, exacerbada en sentimentalismo y magra de profundidad.
Desencantada con su vida y recetada con píldoras, Veronika Deklava llega una noche a su apartamento neoyorkino y decide emborracharse y tragárselas todas. El intento de suicidio resbala y despierta de un coma internada en un hospital psiquiátrico privado, donde le informan que a lo mejor le quedan algunos días de vida. No mucho, los suficientes para formar una trama compuesta por un lifting de personalidad, hallar el amor verdadero y aprender que la vida vale la pena vivirla.
Veronika (Sarah Michelle Gellar) es atendida por el Dr. Blake (David Thewlis), el capo di tutti capi del asilo. Los típicos locos de reservorio caminan descalzos aquí y allá. Uno de ellos es Edward (Jonathan Tucker). No habla, pero logra enamorar a la Gellar con sólo observarla fijamente bajo la lluvia, escena que dará falsas esperanzas a todos aquellos que alguna vez creímos que mirar fijamente a la chica que nos gusta es más romántico que perturbador.
Veronika frecuenta rabietas y epifanías poco creíbles. Es depresiva porque es depresiva, y cuando estalla en algún numerito con ínfulas filosóficas en las que diserta con su sufrido doctor acerca de la frívola sociedad posmoderna. Al principio, vuelca un monólogo en off describiendo su vida con amargura; al mismo tiempo se muestran escenas de su cotidianidad que sirven de implícitos.
La trama es lineal y la riegan todo tipo de lugares sensibleros y comunes, pero repentinamente se verá presa de saques oscuros o eróticos que quiebran tanto el soso tono del guión que resuena a gratuito. En otra película, con otro tipo de tono, ritmo o verosímil estas escenas serían bienvenidas, o por lo menos apropiadas; aquí parecen casi de explotación.
El premio consuelo son la blonda Gellar y Tucker, actores competentes, y el pro de David Thewlis, que intenta dar algo de altura a los ya mencionados aforismos. Nada más frustrante que un actor decente sucumbir bajo el peso del personaje de ficción que debe cargar. Intentos de subtramas fallan bajo el mismo principio.
Hay allí afuera 185.000 mujeres que apreciarán esta película (dice el afiche) y otros tantos que podrán mamar de la sabiduría de Coelho sin la molestia de leerlo. Alguien tendrá su epifanía en la sala, su reencuentro consigo mismo, una visión coral de luces y arpas, no cabe la menor duda. Pero no hará ello de Verónika decide morir una buena película.
Decir que la película Veronika decide morir es de carácter terapéutico no está necesariamente relacionado con el hecho de que su autor sea el gurú de la autoayuda Paulo Coelho. No, es algo mucho más concreto: es terapéutica porque se centra, entre otras cosas, en la relación entre una mujer y su psiquiatra en el marco de una clínica de reh ... Leer más Decir que la película Veronika decide morir es de carácter terapéutico no está necesariamente relacionado con el hecho de que su autor sea el gurú de la autoayuda Paulo Coelho. No, es algo mucho más concreto: es terapéutica porque se centra, entre otras cosas, en la relación entre una mujer y su psiquiatra en el marco de una clínica de rehabilitación mental.
Veronika (Sarah Michelle Gellar, la actriz de Buffy, la cazavampiros ) está deprimida. Imagina un futuro de vida clásica, si se quiere convencional (“me casaré, tendré un hijo, mi marido tendrá una amante, me separaré, etc.”), y ante esa perspectiva que supone terrible decide regresar a casa de su buen trabajo, poner música muy fuerte (Radiohead, de hecho), abrir un whisky, disponer de unas cuantas pastillas para dormir y empezar a combinarlas hasta que el cuerpo no dé para más.
Al otro dia alguien la encontrará tirada en su casa, la llevará a una clínica y lograrán salvarle la vida, algo que a Veronika no parece caerle en nada simpático. En la clínica de rehabilitación, reunida con dos psiquiatras, le dirán una noticia inesperada: si bien zafó del intento de suicídio, su cuerpo ha quedado muy debilitado y matrecho, y es probable que sólo tenga unas pocas semanas de vida.
