Will es un arquitecto que está atravesando una crisis personal y familiar. Unos robos en su oficina de un barrio marginal de Londres lo llevan, buscando al ladrón de sus cosas, a descubrir que es un adolescente, y en su afán de conocerlo y atraparlo, conocerá a la madre del joven, con quien empe ... Leer más
Will es un arquitecto que está atravesando una crisis personal y familiar. Unos robos en su oficina de un barrio marginal de Londres lo llevan, buscando al ladrón de sus cosas, a descubrir que es un adolescente, y en su afán de conocerlo y atraparlo, conocerá a la madre del joven, con quien empezará un inesperado romance.
| Género | Drama, Romance, Suspenso |
|---|---|
| Título Original | Breaking and Entering |
| Director | Anthony Minghella |
| Protagonistas | Jude Law, Juliette Binoche, Robin Wright Penn, Martin Freeman, Ray Winstone |
| Año de producción | 2006 |
| Duración | 120 minutos. |
| MPAA rating | R - Restringido. Los chicos menores de 17 años deben estar acompañados por sus padres o por un adulto |
| Productor | Sydney Pollack |
| Guionista | Anthony Minghella |
| Música | Underworld, Gabriel Yared |
| País | Reino Unido · Estados Unidos |
| Calificación de la comunidad | ![]() Calificación media basada en 88 personas |
| Calificación de la prensa | ![]() Calificación media basada en 1 críticos |
| Ultima modificación | jev233 (Hace un año) |
Tras algunas adaptaciones prolijas y elegantes ( El paciente inglés , El talentoso señor Ripley ), Anthony Minghella vuelve a una historia propia y a su propia tierra, más exactamente al área londinense de King s Cross Station, en plena etapa de cambios, donde observa los choques que se producen entre culturas y entre clases diversas e inten ... Leer más Tras algunas adaptaciones prolijas y elegantes ( El paciente inglés , El talentoso señor Ripley ), Anthony Minghella vuelve a una historia propia y a su propia tierra, más exactamente al área londinense de King s Cross Station, en plena etapa de cambios, donde observa los choques que se producen entre culturas y entre clases diversas e intenta dar su diagnóstico sobre la actualidad social.
Para concretarlo en términos dramáticos, imagina una intrincada historia que puede responder a las necesidades de su discurso -y poner en discusión temas como la inmigración, la desigualdad social, la discriminación, la inequidad con que se distribuyen justicia y oportunidades, el adulterio, la depresión y hasta el autismo-, pero no logra disimular su construcción cerebral ni conformar una trama consistente.
Minghella parte de la premisa de que donde hay vida hay un film y que basta elegir un punto de vista y plantar una cámara para ver lo que sucede.
Lo que ve es un distrito en plena etapa de modernización: nuevas obras de urbanización crecen junto a los modestos barrios en que aún se mezclan la inmigración y la delincuencia. El hecho que pone en marcha la acción viene de la propia experiencia del director: su estudio en Londres fue desvalijado una docena de veces. En su ficción, los damnificados son dos jóvenes arquitectos ligados al plan de renovación, que han instalado su sofisticada oficina en la zona próxima a las obras. Sobre esta base, Minghella arma una historia en la que la lógica importa menos que su voluntad de abordar temas muy actuales, volcar sus opiniones (casi siempre bajo la forma del discurso) y mostrar su optimismo y su ánimo liberal, más allá de que su visión no resulte muy esclarecedora.
Simetrías
El citado saqueo al estudio tiende el puente entre dos familias que Minghella diseña con abundancia de simetrías. De un lado están el arquitecto y su pareja, una sueca de hielo que lo ha sacrificado todo -incluso su relación con él- por una hija adolescente que tuvo antes de conocerlo y que padece serias alteraciones nerviosas. Del otro, una viuda bosnia, refugiada política, que sueña con regresar a Sarajevo, se gana la vida cosiendo y sólo tiene ojos para su único hijo, que a los 15 años ya posee un abultado prontuario. Los dos jovencitos tienen raras dotes acrobáticas: la chica las ejercita compulsivamente día y noche; al muchacho le sirven para colarse en propiedades ajenas y huir de la policía.
Hay otras simetrías más o menos visibles, casi siempre destinadas a ilustrar los distintos conflictos de esta realidad multicultural, y varios personajes secundarios que aportan color al cuadro, desde una prostituta rumana de buen corazón y un policía compasivo hasta una negra empleada de limpieza que cita a Kafka y el democrático socio del estudio que se enamora de ella. La anécdota central, como puede presumirse, expone el vínculo amoroso que se establece entre el arquitecto y la viuda, pero la atención de Minghella está siempre más volcada a su borroso retrato sociocultural, en el que pone menos penetración que buenas intenciones.
Los personajes no carecen de interés y el realizador sabe cómo dotar de atractivos a su dispersa historia, pero el film tambalea por su muy módica dosis de emoción y se desploma por culpa de un desenlace tan complaciente como improbable. Un poco por su personaje y otro poco por su entrega, Juliette Binoche pone toda la vibración emotiva que les falta a Jude Law y Robin Wright Penn. Lo mejor, de todos modos, está entre los actores secundarios y en la pulcritud formal de Minghella, que esta vez parece haber asumido un compromiso que lo superó.
Fernando López


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