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Sinopsis

Un director portugués contrata a un actor francés para una coproducción franco-portuguesa. El padre del actor francés era originario de Portugal, pero éste murió pronto quedándose con su madre francesa. Sin embargo, durante el rodaje el actor comienza a pensar en su padre fallecido.

Ficha técnica

Género Biográfico, Drama
Título Original Viagem ao Princípio do Mundo
Director Manoel de Oliveira
Protagonistas Marcello Mastroianni, Leonor Silveira, Jean-Yves Gautier
Año de producción 1997
Duración 95 minutos.
País Portugal · Portugal Francia
Calificación de la comunidad
(Basada en 14 personas)
Calificación de la prensa
(Basada en 1 críticos)
Ultima modificación littlemissunshine (Hace 8 anos)

Imágenes

Críticas de la prensa

La Nación - F. López (Argentina)

En un momento del film, casi sobre el final del viaje, Marcello Mastroianni camina ensimismado por las callecitas de un cementerio portugués. Su personaje -"un importante y viejo director" de regreso en su tierra- ha estado desandando el camino, cavilando sobre la juventud y la vejez, el paso del tiempo, la fugacidad de la vida y de los sentimient ... Leer más En un momento del film, casi sobre el final del viaje, Marcello Mastroianni camina ensimismado por las callecitas de un cementerio portugués. Su personaje -"un importante y viejo director" de regreso en su tierra- ha estado desandando el camino, cavilando sobre la juventud y la vejez, el paso del tiempo, la fugacidad de la vida y de los sentimientos. Ha ido reviviendo el pasado; acaso haciendo las paces con él y descubriendo cierta secreta armonía que sólo ahora se le revela y que no alcanza a disipar del todo su aprehensión ante la muerte.

Es inevitable que la tierna carga emotiva gane en intensidad. Este hombre encorvado que se apoya en un bastón y conserva la mirada transparente en el rostro demacrado representa a otro, a Manoel de Oliveira, el que está detrás de la cámara traduciendo en imágenes su íntimo estado de ánimo; pero es también él, Marcello, y está, ahora lo sabemos, ensayando su despedida.

"Viaje al principio del mundo" -quizá como todos los viajes por territorios en los que se ha vivido o se ha soñado vivir- está cargado de ecos, de resonancias. Cada estación del camino despierta en el viajero sentimientos dormidos, voces que creía olvidadas, emociones que ahora, cuando toda la vida ha quedado atrás -como va quedando la carretera en las imágenes tomadas desde el asiento trasero del auto-, cobran nuevo significado. Pero si se mira bien, y Oliveira invita a hacerlo con sus planos largos y su demorada observación de rostros o de escenarios-, cada uno hallará sus propios ecos, sus espejos, paralelos y simetrías.

También les sucede a sus personajes. El actor francés, que nunca estuvo antes en la tierra de su padre ni habla su lengua, cree reconocerse al final en Pedro Macau, esa figura tallada que alguien colocó a un costado del camino y que carga una viga sobre el hombro: un eterno tormento del que muchos son testigos pero nadie lo libera, como dice la estrofa anónima. También el padre, que una vez se marchó a buscar una vida mejor del otro lado de las montañas, llevaba un madero a cuestas, y ahora mismo hay otro hombre que ha ido tras la quimera -¿otro Pedro Macau?-, dejando a su mujer enlutada por la ausencia en ese rincón olvidado del mundo.
Mirar y escuchar

Hay más reflejos, más simetrías, más repeticiones, incluida la de muchas líneas de diálogo que deben traducirse -del portugués al francés, o viceversa-, porque así lo exigen las distintas lenguas de los personajes y porque quizá de ese modo Oliveira se detiene en las palabras con el mismo propósito con que se detiene en las imágenes: para que se oiga lo que no se había oído y se vea lo que antes no se vio. No importan las lenguas, importa la sangre, se subraya.

La historia, articulada en capítulos coincidentes con cada alto en el camino, es bien sencilla. Un actor francés quiere aprovechar su ocasional estada en Portugal, la tierra de su padre, para recorrer los lugares de los que tanto lo oyó hablar y para conocer a una vieja tía que permaneció en Alto do Teso, la aldea de sus orígenes. En el viaje lo acompañan el director de la película, viejo portugués en peregrinaje por los escenarios de su infancia y su adolescencia, y otros dos integrantes del elenco.

En la primera parte del viaje son los recuerdos del cineasta los que dominan y ocupan los largos diálogos del grupo en el automóvil. Se detienen junto al Miño para observar del otro lado el imponente colegio jesuita en el que Manoel vivió su niñez; pasan por antiguos poblados portugueses donde el turismo y el comercio han dejado sus marcas; encuentran a un costado de la ruta -tal como él lo recordaba- la estatua de Pedro Macau, mutilada por manos anónimas; en el Gran Hotel do Pezo, hoy un montón de muros descascarados que no albergan a otra cosa que la humedad, las enredaderas y la memoria del que vivió en ellas, las ruinas devuelven al corazón del que regresa el eco de la risa de una muchacha de la que estuvo enamorado o los quejidos febriles del enfermo de tifus.
Informe de situación

Después, es hora de ir en busca de los ancestros del actor, Afonso, de subir a la tierra escarpada y solitaria, donde una mujer hosca y con la noble belleza de los años altos mira con recelo a ese desconocido que se presenta como su sobrino y ni siquiera sabe hablar ni entender su lenguaje. En ese punto, una larga escena que conmueve por su verdad y su límpida humanidad, la tía y su marido reconocerán la inminente muerte de su modo de vida rural y sugerirán, aun con la sabiduría de su sencillez, un informe sobre el estado del mundo.

Hace falta haber vivido tanto como Oliveira y contar con su serena lucidez, su valentía y su sensibilidad para saber captar tantas resonancias y entregarlas, transfiguradas en la sencilla poesía de la emoción, sin subrayados redundantes ni pretenciosas construcciones intelectuales que les den sustento.

Con toda su aparente llaneza, este "Viaje al principio del mundo" está lejos de agotar sus contenidos en el estrecho margen de una crónica. Al cabo de la travesía y de la película, cuando está por comenzar el rodaje de ficción y empiezan a hacerse más visibles los lazos y las semejanzas, el film extiende su invitación al espectador. Parece, así, adherir a lo que el entrañable Marcello sugiere en sus largos silencios, o a lo que le ha aconsejado antes a un compañero de viaje: "Saca las conclusiones que quieras; yo no puedo decir más".

Fernando López

4.00
Muy Buena

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