Los pasos siguientes de Veronika tendrán que ver con continuar sus sesiones terapêuticas, con conocer a otros pacientes del lugar (se interesa particularmente en un joven callado), con enfrentar a sus padres inmigrantes y con empezar a vivir nuevas experiencias y confrontaciones que la llevan a hacerse un replanteo de su realidad.
Basada en el best seller de Coelho y dirigida por Emily Young, Veronika decide morir es la saga de una mujer que tiene que intentar encontrarse, redescubrirse, aunque le quede poco tiempo de vida y su futuro sea incierto. Para el filme –y para el espectador-, lo que pase después no importa mucho. Imaginable como filme “con mensaje”, lo que aquí tiene que quedar claro, palabras más, palabras menos, es algo similar a aquel “vale la pena estar vivo” de un viejo filme nacional.
Los buenos actores (Gellar, David Thewlis como su psiquiatra, y Florencia Lozano como otra especialista, más apariciones de Erika Christensen y Barbara Sukowa) hacen lo que pueden con un texto flojo (escrito por Larry Gross, de las míticas 48 horas y Calles de fuego ) y con situaciones y enfrentamientos predecibles.
Más allá de alguna sorpresa o vuelta de tuerca, todo el filme parece desarrollarse frente al espectador con la inevitabilidad de un texto aprendido de memoria. Sabemos –ella, ellos, nosotros- las lecciones de vida que el filme nos deparará al acercarse al final de su recorrido. El resto del tiempo uno, simplemente, irá viendo como el asunto avanza, sin pausa pero sin prisa, a un destino prefijado en varios manuales: los de autoayuda, sí, pero también los de guion, que muchas veces suelen ser bastante parecidos entre sí.
Está bien pero no termina de convencer.
Verónika decide morir es una adaptación de la novela best seller de Paulo Coelho. Es una muy buena historia que me dejó la sensación que no le explotaron a full el potencial que tenía.
Coelho en este caso ofrece una interesante reflexión sobre qué es lo “normal” y la locura en la sociedad que vi ... Leer más Está bien pero no termina de convencer.
Verónika decide morir es una adaptación de la novela best seller de Paulo Coelho. Es una muy buena historia que me dejó la sensación que no le explotaron a full el potencial que tenía.
Coelho en este caso ofrece una interesante reflexión sobre qué es lo “normal” y la locura en la sociedad que vivimos.
Desde su temática creo que la adaptación del libro estuvo mejor trabajada en la versión japonesa del 2005 que protagonizó la actriz coreana Lee Wan.
La versión norteamericana tiene sus puntos más flojos en el guión. De entrada se plantea la situación del suicidio y luego acompañamos a la protagonista en el hospital, pero nunca llegamos realmente a conocerla del todo.
Sufre el efecto Crepúsculo de ir a los pedos, donde los conflictos se desarrollan demasiado rápido. Al ser la historia tan intensa es como que ese enfoque termina por afectar al film, sobre todo en lo que se refiere al desarrollo de los personajes.
El director japonés Kei Horie me parece que trabajó mucho mejor este tema al igual que la relación entre Veronika y su doctor, que acá quedó relegada a un aspecto más secundario
De todas maneras el mensaje de la historia, más allá de estas falencias quedó dentro de todo plasmado.
Lo mejor es por lejos el trabajo de los actores, especialmente el de Sarah Michelle Gellar, quien brinda una de las mejores interpretaciones que tiene su filmografía. Acá demuestra que está para mucho más que las películas de terror y Scooby Doo.
Es una actriz subestimada que con un buen material tiene mucho para dar.
Lo mismo podemos decir de David Thewlis (el mago Lupin de Harry Potter) y Erica Christensen, quienes sobresalen en roles secundarios.
No es para nada una mala película, pero me quedo con la versión japonesa.
Veronika Decide Morir
"Buena (+)"
"Como siempre... el libro es mejor. No deja de ser una película rebuscada pero interesante."